FILOSOFÍA, CIENCIA Y
OTRAS FORMAS DE SABER
EL ÁMBITO DEL SABER
La
palabra saber se usa para describir
una relación especial que puede tener un sujeto con cierta información (Por
ejemplo, saber que Newton es el padre del
cálculo diferencial) o con cierta actividad (p.ej., saber cómo tocar piano). Usualmente
la filosofía se centra en estudiar y saber cómo una relación que tienen los
seres cognitivos con cierta información, más que como una habilidad o una
capacidad práctica.
LAS FUENTES DEL SABER
Podemos
distinguir entre dos problemas relativos al saber: su origen y su justificación. El problema fundamental del origen del
saber es si este tiene como única fuente la experiencia o si hay tipos de saber
que podemos obtener de manera independiente de la experiencia. La posición denominada empirismo, que tiene como uno de sus principales fundadores a John
Locke (1632-1704), postula que todos los saberes de un ser cognitivo son
obtenidos a través de su experiencia, es
decir, mediante los cinco sentidos. El principal argumento en el que se apoya
es en que es fácil trazar, para cada uno de nuestros saberes, una genealogía en
la experiencia, tanto a lo concerniente a la posesión de los saberes como en lo
relativo a su comprensión. Por ejemplo,
podemos decir que nuestra posesión del concepto azul depende de haber visto objetos de color azul, concepto que
para un ciego sería difícil entender en el mismo sentido en que lo hacen los
videntes. Sin embargo, el principal problema del empirismo
es que parece funcionar muy bien con conceptos que pueden ser constatados
directamente con los sentidos, como los colores y los sonidos, pero se enfrenta
con dificultades al tratar de explicar nuestro saber de conceptos más
abstractos, como el amor o la libertad.
Según la posición denominada innatismo,
defendida por autores como Gottfried Leibniz (1646-1716) y René Descartes
(1596-1650), es necesario que alguno de nuestros conceptos sean poseídos desde
antes de nacer y, por ende, algunos de nuestros saberes tendrían como fuente el
entendimiento mismo y no la
experiencia. Podemos considerar que hay
saberes en los que la mente se sirve de sí misma para generarlos, como las
operaciones lógicas. También podemos
decir que hay conceptos necesarios para poder tener experiencias y, por ende,
no pueden ser dados por la experiencia sino que deben ser previos a ella. Supongamos que las experiencias comunes son
de objetos que tienen unas determinadas propiedades (por ejemplo, una silla que
es roja). Ahora, imaginemos a un bebé
recién nacido que aún no ha tenido suficientes experiencias para comprender
conceptos abstractos como objeto o
propiedad y que está mirando una silla roja. El innatista apelaría a que sería muy difícil
postular a que el bebé puede percibir una silla como roja, cuando no tiene
tales conceptos abstractos que le permitan ordenar su experiencia en términos
de un objeto (silla) que tiene una propiedad roja. De tal manera, el bebé percibe la silla como
roja sólo porque posee los conceptos de objeto
y de propiedad de manera innata.
LAS FORMAS DEL SABER
En
torno a la justificación del saber, se plantean varias problemas y posturas: i) Saber Intuitivo. Un saber intuitivo es un tipo de saber
que un ser cognitivo reconoce como verdadero o falso de manera inmediata, es
decir, sin necesidad de una demostración de ninguna clase. Los ejemplos más discutidos de este tipo de
saber son los principios lógicos, como la noción euclidiana de “una cosa es
igual a sí misma”. Aún si se concede la
existencia de saberes intuitivos, existen muchas divergencias acerca de si
estos son relativos a ciertas culturas o inclusive a ciertos individuos; ii) Saber Cultural, popular o
convencional. Supongamos que alguien
tiene un dolor muy fuerte en alguna parte de su cuerpo. Algún familiar puede sugerirle que tome
infusiones de tallo de sauce y, al recibirlas, la persona presente un gran
alivio. También es posible que la
persona busque el consejo de un médico naturista y que este le haga la misma
recomendación, obteniendo los mismos resultados. ¿Cuál es la diferencia entre el saber del
familiar y el del médico? Que el
familiar no tiene ninguna explicación de su consejo más allá de que en efecto
funciona, mientras que el médico puede apelar a ciertas propiedades del sauce
para argumentar su efecto sobre el paciente.
Si bien no es intuitivo saber que el sauce sirve para calmar el dolor,
esta utilidad hace parte de la cultura popular y se acepta como un saber sin
mayor justificación; iii) Saber
Científico. El saber científico se
justifica en la experiencia controlada mediante experimentos. Retomando el
ejemplo anterior, supongamos que alguien quiere justificar científicamente que
el tallo de sauce sirve para calmar el dolor.
El hecho de que la experiencia nos muestre que en efecto sirve no es
suficiente. Es necesario comprobar,
mediante estudios, que en efecto son las propiedades del sauce las que tienen
un efecto sobre la dolencia del paciente y no otros elementos como la
temperatura de la infusión. Además, ese
fenómeno debe ser consistente con oros principios generales a cerca del dolor; iv) Saber Filosófico. La pregunta acerca de cuál es la
naturaleza del saber filosófico es sumamente polémica, principalmente en
nuestra época. Tradicionalmente se ha
considerado que el saber filosófico tiene una justificación de naturaleza lógica,
es decir, una tesis filosófica se acepta o rechaza en virtud de los buenos
o malos que sean los argumentos que la sustentan, siendo la lógica la
disciplina encargada de discernir la calidad de ellos. No obstante, desde hace algunos años, la
filosofía experimental ha tomado alguna fuerza y actualmente se debate acerca
del rol de los experimentos en las teorías filosóficas.
EL SABER CIENTÍFICO
LA CIENCIA. La noción de ciencia ha estado muy ligada a
la de filosofía. En el mundo griego,
ciencia era episteme, es decir, el
tipo de conocimiento superior, el más elaborado. Platón lo oponía a opinión (doxa), que era el conocimiento propio del mundo sensible,
el de los objetos empíricos. La episteme
era el conocimiento propio del mundo inteligible, eterno e inmutable. Aristóteles, por su parte lo concebía como un
tipo de conocimiento universal y
necesario producido por deducción a partir de principios, y por ello no
afectado por las imperfecciones del conocimiento puramente sensorial, limitado
y contingente. En la jerarquía de
conocimientos que proponía, la episteme era
el conocimiento previo al nivel supremo de conocimiento o sabiduría (Sofía).
Así, tanto la ciencia como la filosofía eran tipos de conocimiento con
pretensiones de universalidad,
necesidad, inmutabilidad y eternidad. La
episteme tenía muy poco de nuestro
actual concepto de ciencia, tan ligado a la indagación observacional y
experimental de la naturaleza y de un carácter eminentemente hipotético y, por
ello, revisable. La noción moderna de ciencia
se elabora en el Renacimiento, cuando se produce la llamada Revolución científica. Es entonces cuando ciencia y filosofía se
diferencian. Y esto ocurre porque
determinadas ciencias particulares, sobre todo algunas de las ciencias
empíricas de la naturaleza, como la física y la astronomía, se organizan,
determinan sus rasgos específicos y diseñan su propio método. Los dos elementos que diferenciaron el saber
científico del filosófico fueron la experiencia, entendida como experimentación, y la aplicación de las
matemáticas al estudio de la realidad. Entendemos por experimento un conjunto de
actividades convenientemente planificadas con ayuda de fórmulas matemáticas,
con las que se pretende descubrir cómo se comportan las cosas. El objetivo del conocimiento científico no es
determinar qué son las cosas, sino cómo se comportan, y para ello no basta con
observar qué sucede espontáneamente, sino que es preciso construir la
experiencia, controlarla, de modo que muestre los aspectos que interesa conocer.
¿ES CIENCIA LA
FILOSOFÍA? Sólo podemos decir
que la filosofía es ciencia si entendemos por ciencia un saber riguroso, capaz
de ofrecernos la estructura fundamental de la realidad. Sin embargo, si utilizamos la noción de
ciencia moderna, los enunciados científicos no sólo han de formar parte de un
saber riguroso, sino que han de poder verificarse o falsearse
experimentalmente, cosa que no ocurre con los enunciados filosóficos. Esto no significa que la filosofía no sea un
saber racional y riguroso, sino que no es una ciencia tal como hoy la
entendemos. Saber y ciencia no se identifican: hay formas racionales de saber
que no son ciencia, como es el caso de la filosofía. Empeñarse en reducir todo saber racional al
saber científico recibe el nombre de cientificismo.
TIPOS DE CIENCIAS. A lo largo de la historia se han ofrecido
diversas clasificaciones de las ciencias.
Esto obedece tanto a la pluralidad de criterios que pueden adoptarse
para la clasificación como al hecho de que las ciencias son construcciones históricas. Aunque la ciencia cobre independencia a
partir del Renacimiento, cada ciencia particular ha seguido su propio
proceso. Por ejemplo, la sociología
adquiere su autonomía a finales del siglo XIX y la sociobiología se desarrolla
en XX. Parece que una ciencia pasa a ser
considerada como tal cuando delimita su objeto
de estudio y, sobre todo, cuando propone su propio método. Algunos
autores consideran que el rasgo que caracteriza a una ciencia es
fundamentalmente su método, entendiendo por método un modo de pensar o de
actuar previamente planificado, ordenado y orientado a la consecución de un fin. Combinando los diversos tipos de métodos de
las ciencias con los diferentes objetos que estudian, puede proponerse la
siguiente clasificación:
|
Ciencias
|
|
Formales
|
Empíricas
|
|
Lógica
|
Matemáticas
|
Naturales
|
Sociales
|
|
Aritmética
Teoría de Conjuntos
Geometría
Álgebra
|
Físicas
|
Biológicas
|
Sociología
Psicología
Economía
Politología
Geografía Humana
Antropología
Historia
Sociobiología
|
|
Física
Química
Geología
Astronomía
Geografía Física
|
Biología
Fisiología
Anatomía
Botánica
Genética
|
LOS MÉTODOS DEL SABER
CIENTÍFICO
Métodos de las Ciencias
Formales. Las ciencias formales no se refieren a
hechos de la experiencia, sino a la forma de los razonamientos. Se rigen por su propia coherencia interna
pero tienen gran aplicación. De hecho,
Galileo quedó sorprendido al comprobar que el mundo real responde a los
experimentos formulados con lenguaje matemático. Y la lógica, al estudiar las reglas que rigen
la forma correcta de razonar bien en el ámbito de cualquier tipo de saber. Los dos modos de demostración más frecuentes
en las ciencias son la deducción y la inducción.
La deducción se utiliza tanto en las ciencias formales como en las
empíricas, pero las ciencias formales las usan como procedimiento casi
exclusivo. Entendemos por deducción el
proceso de razonamiento que permite derivar de una o varias proposiciones
dadas, llamadas premisas, otra, que
es su consecuencia lógica necesaria y que se denomina conclusión. Un ejemplo de
sistema deductivo es el ajedrez. El
ideal metodológico de las ciencias formales es constituirse en un sistema axiomático, es decir, adoptar
en su integridad la estructura deductiva.
Para ello, el sistema debe contar con los siguientes elementos: i) Axiomas, que son principios
fundamentales indemostrables dentro del sistema. Se seleccionan por su utilidad, su
fecundidad, su implantación en la ciencia correspondiente o por su
evidencia. Por ejemplo, un axioma de la
geometría euclidiana es “por un punto exterior a una recta sólo puede trazarse
una paralela a ella”; ii) Reglas de
formación y de transformación, que permiten extraer nuevos enunciados válidos
para ampliar el sistema. Por ejemplo,
las reglas que se deben seguir para sumar; iii)
Teoremas, que son los enunciados obtenidos deductivamente a partir de
axiomas o de otros teoremas ya demostrados.
Un ejemplo sería el teorema de Pitágoras. La estructura y el alcance de un sistema
axiomático están determinados por sus axiomas.
De ahí que se haya construido geometrías alternativas a las
convencionales, partiendo de otros axiomas diferentes, por ejemplo, las
geometrías no euclídeas, en las que por un punto exterior a una recta se puede
trazar más de una paralela.
Método de las Ciencias
Naturales. Así como las ciencias
formales utilizan sobre todo el razonamiento deductivo, las ciencias naturales
se han servido de la demostración
inductiva. Sin embargo, en ocasiones
las ciencias naturales se valen tanto de procesos deductivos como inductivos
para complementar su método, y lo llaman método
hipotético-deductivo.
Método Inductivo. Se entiende por inducción un tipo de razonamiento en el que se obtiene una
conclusión general a partir de una serie de casos singulares conocidos por
experiencia y constatados empíricamente.
Hay dos tipos de inducción: completa e incompleta. En la inducción
completa, se parte del conocimiento individual de todos y cada uno de los
casos que se dan dentro de un ámbito, mientras que la inducción completa se apoya en una serie de comprobaciones
individuales, que no abarcan la totalidad de los casos posibles. Por lo tanto, la conclusión no será
necesariamente cierta, sino probable, y tal probabilidad dependerá de la
cantidad de casos comprobados.
Método
Hipotético-Deductivo. El método
hipotético-deductivo se estructura en tres niveles: i) Enunciados protocolarios, que expresan fenómenos del mundo y son
susceptibles de ser constatados empíricamente.
Son enunciados objetivos y comunicables unívocamente. Por ejemplo: los bolígrafos suspendidos en el espacio gravitatorio caen; ii) Las Leyes, son enunciados
universales que expresan el comportamiento o la relación que guardan unos
determinados fenómenos de un modo regular e invariable. Para que un enunciado universal pueda ser
considerado como ley de la naturaleza, tiene que haber sido confirmado por la
experiencia. Un ejemplo clásico es la
ley de la gravedad; iii) Las Teorías son
enunciados universales de los que pueden deducirse todas las leyes de una
ciencia particular. Dan unidad a una
ciencia y permiten hallar nuevas leyes.
Un ejemplo es la teoría de la relatividad. Los pasos del método hipotético deductivo
son: 1) se detecta, mediante observación y experimentación, un
problema no resuelto por el saber del que se dispone; 2) se elaboran una o varias hipótesis
explicativas del hecho observado o del problema detectado; 3) se formulan matemáticamente las hipótesis y se deducen las consecuencias
contrastables por la experiencia. Es un
momento deductivo de la ciencia empírica; 4)
se someten a contrastación (verificación
y falsación) las consecuencias, mediante la experimentación. Una hipótesis es verdadera sólo cuando los
hechos observados concuerdan con los hechos deducidos de la hipótesis (verificación). Hay autores que prefieren hablar de corroboración y no de verificación
porque, aunque la hipótesis concuerde con los hechos, de ella nunca se podrá
decir que es verdadera, sino sólo que ha sido confirmada. Al contrario, una hipótesis se refuta cuando
los hechos con el mundo no concuerdan con los hechos deducidos de la hipótesis
(falsación); 5) se acepta como Ley la
hipótesis, es decir, adquiere validez general, aunque siempre conservará su
carácter hipotético, después de haber sido comprobada en un cierto número de
casos.
Establecidas
varias leyes por este procedimiento, se intenta unificarlas mediante una teoría
general de la que puedan derivarse deductivamente. Para ello se establece
hipotéticamente la teoría, se elabora matemáticamente y se deducen nuevas
leyes. Si se logra verificarlas o
confirmarlas, se admite la validez de la
teoría. En el siglo XX, el filósofo Thomas
Kuhn (1922-1996) le dio un nuevo significado a la comunidad científica,
adoptando el término de paradigma
científico. Según Kuhn, un paradigma
es aquél marco conceptual amplio en el que se integran algunas teorías
científicas. Estos paradigmas introducen
supuestos compartidos, técnicas de identificación y resolución de problemas,
reglas de aplicación, valores y creencias.
Es decir, cuando la comunidad científica acepta un paradigma quiere
decir que los científicos lo han decidido de común acuerdo, a la luz de los criterios internos de la misma
comunidad científica y de la situación histórica. Según Kuhn, el más leve cambio en las
creencias y los valores de un paradigma aceptado genera las llamadas revoluciones científicas.
Método de las Ciencias
Sociales. El objeto de las
ciencias sociales es la realidad social,
lo que plantea una peculiar relación entre sujeto y objeto del conocimiento: el
sujeto forma parte del objeto de estudio.
Este hecho confiere a las ciencias sociales las siguientes características
propias: i) la capacidad de
predicción es menos que en las ciencias naturales porque interviene la libertad
del sujeto, del ser humano; ii) la
capacidad de generalización es menor que en las ciencias naturales porque la
diversidad de los eventos humanos es mucho mayor. Incluso hay ciencias que no se ocupan de
hechos generalizables, sino individuales, como la historia; iii) la neutralidad valorativa es
imposible porque el investigador no es independiente de lo investigado. Estas características llevan a un problema
clásico: ¿ha de ser el método de estas ciencias del mismo tipo que el de las
naturales? La respuesta apunta hacia dos
tradiciones diferentes: la empírico-analítica
(perdigue la unidad de la ciencia y exige aplicar el método delas ciencias
naturales a las ciencias sociales) y la hermenéutica
(considera que las ciencias sociales tienen un estatus diferente y han de
adoptar una metodología propia). En todo
caso, debido a la complejidad del objeto de estudio, dentro de las ciencias
sociales no existe un único método, como sucede con las ciencias formales y las
ciencias naturales. Además, las
hipótesis y las teorías de las ciencias sociales tampoco pueden ser refutadas a
partir de un proceso lógico-deductivo, sino que se someten a debate, y en
muchas ocasiones sin llegar a una única conclusión. Habría así dos clases de enfoque
metodológico: uno dirigido a la explicación y otro a la comprensión. Explicar
un fenómeno consiste en conocer las causas que lo producen. Comprender
un acontecimiento consiste en captar su sentido, para lo que es preciso hoy
situarse dentro de los hechos. Algunos
autores analizan la noción de explicación
comprensiva porque consideran que en ocasiones no es posible separar
explicación y comprensión, pues la explicación facilita la comprensión y la
comprensión demanda explicaciones de los fenómenos. Las ciencias sociales utilizan dos técnicas
para llevar a cabo sus estudios: Cuantitativa
(es una técnica que se basa en las matemáticas para sacar resultados en
cantidades que puedan ser mostrados estadísticamente –test, cuestionarios,
muestreos, etc.-). Cualitativa (es una técnica que busca recoger información que pueda
permitir su valoración o cualificación –entrevistas, grupos de discusión,
historias de vidas, etc.-).
EL SABER FILOSÓFICO
El origen de la
Filosofía. Es comúnmente
aceptado que la filosofía occidental tiene su nacimiento en Grecia durante el siglo VI a. C. Es también usual postular que la motivación
principal para el nacimiento de la filosofía se encuentra en una creciente
necesidad de encontrar explicaciones diferentes a las que ofrecían los mitos
acerca del origen de las cosas. Existen
dos factores cruciales para que surgiera tal necesidad: El dinamismo comercial de Grecia, que hizo que a sus puertos
llegaran personas de muchos lugares diferentes, lo que permitió que los griegos
tuvieran conocimiento de explicaciones míticas pertenecientes a otras
culturas. Este factor causó que se
empezaran a generar dudas acerca de si los mitos griegos eran correctos. Asimismo, esto hizo que muchos filósofos
presocráticos como Tales de Mileto, sintieran la necesidad de tener criterios
para saber cuál de las explicaciones era correcta, independientemente de las
aceptaciones culturales. El desarrollo
de la técnica y el crecimiento de la
ciencia en Grecia hicieron que se empezara a preferir explicaciones basadas
en la experiencia o en argumentos, superando
las narraciones míticas. En resumen, en
Grecia hubo un clima propicio para buscar un tipo de explicación nuevo que
fuera justificable más allá de la aceptación cultural y que, por ende, fuera
aceptable de manera universal. Este cambio en el pensamiento griego se
denomina paso del mythos al lógos.
LA NATURALEZA DE LA
FILOSOFÍA
1). La filosofía como búsqueda de la verdad. Tal vez el planteamiento filosófico de
Sócrates (469 a. C.-399 a.C.) que más ha dado de qué hablar es su declaración de ignorancia, en la que
afirma que la única cosa que sabe es que no sabe nada. Sócrates concibe el ejercicio filosófico como
una búsqueda del conocimiento. El punto
de partida del filósofo sería, entonces, ser consciente de su desconocimiento
sobre las respuestas a las preguntas importantes acerca del mundo y su papel
consistiría en intentar obtener tales respuestas. Por lo tanto, podemos concebir la filosofía
como un “caminar” hacia la verdad y, en este camino, siempre será
necesario volver críticamente sobre
las respuestas que se han obtenido.
Según esta concepción, existen dos formas diferentes de entender la
verdad como objetivo de la filosofía: la verdad sólo serviría como guía de
todas nuestras actividades relacionadas con el saber pero, en principio, no es
alcanzable y, por ende, solo podemos aspirar a acercarnos cada vez más a
ella. Se puede considerar que la verdad
sí es alcanzable pero solo parcialmente, es decir, relativa a preguntas y
problemas concretos. Por ende, la
búsqueda de la verdad será igualmente perpetua.
2). La filosofía como búsqueda de la felicidad. Hay una concepción de la filosofía en la que
el ideal que se busca no es la verdad sino la felicidad, entendiéndola, en sentido general, como la mejor forma de vivir, individual y
comunitariamente. Considerando que todos
los hombres quieren ser felices, la pregunta central de esta concepción
filosófica es qué han de hacer para
serlo. Tal concepción tuvo su auge con
el epicureísmo, el estoicismo y el pirronismo.
Esta concepción de la filosofía está centrada en el ser humano y, si
bien se ocupa de temas tradicionales como la epistemología, la lógica, la
metafísica y la cosmología, todos esos estudios se realizan en tanto tienen
algo que aportar a la comprensión de qué es un ser humano y, por ende, de cuál
es la mejor manera que tiene él de llevar su vida. Por ejemplo, los estoicos desarrollan toda
una especie de metafísica determinista que postulaba que el hombre debía llevar
una vía sin mayores preocupaciones, mientras todos los sucesos del universo
sucedían según un orden causal que él no podía . Otro ejemplo interesante es el del
escepticismo pirrónico, que desarrolla unos argumentos lógicos y epistémicos
que buscan demostrar que es imposible considerar una tesis como verdadera y,
por lo tanto, el hombre debería llevar una vida alejada de las preocupaciones
que produciría querer buscar la verdad.
3). La filosofía como
búsqueda de la claridad. Uno de los filósofos
más influyentes del siglo pasado, Willard van Orman Quine (1908-2000), concebía
el ejercicio filosófico como “aclarar, no defender”. Desde este punto de vista,
la filosofía debe encontrar el significado
preciso de los términos y de las oraciones que usa para expresar tesis e
ideas. Según Quine, y los demás
filósofos analíticos, la herramienta para tal tarea es el análisis lógico: no dejarse engañar por la gramática de las
oraciones sino encontrar su estructura lógica.
La sentencia quineana entiende que la claridad acerca del significado de
una tesis o de unas premisas es prioritaria sobre su utilización en un
argumento. Además, concibe que la
búsqueda de la verdad es una empresa en la que la ciencia y la filosofía deben
trabajar en conjunto, siendo el aporte de la filosofía poseer un lenguaje claro
para expresar las teorías y, por ende, ponerlas a prueba de una manera más
satisfactoria. Parece innegable que la
claridad en el significado juega un rol crucial en el discurso filosófico. Por ejemplo, tomemos la oración los unicornios tienen un cuerno. Si consideramos que el significado de
esta oración se determina igual que el de una oración sujeto-predicado común,
las implicaciones metafísicas serían muy grandes. Una oración sujeto-predicado se caracteriza
por afirmar o negar la propiedad de un objeto y, por lo tanto, supone la
existencia de ese objeto. Entonces, si
la oración anterior se toma como sujeto-predicado, tendríamos que
comprometernos con la idea de que los unicornios existen de alguna manera, así
como que su verdad se determina buscando a los unicornios para ver si tienen un
cuerno o no. Esto muestra que la manera de entender el significado va a tener
consecuencias no solo en el sentido literal de una oración, sino en el tipo de
cosas a las que implícitamente le atribuimos existencia.
LOS MÉTODOS DE LA
FILOSOFIA
Para
hablar de los métodos de la filosofía es necesario distinguir claramente entre método filosófico y teoría filosófica. Un método filosófico es una manera
particular de entender qué es un problema y una forma específica de
solucionarlo. En cambio, una teoría
filosófica es un tipo de respuesta que se le da a un problema filosófico
concreto. Examinamos a continuación los
métodos más importantes en filosofía:
1). Método
Dialéctico. La palabra dialéctica significa “diálogo o conversación”. La dialéctica es un método filosófico en
el que se ponen en diálogo las diferentes opiniones o tesis que pueden servir
como respuesta a una pregunta filosófica.
A partir de un inventario de posibles posiciones hacia una pregunta, se
analizan tanto los principales problemas como las ventajas que tienen tales opciones
y, a través de ese análisis, se saca una
conclusión que sirva como respuesta al problema. En esta conclusión se intentan evitar los
problemas detectados en las respuestas analizadas, así como rescatar los
argumentos contundentes de ellas. Platón
(427 a. C.-348 a. C.) es posiblemente el filósofo que más utilizó este método,
dado que lo convirtió en su estilo de escritura. Utilizando a Sócrates como figura
intermediaria, Platón redactó su pensamiento filosófico en forma de diálogos
entre diversos personajes que representaban cada una de las posibles
posiciones. La dialéctica supone que los
problemas filosóficos no pueden ser resueltos apelando a un experimento o a un
solo argumento contundente, sino que necesitan de un análisis que abarque
varios puntos de vista. El problema
fundamental de este método es que no se puede tener certeza de que el análisis
de diferentes opiniones encamine hacia una solución correcta.
2). Método
Trascendental. En filosofía, el método trascendental fue propuesto por
Immanuel Kant (1724-1804), principalmente en su obra Crítica de la razón pura. El
método trascendental no trata de indagar cuál es el origen de nuestro saber,
sino de fundamentarlo, de dar razón
de él. Este método tampoco intenta
explicar las propiedades y las características de los objetos estudiados, sino
que supone una cierta naturaleza de un fenómeno para investigar cuáles son las condiciones que hace posible que
podamos conocer determinados objetos.
Tomemos como ejemplo el caso de la experiencia. El interés de Kant no es el de investigar si
la experiencia se basa en objetos, en meras cualidades o si todo lo que
experimentamos es simplemente una ilusión.
Él parte de nuestra concepción intuitiva de que tenemos experiencia de
objetos y, dado que la experiencia se entiende como una relación entre la mente
y el mundo, pasa a investigar cómo deben ser nuestra mente y el mundo para que
tal experiencia pueda darse, es decir, indaga sobre las condiciones que hacen
posible que la experiencia se dé efectivamente.
3). Método
Naturalista. En tanto método
filosófico, el naturalismo postula que no existe una diferencia de principio
entre la filosofía y la ciencia natural porque tienen objetivos y métodos
similares: ambos estudian fenómenos naturales. De esta manera, los problemas filosóficos
no se entienden como problemas con principios diferentes a los de la ciencia
natural. El ejemplo más claro de este
tipo de metodología es la investigación sobre epistemología que hizo Quine en
su artículo La naturalización de la
epistemología, en el que propone que la epistemología no es una disciplina
encargada de fundamentar el conocimiento, sino una parte de la ciencia natural,
específicamente de la psicología, que explica cómo llegamos a tener conocimientos
ordenados en teorías a partir de la estimulación de nuestro aparato sensorial. De todas maneras, aspectos propiamente
filosóficos en tales estudios, como es la preocupación por darle claridad
conceptual a ciertas nociones claves.
4). Método Hermenéutico. La hermenéutica como método filosófico, cuyos
principales autores son Hans-Georg Gadamer (1900-2002) y Martin Heidegger
(1889-1976), se puede entender a partir de una distinción entre explicar y comprender: cuando hablamos
de una explicación, nos referimos casi siempre a relaciones causales, y sobre
todo a relaciones causales que se adecuan a ciertas regularidades que llamamos
leyes. El planteamiento principal de la hermenéutica
es que hay al menos algunos fenómenos que no son estudiados satisfactoriamente
desde ese punto de vista. Por ejemplo,
explicar un conjunto de acciones humanas como el holocausto nazi utilizando
relaciones de causa-efecto no es suficiente y, en cambio, es necesario tener
una comprensión de él que logre
darle sentido. Comprender algo es
entenderlo e interpretarlo desde la propia experiencia subjetiva.
5). Método
Analítico-Conceptual. Según el análisis
conceptual, cuyos principales defensores son Ludwig Wittgenstein (1889-1951) y
Bertrand Russell (1872-1970), la mayor parte de los problemas filosóficos se
plantean porque las expresiones filosóficas son imprecisas y dan lugar a
confusiones. Esta concepción afirma que
el método de la filosofía debería estar encaminado al análisis de los conceptos
que se usan en un discurso y el de la ciencia debería ser el de la explicación
de los fenómenos de la naturaleza. En
términos generales, este método no está interesado en conocer la realidad ni en
investigar las facultades del conocimiento, como lo hace el método
trascendental, sino que concentra su interés en el lenguaje. Por ejemplo, el
norteamericano Michael Dummett ha visto la necesidad de aclarar el
significado de los términos utilizados en los discursos políticos de los
radicalistas europeos en el siglo XX.
Las implicaciones de la afirmación de Hitler de “quien renuncia a luchar
en un mundo cuya ley es una lucha constante, no merece vivir” solo se pueden
advertir después de aclarar el significado bélico que le daban los nazis al
término de lucha.
Bibliografía:
SANCHEZ
LEÓN, María Cristina y ORDOÑEZ PINILLA, Camilo. Pensamiento Filosófico I,
Editorial Santillana, 1ª Edición, 2012, páginas: 18-26.
Actividades:
1.
Responder:
ü ¿Cuáles son las
formas del saber? Definirlas.
ü ¿Cuáles son los tipos
de ciencias? ¿En qué se diferencian?