martes, 12 de noviembre de 2013

Realidad para los Griegos

LA REALIDAD EN LA FILOSOFÍA GRIEGA

Generalmente cuando se habla de cosas reales se hace referencia al conjunto de cosas estables que constituyen el mundo.  Pero a veces se formulan preguntas inquietantes.  Nos  preguntamos, por ejemplo, si las cosas son reales, a pesar de que continuamente percibimos sus cambios con nuestros sentidos.  Pues, ¿cómo puede ser real una cosa que cambia, si al transformarse ha dejado de ser lo que era?  Preguntas como esta pertenecen al terreno de la metafísica y ya los antiguos pensadores griegos se las habían planteado y habían intentado responderlas.

El Devenir

Heráclito creía que la realidad está en constante flujo, en un eterno cambio o devenir (devenir significa “llegar a ser”).  Lo único estable para él era el hecho de que todo cambia, tesis que expuso oscuramente cuando afirmó que el fuego era la naturaleza (physys) de las cosas.  Tal vez Heráclito utilizó la imagen del fuego para hablar del principio de las cosas o arjé, porque el fuego no es estable, causa y destruye cosas, está en constante cambio de forma y parece vivo.  También sostuvo Heráclito que el logos (la razón) cumple el mismo papel que el fuego como principio rector de toda la realidad.  Es posible que haya dicho esto, debido a que es nuestra razón la que se da cuenta del constante cambio de las cosas. 

Platón y Aristóteles notaron acertadamente que la teoría de Heráclito tenía serias complicaciones.  Señalaron que una defensa tan radical del movimiento imposibilitaba el conocimiento, ya que, al aceptar que todo cambia, ocurre que todo el posible, no hay nada que sea necesario y por tanto, la idea de una verdad estable y segura no tiene sentido.  Por ejemplo, si alguien dice: Matilde se bañó en el río Cesar el tres de junio, y luego dice: Matilde se bañó en el río Cesar el catorce de noviembre, en realidad no está diciendo nada, ya que, en razón del constante cambio de las cosas, la Matilde del catorce de noviembre no es la misma que la del tres de junio, y el río Cesar tampoco es el mismo.  Es decir, en ambos casos estamos hablando de cosas distintas: Matilde no es la misma en ambos momentos, pues es probable que, entre junio y noviembre, le haya crecido el cabello, le hayan compuesto un vallenato o se haya cambiado de sexo.  Otro tanto vale para el río Cesar, su agua nunca es la misma ya que está en constante flujo.  ¿A qué estamos haciendo referencia entonces con las palabras?  Según Heráclito, con las palabras no estamos significando nada, ya que no hay ninguna realidad que permanezca y que sirva de referente al lenguaje.  Una conclusión grave que se desprende de esta opinión es que el lenguaje no nos serviría para conocer el mundo.  Esto es serio, porque el conocimiento consiste en buena medida en discursos que describen la realidad, no hay entonces realidad para conocer. 

No todo puede ser verdad

Otra consecuencia que sacaron Platón y Aristóteles es que, si aceptamos la doctrina de Heráclito, cualquier cosa es verdad; y esto es lo mismo que decir que no hay ninguna verdad.  Si hay algo estable en la realidad, si existe un objeto de conocimiento que no dependa de circunstancias temporales, el conocimiento puede ser posible, como  conocimiento de objetos o conocimiento objetivo.  Si la realidad cambia constantemente, entonces no hay objetos, dando como resultado que nuestro conocimiento de la misma va a depender de nuestro punto de vista.  En este caso, lo que sea la “realidad” dependerá completamente de lo que yo opine o de lo que tú opines.  Si esto ocurre, todo punto de vista es correcto y al mismo tiempo todo punto de vista es incorrecto.  Si me parece que tal árbol es verde, y a otra persona le parece que es rojo, puesto que el árbol cambia, perfectamente las dos cosas podrían ser verdaderas ( y falsas) al mismo tiempo.  La distinción entre verdad y falsedad desaparecería.

El caso más grave es el de las contradicciones.  Puede que Homero es el autor de la Ilíada y que otra persona piense que Homero no es el autor de la Ilíada.  Pero no es posible que en la realidad Homero sea y no sea el autor de la Ilíada.  Según Heráclito, puesto que las cosas cambian constantemente, las cosas son y no son al mismo tiempo.  En este caso, nuestro ejemplo es correcto.  Pero desde el punto de vista lógico esto es inaceptable, pues una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y bajo la misma relación.  Si averiguamos la verdad, esto es, si conocemos la realidad, tendremos que optar por alguna de las dos opciones.  Pero los dos hechos, que son contradictorios, no pueden ocurrir al mismo tiempo. 

El ser inmutable

Veamos la posición de otro pensador griego.  Parménides fue el filósofo que entre los griegos cuestionó la posibilidad de que el movimiento sea real.  Los griegos entendían el movimiento no sólo como traslación o cambio de lugar sino también como transformación y cambio de naturaleza.  Parménides sostuvo que el movimiento, entendido en este sentido amplio, no es posible, porque la sola idea del movimiento implica que las cosas dejan de ser y que del no ser se puede originar el ser. Esta tesis de Parménides está inspirada probablemente en una confusión.  Lo que conocemos de su obra nos da a entender  que consideraba como lo mismo ser y existir.  Veamos un ejemplo: (1) el árbol es verde (2) el árbol no es verde.  Tanto (1) como (2)  son enunciados que pueden ser o verdaderos o falsos según sea el caso.  Si en un tiempo T1 el enunciado (1) es verdadero, tenemos que el enunciado (2) es falso, por ejemplo en la primavera.  Pero si en un tiempo T2, digamos en el otoño, el enunciado (1) es falso, tenemos que el enunciado (2) es verdadero.  Podemos decir que T1 se encuentra en el orden temporal antes que T2; en ese caso (1) es verdadero en un momento y después lo deja de ser y (2), que era falso en el primer momento, luego se convierte en verdadero.  El árbol en el tiempo, ha cambiado.  ¿Pero qué es lo que ha cambiado?  Parménides diría que no ha habido en realidad ningún cambio, sino que el cambio ha sido aparente, porque para él decir que “El árbol ya no es verde” sería como decir que “El árbol ha dejado de ser lo que es”  o que ha dejado de existir.  Tampoco se podría decir, según Parménides, que en T2: (3) El árbol es rojo, porque lo que no era (en T1) no puede comenzar a ser.  Para prácticamente ningún filósofo griego era concebible que de la nada (el no ser) se originara el ser.  Si algo es, es que se origina a partir de otra cosa que también es, pues no se entiende como de la ausencia de realidad (el no ser) se origine la presencia de realidad (el ser).

La solución de Aristóteles

Aristóteles dio una solución a este asunto.  Podemos decir que el enunciado (1) es verdadero en el tiempo T1 y que es falso en el tiempo T2 porque lo que ha cambiado no es el árbol como tal sino una característica del árbol, en este caso su color.  Sería absurdo decir que en el tiempo T2 el árbol no es árbol o ha dejado de ser árbol, pues en ese caso no seguiríamos hablando del árbol. En efecto, si decimos con verdad que en T2 (4) El árbol no es árbol, ya no estaos hablando de ningún árbol, pues estamos diciendo que el árbol ha dejado de existir en tanto que árbol.  Aristóteles sostenía que nada deja de existir del todo ni nada comienza a existir a partir de la nada.  Pero las cosas pueden cambiar, o mudando sus características (que se llaman “accidentes”), como el paso de (1) a (2) donde cambia el color del árbol pero el árbol no deja de ser árbol, o cambiando de forma cuando decimos por ejemplo, (5) El árbol fue talado, caso en el cual lo que era árbol ha dejado de serlo, pues al ser talado ha dejado de ser vivo.  Simplemente la materia que antes constituía el árbol permanece, pero con otra forma; madera.  Aristóteles resumió su solución proponiendo una clasificación de las diversas formas de predicar propiedades en una oración.  Esas formas se llaman “categorías” (del griego categorein, que significa predicar).  Esta clasificación que es lógica, al mismo tiempo es una clasificación ontológica (en otras palabras, una enumeración de las clases de cosas que componen nuestra descripción de las cosas):

Sustancia o entidad

Algo es sustancia si es sujeto de predicación y no se predica de otra cosa.  En nuestro ejemplo, el árbol es sustancia porque es sujeto lógico de los enunciados (1) y (2).  También es sustancia lo que permanece en T2 siendo árbol, aunque haya cambiado de color.  Además la sustancia es lo más real, pues no deja de ser, y propiamente hablando, es objeto de conocimiento, pues es estable en el tiempo.  Finalmente, la sustancia de un objeto es lo que se puede definir.  La definición dirá lo que es el objeto en cuanto tal, lo que es el objeto en sí.  Y lo que corresponde en la realidad del objeto en la definición de la sustancia es la esencia (ousia, en griego aquello que hace que una cosa sea lo que es).  La esencia para un objeto, para Aristóteles, en la forma del objeto.  Nuestro concepto (definición) de una cosa es nuestro conocimiento de la forma de ese objeto.  Propiamente hablando se podría decir que, en Aristóteles, la sustancia es la forma.

En términos lógicos, una definición de una sustancia (el enunciado de la esencia de una realidad) se expresa en un enunciado en el que los términos sujeto y predicado son intercambiables, significando cada término del enunciado la misma clase de objetos.  Por ejemplo, Todo ser humano es Ser animal racional es equivalente a Todo ser animal racional es Ser humano, donde queda evidente que Ser animal racional y Ser humano significarían lo mismo.  Si esta definición es correcta, no es posible decir bajo ninguna circunstancia: Ser humano no es Ser animal racional, pues estaríamos diciendo: Ser humano no es Ser humano, lo cual constituye una flagrante contradicción.  Esto no sucede con otros enunciados como: Todo Ser humano es Ser mortal, pues el enunciado correspondiente con los términos invertidos: Todo Ser mortal es Ser humano evidentemente no es verdadera.  Luego, la pro piedad (el predicado) de Ser Mortal no define (no da la naturaleza esencial) al Ser humano.

Accidente

Accidente es la propiedad que se predica de un sujeto (sustancia) pero que no es una propiedad esencial sino meramente posible.  Que sea posible quiere decir que puede ser o no ser, dependiendo del instante de tiempo considerado.  Si algo es necesario es que no puede no ser.  Por lo tanto, ningún accidente es necesario al objeto.  Por ejemplo, ¿Qué es necesario a un árbol?  Pues obviamente ser árbol o ser vivo.  ¿Qué no es necesario de un árbol?  Pues que sea verde, o grande, o liviano, o frondoso, o enfermo, etc. En el enunciado (1) la propiedad (predicado) de ser verde es accidental, pues puede suceder, como se muestra con el enunciado (2), que el mismo árbol deje de ser verde.  Si dejara de ser árbol (como en 4), pues ya no estaríamos hablando del árbol.  Pero si sigue siendo árbol, puede que cambie de color.  Así, “rojo” y “verde” y otros predicados similares son predicados accidentales.

Hay varios tipos de predicados accidentales.  Veamos unos casos. 
·         Accidente de cualidad: El árbol es rojo.
·         Accidente de cantidad: El árbol tiene 8 metros de altura.
·         Accidente de posición: El árbol está al lado de la casa.
·         Accidente de tiempo: El árbol es joven.
·         Accidente de relación: El árbol es del vecino.

Queda claro que para Aristóteles hay varios tipos de realidad.  Hay realidades más básicas o fundamentales, las sustancias, y otras secundarias, como las propiedades accidentales.  Mientras que Parménides veía la realidad como un todo inmutable y eterno en el que no cabía división; y mientras que para Heráclito toda la realidad se encontraba en constante mutación.  Aristóteles, en cambio, logró resolver en parte la dificultad elaborando una descripción de la realidad que daba cuenta de sus partes estables y de sus partes cambiantes, otorgándole sentido a nuestro lenguaje y posibilitando el conocimiento.

Bibliografía:
Tomado de: MONOGRAFIA, El problema de la realidad para los filósofos griegos. Filosofía 10º,  Editorial Santillana Siglo XXI (ARCHILA RUIZ, Leonardo y Otros), pág. 164 - 167; 2000.

Actividades:

1.    Con base en la información del texto, realice un comentario sobre el siguiente interrogante: ¿En qué se distingue la noción de sustancia de la de esencia?
2.    ¿Cuál es la razón por la cual para que algo sea real debe ser “estable”, o permanecer en el tiempo?
3.   La respuesta al interrogante 2º, enviarla al correo electrónico solo.informes.ita@gmail.com
4.    Fecha límite para la publicación de sus comentarios y el envío de sus correos: 28 de Noviembre/2013.



domingo, 7 de julio de 2013

Filosofía, Ciencia y otros saberes

FILOSOFÍA, CIENCIA Y OTRAS FORMAS DE SABER

EL ÁMBITO DEL SABER

La palabra saber se usa para describir una relación especial que puede tener un sujeto con cierta información (Por ejemplo, saber que Newton es el padre del cálculo diferencial) o con cierta actividad (p.ej., saber cómo tocar piano).  Usualmente la filosofía se centra en estudiar y saber cómo una relación que tienen los seres cognitivos con cierta información, más que como una habilidad o una capacidad práctica.

LAS FUENTES DEL SABER

Podemos distinguir entre dos problemas relativos al saber: su origen y su justificación.  El problema fundamental del origen del saber es si este tiene como única fuente la experiencia o si hay tipos de saber que podemos obtener de manera independiente de la experiencia.  La posición denominada empirismo, que tiene como uno de sus principales fundadores a John Locke (1632-1704), postula que todos los saberes de un ser cognitivo son obtenidos a través de su experiencia, es decir, mediante los cinco sentidos. El principal argumento en el que se apoya es en que es fácil trazar, para cada uno de nuestros saberes, una genealogía en la experiencia, tanto a lo concerniente a la posesión de los saberes como en lo relativo a su comprensión.  Por ejemplo, podemos decir que nuestra posesión del concepto azul depende de haber visto objetos de color azul, concepto que para un ciego sería difícil entender en el mismo sentido en que lo hacen los videntes.  Sin  embargo, el principal problema del empirismo es que parece funcionar muy bien con conceptos que pueden ser constatados directamente con los sentidos, como los colores y los sonidos, pero se enfrenta con dificultades al tratar de explicar nuestro saber de conceptos más abstractos, como el amor o la libertad.  Según la posición denominada innatismo, defendida por autores como Gottfried Leibniz (1646-1716) y René Descartes (1596-1650), es necesario que alguno de nuestros conceptos sean poseídos desde antes de nacer y, por ende, algunos de nuestros saberes tendrían como fuente el entendimiento mismo y no la experiencia.  Podemos considerar que hay saberes en los que la mente se sirve de sí misma para generarlos, como las operaciones lógicas.  También podemos decir que hay conceptos necesarios para poder tener experiencias y, por ende, no pueden ser dados por la experiencia sino que deben ser previos a ella.  Supongamos que las experiencias comunes son de objetos que tienen unas determinadas propiedades (por ejemplo, una silla que es roja).  Ahora, imaginemos a un bebé recién nacido que aún no ha tenido suficientes experiencias para comprender conceptos abstractos como objeto o propiedad y que está mirando una silla roja.  El innatista apelaría a que sería muy difícil postular a que el bebé puede percibir una silla como roja, cuando no tiene tales conceptos abstractos que le permitan ordenar su experiencia en términos de un objeto (silla) que tiene una propiedad roja.  De tal manera, el bebé percibe la silla como roja sólo porque posee los conceptos de objeto y de propiedad de manera innata.
LAS FORMAS DEL SABER

En torno a la justificación del saber, se plantean varias problemas y posturas: i) Saber Intuitivo.  Un saber intuitivo es un tipo de saber que un ser cognitivo reconoce como verdadero o falso de manera inmediata, es decir, sin necesidad de una demostración de ninguna clase.  Los ejemplos más discutidos de este tipo de saber son los principios lógicos, como la noción euclidiana de “una cosa es igual a sí misma”.  Aún si se concede la existencia de saberes intuitivos, existen muchas divergencias acerca de si estos son relativos a ciertas culturas o inclusive a ciertos individuos; ii) Saber Cultural, popular o convencional.  Supongamos que alguien tiene un dolor muy fuerte en alguna parte de su cuerpo.  Algún familiar puede sugerirle que tome infusiones de tallo de sauce y, al recibirlas, la persona presente un gran alivio.  También es posible que la persona busque el consejo de un médico naturista y que este le haga la misma recomendación, obteniendo los mismos resultados.  ¿Cuál es la diferencia entre el saber del familiar y el del médico?  Que el familiar no tiene ninguna explicación de su consejo más allá de que en efecto funciona, mientras que el médico puede apelar a ciertas propiedades del sauce para argumentar su efecto sobre el paciente.  Si bien no es intuitivo saber que el sauce sirve para calmar el dolor, esta utilidad hace parte de la cultura popular y se acepta como un saber sin mayor justificación; iii) Saber Científico.  El saber científico se justifica en la experiencia controlada mediante experimentos.  Retomando el ejemplo anterior, supongamos que alguien quiere justificar científicamente que el tallo de sauce sirve para calmar el dolor.  El hecho de que la experiencia nos muestre que en efecto sirve no es suficiente.  Es necesario comprobar, mediante estudios, que en efecto son las propiedades del sauce las que tienen un efecto sobre la dolencia del paciente y no otros elementos como la temperatura de la infusión.  Además, ese fenómeno debe ser consistente con oros principios generales a cerca del dolor; iv) Saber Filosófico.  La pregunta acerca de cuál es la naturaleza del saber filosófico es sumamente polémica, principalmente en nuestra época.  Tradicionalmente se ha considerado que el saber filosófico tiene una justificación de naturaleza lógica, es decir, una tesis filosófica se acepta o rechaza en virtud de los buenos o malos que sean los argumentos que la sustentan, siendo la lógica la disciplina encargada de discernir la calidad de ellos.  No obstante, desde hace algunos años, la filosofía experimental ha tomado alguna fuerza y actualmente se debate acerca del rol de los experimentos en las teorías filosóficas.

EL SABER CIENTÍFICO

LA CIENCIA.  La noción de ciencia ha estado muy ligada a la de filosofía.  En el mundo griego, ciencia era episteme, es decir, el tipo de conocimiento superior, el más elaborado.  Platón lo oponía a opinión (doxa), que era el conocimiento propio del mundo sensible, el de los objetos empíricos.  La  episteme era el conocimiento propio del mundo inteligible, eterno e inmutable.  Aristóteles, por su parte lo concebía como un tipo de conocimiento universal y necesario producido por deducción a partir de principios, y por ello no afectado por las imperfecciones del conocimiento puramente sensorial, limitado y contingente.  En la jerarquía de conocimientos que proponía, la episteme era el conocimiento previo al nivel supremo de conocimiento o sabiduría (Sofía).  Así, tanto la ciencia como la  filosofía eran tipos de conocimiento con pretensiones de universalidad, necesidad, inmutabilidad y eternidad.  La episteme tenía muy poco de nuestro actual concepto de ciencia, tan ligado a la indagación observacional y experimental de la naturaleza y de un carácter eminentemente hipotético y, por ello, revisable.  La noción moderna de ciencia se elabora en el Renacimiento, cuando se produce la llamada Revolución científica.  Es entonces cuando ciencia y filosofía se diferencian.  Y esto ocurre porque determinadas ciencias particulares, sobre todo algunas de las ciencias empíricas de la naturaleza, como la física y la astronomía, se organizan, determinan sus rasgos específicos y diseñan su propio método.  Los dos elementos que diferenciaron el saber científico del filosófico fueron la experiencia, entendida como experimentación, y la aplicación de las matemáticas  al estudio de la realidad.  Entendemos por experimento un conjunto de actividades convenientemente planificadas con ayuda de fórmulas matemáticas, con las que se pretende descubrir cómo se comportan las cosas.  El objetivo del conocimiento científico no es determinar qué son las cosas, sino cómo se comportan, y para ello no basta con observar qué sucede espontáneamente, sino que es preciso construir la experiencia, controlarla, de modo que muestre los aspectos que interesa conocer.

¿ES CIENCIA LA FILOSOFÍA?  Sólo podemos decir que la filosofía es ciencia si entendemos por ciencia un saber riguroso, capaz de ofrecernos la estructura fundamental de la realidad.  Sin embargo, si utilizamos la noción de ciencia moderna, los enunciados científicos no sólo han de formar parte de un saber riguroso, sino que han de poder verificarse o falsearse experimentalmente, cosa que no ocurre con los enunciados filosóficos.  Esto no significa que la filosofía no sea un saber racional y riguroso, sino que no es una ciencia tal como hoy la entendemos.  Saber y ciencia no se identifican: hay formas racionales de saber que no son ciencia, como es el caso de la filosofía.  Empeñarse en reducir todo saber racional al saber científico recibe el nombre de cientificismo.

TIPOS DE CIENCIAS.  A lo largo de la historia se han ofrecido diversas clasificaciones de las ciencias.  Esto obedece tanto a la pluralidad de criterios que pueden adoptarse para la clasificación como al hecho de que las ciencias son construcciones históricas.  Aunque la ciencia cobre independencia a partir del Renacimiento, cada ciencia particular ha seguido su propio proceso.  Por ejemplo, la sociología adquiere su autonomía a finales del siglo XIX y la sociobiología se desarrolla en XX.  Parece que una ciencia pasa a ser considerada como tal cuando delimita su objeto de estudio y, sobre todo, cuando propone su propio método.  Algunos autores consideran que el rasgo que caracteriza a una ciencia es fundamentalmente su método, entendiendo por método un modo de pensar o de actuar previamente planificado, ordenado y orientado  a la consecución de un fin.  Combinando los diversos tipos de métodos de las ciencias con los diferentes objetos que estudian, puede proponerse la siguiente clasificación:


Ciencias
Formales
Empíricas



Lógica
Matemáticas
Naturales
Sociales

Aritmética
Teoría de Conjuntos
Geometría
Álgebra
Físicas
Biológicas

Sociología
Psicología
Economía
Politología
Geografía Humana
Antropología
Historia
Sociobiología


Física
Química
Geología
Astronomía
Geografía Física

Biología
Fisiología
Anatomía
Botánica
Genética


LOS MÉTODOS DEL SABER CIENTÍFICO

Métodos de las Ciencias Formales.  Las ciencias formales no se refieren a hechos de la experiencia, sino a la forma de los razonamientos.  Se rigen por su propia coherencia interna pero tienen gran aplicación.  De hecho, Galileo quedó sorprendido al comprobar que el mundo real responde a los experimentos formulados con lenguaje matemático.  Y la lógica, al estudiar las reglas que rigen la forma correcta de razonar bien en el ámbito de cualquier tipo de saber.  Los dos modos de demostración más frecuentes en las ciencias son la deducción  y la  inducción.  La deducción se utiliza tanto en las ciencias formales como en las empíricas, pero las ciencias formales las usan como procedimiento casi exclusivo.  Entendemos por deducción el proceso de razonamiento que permite derivar de una o varias proposiciones dadas, llamadas premisas, otra, que es su consecuencia lógica necesaria y que se denomina conclusión.  Un ejemplo de sistema deductivo es el ajedrez.  El ideal metodológico de las ciencias formales es constituirse en un sistema axiomático, es decir, adoptar en su integridad la estructura deductiva.  Para ello, el sistema debe contar con los siguientes elementos: i) Axiomas, que son principios fundamentales indemostrables dentro del sistema.  Se seleccionan por su utilidad, su fecundidad, su implantación en la ciencia correspondiente o por su evidencia.  Por ejemplo, un axioma de la geometría euclidiana es “por un punto exterior a una recta sólo puede trazarse una paralela a ella”; ii) Reglas de formación y de transformación, que permiten extraer nuevos enunciados válidos para ampliar el sistema.  Por ejemplo, las reglas que se deben seguir para sumar; iii) Teoremas, que son los enunciados obtenidos deductivamente a partir de axiomas o de otros teoremas ya demostrados.  Un ejemplo sería el teorema de Pitágoras.  La estructura y el alcance de un sistema axiomático están determinados por sus axiomas.  De ahí que se haya construido geometrías alternativas a las convencionales, partiendo de otros axiomas diferentes, por ejemplo, las geometrías no euclídeas, en las que por un punto exterior a una recta se puede trazar más de una paralela.

Método de las Ciencias Naturales.  Así como las ciencias formales utilizan sobre todo el razonamiento deductivo, las ciencias naturales se han servido de la demostración inductiva.  Sin embargo, en ocasiones las ciencias naturales se valen tanto de procesos deductivos como inductivos para complementar su método, y lo llaman método hipotético-deductivo. 

Método Inductivo.  Se entiende por inducción un tipo de razonamiento en el que se obtiene una conclusión general a partir de una serie de casos singulares conocidos por experiencia y constatados empíricamente.  Hay dos tipos de inducción: completa e incompleta.  En la inducción completa, se parte del conocimiento individual de todos y cada uno de los casos que se dan dentro de un ámbito, mientras que la inducción completa se apoya en una serie de comprobaciones individuales, que no abarcan la totalidad de los casos posibles.  Por lo tanto, la conclusión no será necesariamente cierta, sino probable, y tal probabilidad dependerá de la cantidad de casos comprobados. 

Método Hipotético-Deductivo.  El método hipotético-deductivo se estructura en tres niveles: i) Enunciados protocolarios, que expresan fenómenos del mundo y son susceptibles de ser constatados empíricamente.  Son enunciados objetivos y comunicables unívocamente.  Por ejemplo: los bolígrafos suspendidos en el espacio gravitatorio caen; ii) Las Leyes, son enunciados universales que expresan el comportamiento o la relación que guardan unos determinados fenómenos de un modo regular e invariable.  Para que un enunciado universal pueda ser considerado como ley de la naturaleza, tiene que haber sido confirmado por la experiencia.  Un ejemplo clásico es la ley de la gravedad; iii) Las Teorías son enunciados universales de los que pueden deducirse todas las leyes de una ciencia particular.  Dan unidad a una ciencia y permiten hallar nuevas leyes.  Un ejemplo es la teoría de la relatividad.  Los pasos del método hipotético deductivo son: 1) se detecta, mediante observación y experimentación, un problema no resuelto por el saber del que se dispone; 2) se elaboran una o varias hipótesis explicativas del hecho observado o del problema detectado; 3) se formulan matemáticamente las hipótesis y se deducen las consecuencias contrastables por la experiencia.  Es un momento deductivo de la ciencia empírica; 4) se someten a contrastación (verificación y falsación)  las consecuencias, mediante la experimentación.  Una hipótesis es verdadera sólo cuando los hechos observados concuerdan con los hechos deducidos de la hipótesis (verificación).  Hay autores que prefieren hablar de corroboración y no de verificación porque, aunque la hipótesis concuerde con los hechos, de ella nunca se podrá decir que es verdadera, sino sólo que ha sido confirmada.  Al contrario, una hipótesis se refuta cuando los hechos con el mundo no concuerdan con los hechos deducidos de la hipótesis (falsación); 5) se acepta como Ley la hipótesis, es decir, adquiere validez general, aunque siempre conservará su carácter hipotético, después de haber sido comprobada en un cierto número de casos.

Establecidas varias leyes por este procedimiento, se intenta unificarlas mediante una teoría general de la que puedan derivarse deductivamente. Para ello se establece hipotéticamente la teoría, se elabora matemáticamente y se deducen nuevas leyes.  Si se logra verificarlas o confirmarlas,  se admite la validez de la teoría.  En el siglo XX, el filósofo Thomas Kuhn (1922-1996) le dio un nuevo significado a la comunidad científica, adoptando el término de paradigma científico.  Según Kuhn, un paradigma es aquél marco conceptual amplio en el que se integran algunas teorías científicas.  Estos paradigmas introducen supuestos compartidos, técnicas de identificación y resolución de problemas, reglas de aplicación, valores y creencias.  Es decir, cuando la comunidad científica acepta un paradigma quiere decir que los científicos lo han decidido de común acuerdo, a la luz de los criterios internos de la misma comunidad científica y de la situación histórica.  Según Kuhn, el más leve cambio en las creencias y los valores de un paradigma aceptado genera las llamadas revoluciones científicas. 

Método de las Ciencias Sociales.  El objeto de las ciencias sociales es la realidad social, lo que plantea una peculiar relación entre sujeto y objeto del conocimiento: el sujeto forma parte del objeto de estudio.  Este hecho confiere a las ciencias sociales las siguientes características propias: i) la capacidad de predicción es menos que en las ciencias naturales porque interviene la libertad del sujeto, del ser humano; ii) la capacidad de generalización es menor que en las ciencias naturales porque la diversidad de los eventos humanos es mucho mayor.  Incluso hay ciencias que no se ocupan de hechos generalizables, sino individuales, como la historia; iii) la neutralidad valorativa es imposible porque el investigador no es independiente de lo investigado.  Estas características llevan a un problema clásico: ¿ha de ser el método de estas ciencias del mismo tipo que el de las naturales?  La respuesta apunta hacia dos tradiciones diferentes: la empírico-analítica (perdigue la unidad de la ciencia y exige aplicar el método delas ciencias naturales a las ciencias sociales) y la hermenéutica (considera que las ciencias sociales tienen un estatus diferente y han de adoptar una metodología propia).  En todo caso, debido a la complejidad del objeto de estudio, dentro de las ciencias sociales no existe un único método, como sucede con las ciencias formales y las ciencias naturales.  Además, las hipótesis y las teorías de las ciencias sociales tampoco pueden ser refutadas a partir de un proceso lógico-deductivo, sino que se someten a debate, y en muchas ocasiones sin llegar a una única conclusión.   Habría así dos clases de enfoque metodológico: uno dirigido a la explicación y otro a la comprensión.  Explicar un fenómeno consiste en conocer las causas que lo producen.  Comprender un acontecimiento consiste en captar su sentido, para lo que es preciso hoy situarse dentro de los hechos.  Algunos autores analizan la noción de explicación comprensiva porque consideran que en ocasiones no es posible separar explicación y comprensión, pues la explicación facilita la comprensión y la comprensión demanda explicaciones de los fenómenos.  Las ciencias sociales utilizan dos técnicas para llevar a cabo sus estudios: Cuantitativa (es una técnica que se basa en las matemáticas para sacar resultados en cantidades que puedan ser mostrados estadísticamente –test, cuestionarios, muestreos, etc.-).  Cualitativa (es una técnica que busca recoger información que pueda permitir su valoración o cualificación –entrevistas, grupos de discusión, historias de vidas, etc.-).


EL SABER FILOSÓFICO

El origen de la Filosofía.  Es comúnmente aceptado que la filosofía occidental tiene su nacimiento en Grecia durante el siglo VI a. C.  Es también usual postular que la motivación principal para el nacimiento de la filosofía se encuentra en una creciente necesidad de encontrar explicaciones diferentes a las que ofrecían los mitos acerca del origen de las cosas.  Existen dos factores cruciales para que surgiera tal necesidad: El dinamismo comercial de Grecia, que hizo que a sus puertos llegaran personas de muchos lugares diferentes, lo que permitió que los griegos tuvieran conocimiento de explicaciones míticas pertenecientes a otras culturas.  Este factor causó que se empezaran a generar dudas acerca de si los mitos griegos eran correctos.  Asimismo, esto hizo que muchos filósofos presocráticos como Tales de Mileto, sintieran la necesidad de tener criterios para saber cuál de las explicaciones era correcta, independientemente de las aceptaciones culturales.  El desarrollo de la técnica y el crecimiento de la ciencia en Grecia hicieron que se empezara a preferir explicaciones basadas en la experiencia o en argumentos, superando las narraciones míticas.  En resumen, en Grecia hubo un clima propicio para buscar un tipo de explicación nuevo que fuera justificable más allá de la aceptación cultural y que, por ende, fuera aceptable de manera universal.  Este cambio en el pensamiento griego se denomina paso del mythos al lógos.

LA NATURALEZA DE LA FILOSOFÍA

1).  La filosofía como búsqueda de la verdad.  Tal vez el planteamiento filosófico de Sócrates (469 a. C.-399 a.C.) que más ha dado de qué hablar es su declaración de ignorancia, en la que afirma que la única cosa que sabe es que no sabe nada.  Sócrates concibe el ejercicio filosófico como una búsqueda del conocimiento.  El punto de partida del filósofo sería, entonces, ser consciente de su desconocimiento sobre las respuestas a las preguntas importantes acerca del mundo y su papel consistiría en intentar obtener tales respuestas.  Por lo tanto, podemos concebir la filosofía como un “caminar”   hacia la verdad y, en este camino, siempre será necesario volver críticamente sobre las respuestas que se han obtenido.  Según esta concepción, existen dos formas diferentes de entender la verdad como objetivo de la filosofía: la verdad sólo serviría como guía de todas nuestras actividades relacionadas con el saber pero, en principio, no es alcanzable y, por ende, solo podemos aspirar a acercarnos cada vez más a ella.  Se puede considerar que la verdad sí es alcanzable pero solo parcialmente, es decir, relativa a preguntas y problemas concretos.  Por ende, la búsqueda de la verdad será igualmente perpetua. 
2).  La filosofía como búsqueda de la felicidad.  Hay una concepción de la filosofía en la que el ideal que se busca no es la verdad sino la felicidad, entendiéndola, en sentido general, como la mejor forma de vivir, individual y comunitariamente.  Considerando que todos los hombres quieren ser felices, la pregunta central de esta concepción filosófica es qué han de hacer para serlo.  Tal concepción tuvo su auge con el epicureísmo, el estoicismo y el pirronismo.  Esta concepción de la filosofía está centrada en el ser humano y, si bien se ocupa de temas tradicionales como la epistemología, la lógica, la metafísica y la cosmología, todos esos estudios se realizan en tanto tienen algo que aportar a la comprensión de qué es un ser humano y, por ende, de cuál es la mejor manera que tiene él de llevar su vida.  Por ejemplo, los estoicos desarrollan toda una especie de metafísica determinista que postulaba que el hombre debía llevar una vía sin mayores preocupaciones, mientras todos los sucesos del universo sucedían según un orden causal que él no podía .  Otro ejemplo interesante es el del escepticismo pirrónico, que desarrolla unos argumentos lógicos y epistémicos que buscan demostrar que es imposible considerar una tesis como verdadera y, por lo tanto, el hombre debería llevar una vida alejada de las preocupaciones que produciría querer buscar la verdad.
3). La filosofía como búsqueda de la claridad.  Uno de los filósofos más influyentes del siglo pasado, Willard van Orman Quine (1908-2000), concebía el ejercicio filosófico como “aclarar, no defender”Desde este punto de vista, la filosofía debe encontrar el significado preciso de los términos y de las oraciones que usa para expresar tesis e ideas.  Según Quine, y los demás filósofos analíticos, la herramienta para tal tarea es el análisis lógico: no dejarse engañar por la gramática de las oraciones sino encontrar su estructura lógica.  La sentencia quineana entiende que la claridad acerca del significado de una tesis o de unas premisas es prioritaria sobre su utilización en un argumento.  Además, concibe que la búsqueda de la verdad es una empresa en la que la ciencia y la filosofía deben trabajar en conjunto, siendo el aporte de la filosofía poseer un lenguaje claro para expresar las teorías y, por ende, ponerlas a prueba de una manera más satisfactoria.  Parece innegable que la claridad en el significado juega un rol crucial en el discurso filosófico.  Por ejemplo, tomemos la oración los unicornios tienen un cuerno.  Si consideramos que el significado de esta oración se determina igual que el de una oración sujeto-predicado común, las implicaciones metafísicas serían muy grandes.  Una oración sujeto-predicado se caracteriza por afirmar o negar la propiedad de un objeto y, por lo tanto, supone la existencia de ese objeto.  Entonces, si la oración anterior se toma como sujeto-predicado, tendríamos que comprometernos con la idea de que los unicornios existen de alguna manera, así como que su verdad se determina buscando a los unicornios para ver si tienen un cuerno o no. Esto muestra que la manera de entender el significado va a tener consecuencias no solo en el sentido literal de una oración, sino en el tipo de cosas a las que implícitamente le atribuimos existencia.

LOS MÉTODOS DE LA FILOSOFIA

Para hablar de los métodos de la filosofía es necesario distinguir claramente entre método filosófico y teoría filosófica.  Un método filosófico es una manera particular de entender qué es un problema y una forma específica de solucionarlo.  En cambio, una teoría filosófica es un tipo de respuesta que se le da a un problema filosófico concreto.  Examinamos a continuación los métodos más importantes en filosofía:
1). Método Dialéctico.  La palabra dialéctica significa “diálogo o conversación”.  La dialéctica es un método filosófico en el que se ponen en diálogo las diferentes opiniones o tesis que pueden servir como respuesta a una pregunta filosófica.  A partir de un inventario de posibles posiciones hacia una pregunta, se analizan tanto los principales problemas  como las ventajas que tienen tales opciones y,  a través de ese análisis, se saca una conclusión que sirva como respuesta al problema.  En esta conclusión se intentan evitar los problemas detectados en las respuestas analizadas, así como rescatar los argumentos contundentes de ellas.  Platón (427 a. C.-348 a. C.) es posiblemente el filósofo que más utilizó este método, dado que lo convirtió en su estilo de escritura.  Utilizando a Sócrates como figura intermediaria, Platón redactó su pensamiento filosófico en forma de diálogos entre diversos personajes que representaban cada una de las posibles posiciones.  La dialéctica supone que los problemas filosóficos no pueden ser resueltos apelando a un experimento o a un solo argumento contundente, sino que necesitan de un análisis que abarque varios puntos de vista.  El problema fundamental de este método es que no se puede tener certeza de que el análisis de diferentes opiniones encamine hacia una solución correcta.
2). Método Trascendental.  En filosofía, el método trascendental fue propuesto por Immanuel Kant (1724-1804), principalmente en su obra Crítica de la razón pura.  El método trascendental no trata de indagar cuál es el origen de nuestro saber, sino de fundamentarlo, de dar razón de él.  Este método tampoco intenta explicar las propiedades y las características de los objetos estudiados, sino que supone una cierta naturaleza de un fenómeno para investigar cuáles son las condiciones que hace posible que podamos conocer determinados objetos.  Tomemos como ejemplo el caso de la experiencia.  El interés de Kant no es el de investigar si la experiencia se basa en objetos, en meras cualidades o si todo lo que experimentamos es simplemente una ilusión.  Él parte de nuestra concepción intuitiva de que tenemos experiencia de objetos y, dado que la experiencia se entiende como una relación entre la mente y el mundo, pasa a investigar cómo deben ser nuestra mente y el mundo para que tal experiencia pueda darse, es decir, indaga sobre las condiciones que hacen posible que la experiencia se dé efectivamente. 
3). Método Naturalista.  En tanto método filosófico, el naturalismo postula que no existe una diferencia de principio entre la filosofía y la ciencia natural porque tienen objetivos y métodos similares: ambos estudian fenómenos naturales.  De esta manera, los problemas filosóficos no se entienden como problemas con principios diferentes a los de la ciencia natural.  El ejemplo más claro de este tipo de metodología es la investigación sobre epistemología que hizo Quine en su artículo La naturalización de la epistemología, en el que propone que la epistemología no es una disciplina encargada de fundamentar el conocimiento, sino una parte de la ciencia natural, específicamente de la psicología, que explica cómo llegamos a tener conocimientos ordenados en teorías a partir de la estimulación de nuestro aparato sensorial.  De todas maneras, aspectos propiamente filosóficos en tales estudios, como es la preocupación por darle claridad conceptual a ciertas nociones claves. 
4). Método Hermenéutico.  La hermenéutica como método filosófico, cuyos principales autores son Hans-Georg Gadamer (1900-2002) y Martin Heidegger (1889-1976), se puede entender a partir de una distinción entre explicar y comprender: cuando hablamos de una explicación, nos referimos casi siempre a relaciones causales, y sobre todo a relaciones causales que se adecuan a ciertas regularidades que llamamos leyes.  El planteamiento principal de la hermenéutica es que hay al menos algunos fenómenos que no son estudiados satisfactoriamente desde ese punto de vista.  Por ejemplo, explicar un conjunto de acciones humanas como el holocausto nazi utilizando relaciones de causa-efecto no es suficiente y, en cambio, es necesario tener una comprensión de él que logre darle sentido.  Comprender algo es entenderlo e interpretarlo desde la propia experiencia subjetiva.
5). Método Analítico-Conceptual.  Según el análisis conceptual, cuyos principales defensores son Ludwig Wittgenstein (1889-1951) y Bertrand Russell (1872-1970), la mayor parte de los problemas filosóficos se plantean porque las expresiones filosóficas son imprecisas y dan lugar a confusiones.  Esta concepción afirma que el método de la filosofía debería estar encaminado al análisis de los conceptos que se usan en un discurso y el de la ciencia debería ser el de la explicación de los fenómenos de la naturaleza.  En términos generales, este método no está interesado en conocer la realidad ni en investigar las facultades del conocimiento, como lo hace el método trascendental, sino que concentra su interés en el lenguaje.  Por ejemplo, el norteamericano Michael Dummett   ha visto la necesidad de aclarar el significado de los términos utilizados en los discursos políticos de los radicalistas europeos en el siglo XX.  Las implicaciones de la afirmación de Hitler de “quien renuncia a luchar en un mundo cuya ley es una lucha constante, no merece vivir” solo se pueden advertir después de aclarar el significado bélico que le daban los nazis al término de lucha.

Bibliografía:
SANCHEZ LEÓN, María Cristina y ORDOÑEZ PINILLA, Camilo. Pensamiento Filosófico I, Editorial Santillana, 1ª Edición, 2012, páginas: 18-26.

Actividades:

1.    Responder:
ü  ¿Cuáles son las formas del saber?  Definirlas.

ü  ¿Cuáles son los tipos de ciencias?  ¿En qué se diferencian?

sábado, 25 de mayo de 2013

Método: camino para conocer


EL MÉTODO: CAMINO CORRECTO PARA CONOCER

La vida con su infinidad de problemas, se le presenta al ser humano como una tarea diaria por resolver.  En la medida en que supera dichos problemas, mejora y comprende su existencia.  Para dicha labor hace uso de su inteligencia como herramienta fundamental en el manejo y comprensión de las dificultades que se presentan en el transcurso de su vida.  A partir de la experiencia diaria y de la reflexión razonada, el ser humano logra establecer un sistema, un mecanismo que le permita superar los obstáculos.  De esta manera llega a elegir el camino más eficaz hacia el fin que se ha propuesto.  Todas las personas a través de la historia, en sus innumerables tareas, han marcado un progreso debido a la buena elección de un camino en la superación de sus problemas.  Como producto de este razonar por la búsqueda y encuentro de un camino se ha reconocido la necesidad del método.  El método como medio de superación, ayuda al ser humano a sacar el mayor rendimiento de sus facultades, ahorrándoles energía y tiempo.  De esta manera les libra de caer en errores y les permite garantizar su trabajo.  El método se convierte en una herramienta imprescindible en la vida diaria.  Por inteligente que sea un individuo, si no hace buen uso de esa facultad, es decir, si no la rige por un proceso, por una serie de pasos y fines propuestos, termina en el más grande desconcierto.  El método enseña a la persona a proceder en las actividades de la vida práctica.  El hábito de emplear la razón correctamente garantiza el encontrar soluciones rápidas y seguras en los problemas ordinarios de la vida. Se logra una vida libre  de esfuerzos en vano, con un trabajo sencillo y bien realizado y con la máxima seguridad de ser alguien bien ordenado en todo trabajo.

ORIGEN DEL MÉTODO

Al tratar de abordar la realidad y de adentrarnos en sus múltiples facetas, nos encontramos con diversos obstáculos a los cuales hemos llamado problemas.  Podemos encarar dichos problemas de diversas formas o desde diferentes ángulos.  Así, para resolver cada problema, se precisa de las herramientas necesarias, las cuales dependen del grado de dificultad que presenta el obstáculo a superar.  De lo anterior se desprende que el camino de solución depende de las características del problema que se nos presente.  Cada problema precisa un enfoque o perspectiva particular de aproximación, ante lo cual el sujeto afectado por él determina el camino que ha de seguir.  De aquí podemos deducir que es el problema o el obstáculo lo que motiva o da origen al método.

EL MÉTODO

La vía de acceso, o el camino que el sujeto determine seguir en la superación de un problema o en el conocimiento de la realidad es lo que denominamos método.  El método presupone un conjunto de pasos que unidos conforman un proceso.  Dicho proceso nos permite intervenir en la realidad, en el problema, alterándolo lo menos posible para poderlo conocer en sus condiciones naturales de existencia.  El método garantiza la realización de la tarea que nos hemos propuesto; a la vez abre y muestra otros múltiples caminos para la superación del problema, de los cuales antes no se tenía la menos idea.

LA REALIDAD Y SUS MÚLTIPLES FORMAS

Los seres son los elementos que componen o conforman nuestra realidad, ya sean de tipo natural, como un árbol, una persona, un perro, etc., o los de tipo ideal, es decir, aquellos que son producto de nuestra imaginación y que por esto no dejan de ser una realidad aunque sea psicológica.  Dichos seres en su totalidad determinan nuestro mundo.  Estos se nos presentan en diferentes formas y con múltiples facetas.  La diversidad de formas y estados es lo que origina los distintos campos de la ciencia y el saber en general.  Como ya se dijo, esta realidad tan diversa es la que determina el tipo de método que se ha de seguir.  Podemos deducir de ello que el método utilizado por la física para la superación y conocimiento de su objeto de estudio no es el mismo que utiliza la filosofía y el de ésta no es el mismo que utiliza la matemática ni la biología.  En resumen, toda ciencia nace en el momento en que determina un objeto exclusivo y particular de estudio.  Además, para poderse desarrollar como ciencia debe crear un método que le permita conocer su objeto particular de estudio; es decir, un método que se adecúe a la naturaleza propia de ese objeto.  Por tanto, cada disciplina está determinada por su objeto de estudio y su método.

CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL MÉTODO

Sea cual fuere la concepción del método que se tenga y la particularidad que este encierre, hay en todo método algo común: la posibilidad de que sea usado y aplicado por cualquiera.  Todo método debe cumplir con dos elementos fundamentales: rigor lógico y el empleo de razonamientos.  Se entiende por lo primero la existencia de normas claras y precisas libres de contradicción.  Por razonamientos se comprende la utilización de estas normas en un proceso de pensamiento ordenado, inductivo o deductivo.  Estos dos elementos fundamentales son los que determinan la base metodológica que tiene por fin consolidar o establecer la universalidad dentro de cualquier disciplina científica, y así conocer totalmente el objeto de estudio.  Por tanto, si el proceso metodológico no cuenta con el rigor lógico necesario dado por los razonamientos empleados y no cumple con el requisito de universalidad, el método no tiene sentido.

LOS PRIMEROS MÉTODOS

Siguiendo la historia de la filosofía nos encontramos con diversos métodos establecidos por los seres humanos en ese afán constante de encontrar la verdad; afán que ha sido característico en todas las épocas.  El primer pensador que se propuso consolidar un método con las características antes mencionadas fue Sócrates.  Tal método se conoce como La Mayéutica.  Sócrates manifestaba que su método era similar al arte de hacer parir a las mujeres, lo que en griego se decía “mayéutica”.  “Mi arte, mayéutica –dice Sócrates- tiene las mismas características generales que el arte de las comadronas.  Pero difiere de él en que hace parir a los hombres y no a las mujeres, y que vigila las almas, y no los cuerpos, en su trabajo de parto.  Lo mejor del arte que práctico es, sin embargo, que permite saber si lo que engendra la reflexión del joven es una apariencia engañosa o un fruto verdadero”.  Un parto asistido por Sócrates, no traería al mundo bebés, sino conocimientos y verdades.  El método socrático consistía en interrogar a las personas sobre sus propios conceptos, de tal manera que el interrogado se viera en la necesidad de definir claramente lo que entendía por el concepto expresado.  La mayéutica es más bien un método negativo, en el sentido de que impide a quien es interrogado usar conceptos cuyo significado no sea claro.  Más que llevar al alumno o alumna por el camino de la verdad, es impedirle que se pierda en el camino de las opiniones sin fundamento ni claridad.  Dicho conocimiento está determinado por la sinceridad con que se dieran las opiniones, porque de lo contrario sería llevarse a un auto engaño y justificar una sapiencia sobre bases irrisorias que, ante la menor pregunta, se desbaratarían.  En este método, la principal herramienta que entra en juego es la razón; bajo su luz la persona puede comprender y mediante sucesivos pasos clarificar o desvirtuar los conceptos que antes tenía.  Puesto que un buen final de la mayéutica era una definición clara.  Sócrates es considerado como el primer pensador en reconocer la importancia lógica y científica de la definición.  Platón, discípulo de Sócrates, trata también de encontrar un método en el cual se pueda acoger el ser humano en la búsqueda de la verdad.  Platón perfecciona el método instaurado por Sócrates (mayéutica) el cual retoma en sus grandes partes, pero lo convierte en lo que él llama dialéctica.  En sí el término originalmente se encuentra ligado con el vocablo “diálogo”.  En todo diálogo por lo menos encontramos dos personas que participan mutuamente sus conocimientos y sus experiencias confrontándolos para llegar a un aparente acuerdo.  En la dialéctica platónica, el proceso consiste en contraponer entre sí, opiniones divergentes, señalando de tal modo las contradicciones entre ellas contenidas.  En un segundo momento, se trata de superar esas contradicciones por medio de una idea de mayor generalidad y que cobija a ambas opiniones.  Y así hasta llegar a las ideas más universales.  Este método se fundamentaba en la idea de que el conocimiento sensible, expresado en las opiniones, estaba cargado de contradicciones en el diálogo, se superaba también el mundo sensible para llegar a un supuesto mundo de las ideas puras.  Gracias al genio aristotélico, contamos hoy con una disciplina que por su alcance y perfección metodológica, se constituyó en herramienta de vital importancia para el desarrollo filosófico y de la ciencia en general.  Aristóteles se preocupó por establecer una serie de leyes que permitieran exigirle rigor al pensamiento.  Es decir, buscar un instrumento racional en el que paso a paso se pudiera avanzar en la búsqueda de la verdad, sin el menor temor a cometer un error.  Dicho proceso apuntaba a constituirse en el verdadero método de la filosofía, permitiéndole a ésta asentar todos sus logros en un verdadero sistema.  El sistema estaría sustentando en los elementos propios de la lógica como son: el concepto, el razonamiento, el silogismo y sus formas y la definición. 

Con el paso del tiempo y con la evolución del pensamiento los métodos ocuparon un lugar central en las investigaciones humanas, pero ya no encaminadas a encontrar verdades filosóficas, sino científicas, cuando de la filosofía se desprendieron paulatinamente las diversas ciencias.  De esta división de la filosofía nacieron como disciplinas aparte: la física, la matemática, la psicología, la sociología, entre otras.  A partir de tal situación y, más precisamente a partir del renacimiento, el método cambió radicalmente en su esencia.  Si antes tenía un carácter discursivo, dialogado, en el cual la contraposición de opiniones y su posterior aclaración era el punto central, en el periodo renacimiento, el método va a recaer en el momento anterior a la discusión.  Es decir, si antes poseía una idea para poder discutir, lo que a partir del renacimiento va a importar es el modo o el medio en que el ser humano obtuvo esa primera idea y qué validez tiene dentro del conocimiento, como camino hacia la verdad.

Renato Descartes es quien inaugura en la filosofía un movimiento tendiente a esclarecer esa primera idea que en los métodos anteriores servía como base para el diálogo.  Se hizo la pregunta de si es posible un verdadero conocimiento, entendiendo por tal aquél del cual no podemos tener la menor duda por su claridad.  A partir de esto se establece la duda como herramienta; pone en duda todo cuanto existe.  De este constante dudar logra establecer que puede dudar de todo, menos de que duda.  Con esto descubre la idea de existencia, como la idea de la cual no se puede tener duda.  Descartes establece todo un sistema centrado en una serie de pasos en el cual se destaca fundamentalmente la duda como herramienta y la existencia como primera idea.   

Bibliografía:
VILLALBA ROMERO, Julio Cesar, DE LA PARRA, Francisco y GARCIA ORTIZ, Fabio.  Faro –Filosofía 10º-,  Editorial Voluntad, 1ª Edición, Santafé de Bogotá. Pág. 31-35, 1997.

Actividades:

1.    Con base en la información del texto, realice un comentario sobre el siguiente interrogante: ¿Qué relación tiene el hecho de que un método pueda ser utilizado por cualquiera, con los dos elementos fundamentales del método?
2.    ¿Cuál puede ser la diferencia entre la dialéctica y la mayéutica?
3.   La respuesta al interrogante 2º, enviarla al correo electrónico solo.informes.ita@gmail.com
4.   Fecha límite para la publicación de sus comentarios y el envío de sus correos: 14 de Junio/2013.