lunes, 18 de octubre de 2010

Antropología: La Liertad

EL HOMBRE LIBRE

EL PROBLEMA DE LA LIBERTAD
 
Obra de Leonardo Da Vinci

Nosotros, los seres humanos, nos pensamos como seres vivos orgánicos, pero al mismo tiempo nos sentimos como seres pensantes, capaces de darnos cuenta del lugar del mundo en el que nos encontramos. Al tiempo que pensamos que nuestras vidas están determinadas por nuestra condición animal, que necesitamos alimentarnos, cuidarnos y sobrevivir como seres naturales, también pensamos que somos dueños de nuestras decisiones y que actuamos libremente impulsados por nuestra voluntad. Esta es la paradójica condición humana y vivimos con ella. Sin embargo, cuando pensamos detenidamente en cómo esto es posible, nos entra la duda: ¿somos realmente libres o nuestra libertad es sólo una ilusión? ¿cómo es posible que estando condicionados por la naturaleza tengamos a la vez la capacidad de tomar decisiones? En otras palabras, ¿hasta qué punto somos seres que actúan y viven más allá de las leyes naturales? ¿qué es lo que distingue lo humano y lo histórico de lo animal y lo natural?

Desde el punto de vista filosófico, es difícil responder estas preguntas. Pareciera que el concepto de hombre implica necesariamente estos dos aspectos básicos que pueden llegar a ser irreconciliables. Pero la noción que tengamos de “ser humano” debe contener estas dos caras de nuestra naturaleza y la filosofía debe explicar cómo es posible que ambas se den sin contradicción; y si hay contradicción debe explicar cómo se puede solucionar. La clave para lograr estos objetivos estará en explicar en qué consiste la libertad humana y cómo podemos darnos cuenta de ella. Una de las respuestas más interesantes dadas por los filósofos al problema de la libertad fue la que dio Immanuel Kant. En buena parte de sus obras, Kant se enfrentó con el problema de saber si la metafísica era posible, como una ciencia, y era necesario aclarar esta duda si se quería dar una respuesta coherente al problema de la libertad. Al menos así nos lo hace entender en uno de los prólogos a su obra capital, Critica de la razón pura. Expondremos brevemente sus conclusiones con el fin de comprender lo que es el hombre.

DE LA METAFÍSICA A LA ÉTICA
 
Creación, obra de Miguel Angel

Cuando nos enfrentamos con el problema antropológico nos hallamos en primera instancia en el terreno de la metafísica. Durante mucho tiempo (incluso hoy en día) se pensó que preguntar sobre el ser humano era preguntarse cuál era su esencia o naturaleza. ¿Somos seres materiales o espirituales? ¿Si somos las dos cosas cómo se compaginan? Responder estas preguntas bajo la óptica tradicional implicaba dar una definición de la naturaleza humana que permitiera distinguirla de las otras realidades y que explicara por qué razón los hombres se comportan como se comportan. Kant nos propone una manera de resolver los asuntos metafísicos que nos permitiría concebir una ética bien sustentada. Para Kant, demostrar que el alma existe, o que el mundo es eterno, o que Dios existe, no es algo que se pueda hacer. Esa posibilidad está más allá del alcance de nuestras capacidades intelectuales, pues así como podemos ofrecer buenas pruebas para algunas de las tesis, podemos ofrecer también excelentes pruebas para las tesis contrarias. La metafísica como ciencia no es posible.

Pero Kant supera esta dificultad mostrando cómo, a pesar de que las ciencias y el conocimiento humano posible nos muestran al hombre como un animal regido por las leyes naturales y que no es libre, sin embargo es posible una concepción filosófica de la naturaleza humana, que sin ser conocimiento (porque no se puede demostrar), nos ofrece la posibilidad de pensarnos como seres autónomos que actúan conforme a sus propios designios. Aquí la reflexión filosófica se diferencia de forma clara del conocimiento científico, convirtiéndose en una manera de aproximarse a aquellos temas que por naturaleza no pueden ser objeto de conocimiento. Esta reflexión filosófica es trascendental, porque aborda estas cuestiones sin pretender ser una ciencia, que era el error de la antigua metafísica al intentar explicar sus resultados a partir de la razón misma.

MORALIDAD Y LIBERTAD

¿Cómo sabemos entonces de nuestra libertad? El hecho de que actuemos en ocasiones conforme principios morales y que seamos capaces de juzgar los actos propios y ajenos, es prueba de que nos consideramos responsables de nuestras acciones. Pero en muchas ocasiones podríamos estar actuando de manera irresponsable aunque creyéramos lo contrario: movidos por pasiones o pulsiones que son producto de nuestra condición animal. Sólo cuando nuestras acciones son producto de nuestra razón y somos consientes de ellas, podemos hablar de acciones responsables. Pero, ¿cómo estar seguros de que tomamos la decisión correcta? Kant logró establecer un principio que nos permite asegurarnos de la racionalidad de la decisión. Si la norma moral que voy a aplicar (o con la que voy a juzgar el acto de otro) pudiera convertirse en una ley universalmente válida para todos los seres humanos sin contradicción, esa norma será racional y será válido aplicarla. Por ejemplo, si yo considero que es bueno matar a mi vecino porque no me deja dormir, y aplico el principio kantiano, al universalizar la norma la convierto en algo absurdo: “Hay que matar a todos los vecinos que no nos dejen dormir”.
 
Libertad

Esta no puede considerarse como una norma universal, porque yo estaría aceptando que cada vez que haga una fiesta y no deje dormir a mis vecinos, ellos tendrán todo el derecho de matarme. Además, nos dice Kant, no debemos considerar a los seres humanos como medios de nuestras acciones, sino siempre como fines en sí mismos, y esta es otra forma de expresar el principio formal de la moralidad que Kant denomina imperativo categórico. Así, una acción en la que un ser humano sea un medio para conseguir un fin distinto, como el caso de nuestro ejemplo, no debe considerarse como válida. El imperativo categórico nos permite conocer sobre nuestra libertad. Si actuamos conforme a nuestro principio, seremos plenamente responsables de nuestras acciones, y las decisiones que de él dependan serán tomadas por tanto con libertad. La libertad es pues la capacidad de poder construir racionalmente leyes para nosotros mismos. Por lo tanto, la ley moral procede únicamente de nuestra razón y no de condicionamientos impuestos externamente. Pero, al mismo tiempo que la ley moral nos permite saber de nuestra libertad, debemos tener en cuenta que sin libertad no seriamos responsables de nuestras acciones, y por tanto, no habría moralidad. Si yo no soy responsable de mis actos, nadie me puede acusar de las cosas malas que haga. Y si bien no se puede demostrar que como ser libre soy causa de mis acciones, tampoco puedo dejar de pensarlo, porque después de todo soy un ser moral.

Remachemos el clavo. Kant concibe al ser humano bajo dos aspectos. Un aspecto que es objeto de conocimiento científico, en el que podemos saber de nuestra naturaleza, a partir de lo que podemos conocer por la experiencia. Nuestro conocimiento está restringido al ámbito de la experiencia. En ese sentido nos reconocemos como un fenómeno más de la naturaleza, regidos por las leyes causales que dominan todos los objetos naturales. Pero la condición humana no se reduce a eso. A pesar de que no nos podamos conocer como seres libres que somos, sujetos de acciones morales, si es posible y hasta necesario que nos pensemos de esa manera. En tanto fenómenos no sabemos de nuestra libertad, porque la libertad no se da en la experiencia. Pero en tanto seres pensantes y conscientes, podemos pensarnos como seres libres que actúan conforme sus propios designios. Los animales no parecen ser seres morales porque actúan conforme a sus instintos y las leyes naturales. El caso de los humanos es distinto, porque su condición en el mundo es la de ser seres morales que deben tomar decisiones y decidir su destino. Los seres humanos somos seres históricos, sujetos de nuestro propio devenir en el mundo y artífices de nuestra vida en el tiempo.

LA MAYORÍA DE EDAD

Kant no responde al problema del hombre desde el punto de vista de la metafísica tradicional. Sólo nos habla de cómo es posible y necesario que nos pensemos. Al mismo tiempo que nos podemos considerar como objeto de estudio científico, también nos debemos considerar como sujetos de acción moral y sujetos de experiencias estéticas. Y al pensarnos de esta manera, lo que nos propone Kant no es tanto un concepto de lo que es el hombre sino de lo que el hombre debe ser. Nuestra condición nos exige que asumamos con responsabilidad nuestros actos y que nos reconozcamos como seres morales y sujetos históricos. Sólo somos libres cuando actuamos conforme al dictamen de nuestra razón, cuando somos ley para nosotros mismos, y eso implica que siempre que actuemos y juzguemos nuestras acciones, nos consideremos fines de ellas y nunca sus medios. La concepción antropológica y ética de Kant es, pues, un humanismo, ya que defiende el valor del ser humano, para la humanidad en conjunto, y sólo como especie es que los seres humanos nos podemos realizar plenamente.
 
Obra de Macedonio de La Torre

Kant es el pensador moderno por antonomasia. Su filosofía es la defensa de los ideales y valores de la modernidad; la defensa de la libertad y de la autonomía, la confianza en el hombre, en su papel histórico y en el progreso. Pero esa libertad no es algo que está del todo dado, es más bien una conquista que la humanidad debe lograr. Podemos ser libres, pero eso no basta para que lo seamos. La libertad se ejercita cuando dejamos a un lado la tutoría de alguna ley ajena a nuestra propia razón. Cada vez que actuamos de acuerdo con creencias o principio ajenos, que provienen de alguna autoridad que no ha sido asimilada por nuestra propia razón, nos comportamos como esclavos, o como dice Kant, como menores de edad. La condición de menor de edad es la de aquél que no es capaz de tomar decisiones por sí mismo. Y los hombres son culpables de esa condición cuando no asumen la responsabilidad de sus acciones y de su vida.

Actuamos más por miedo al castigo o a la vergüenza (por miedo al “qué dirán”) que por convicción propia, y nos dejamos arrastrar por los otros y sus creencias. Y cuando no actuamos así, entonces optamos por la otra vía fácil, la de seguir nuestro primer impulso, nuestro deseo irracional, creyendo que por eso somos libres. Pero la filosofía nos enseña que eso no es la libertad. Hacer lo que uno “quiera”, lo que a uno “le venga en gana” no es ser libre, es ser esclavo. Si queremos ser realmente libres tenemos que ser capaces de tomar decisiones racionales por nuestra propia cuenta y poder ser ley para nosotros mismos. La ley racional nos exige que nos pasemos por encima de los otros ni por encima de nosotros mismos; lo que más debemos respetar es a las otras personas y a nosotros mismos como personas, considerándonos como fines en sí mismos de nuestros actos y nunca como medios. He aquí la enseñanza que nos deja todo esto. Tal vez no podamos demostrar la libertad, y el conocimiento de nuestra esencia nos esté vedado. Puede que la experiencia no nos ofrezca la posibilidad de sabernos distintos a meros animales. Pero si nos queremos pensar como seres humanos, debemos pensar sobre todo qué es lo que queremos ser, que no es nada distinto al qué debemos ser. El pensamiento de Kant nos sugiere un camino. Ser humano es tener un deber. Un deber con la humanidad misma, con lo que realmente somos.

Bibliografía:
Tomado de: El hombre libre, Sección Monografía. Filosofía 10º, Editorial Santillana Siglo XXI (Varios Autores), pág. 124-127, 2000.

Actividades:

1. Con base en la información del texto, realice un comentario sobre el siguiente interrogante: ¿existe la posibilidad de que seamos seres libres?

2. ¿Cuál es el ideal de humanidad, que consideras plantea el texto?

3. La respuesta al interrogante 2º, enviarla al correo electrónico solo.informes.ita@gmail.com

4. Fecha límite para la publicación de sus comentarios y el envío de sus correos: 20 de Noviembre de 2010.













viernes, 6 de agosto de 2010

El Conocimiento en la filosofía: generalidades

Introducción:
A continuación encontrará una serie de textos que hacen referencia a la forma como el problema del conocimiento ha sido abordado en las diferentes épocas en que se divide la historia del pensamiento. Al final de ellos encontrara una refencia bibliografica y una lista de actividades que Ud., deberá realizar teniendo en cuenta las orientaciones dadas para tal fin.  Espero que este tema sea de su interés y aprovechamiento.

El Conocimiento

Sócrates
El hombre siempre se ha preocupado por el conocimiento de lo que le rodea. A través de su inteligencia, ha cuestionado la naturaleza y ha tratado de comprenderla dando diversas respuestas. Las primeras respuestas que el hombre dio a sus preguntas sobre la naturaleza fueron de carácter mítico, pero al nacer la filosofía, el hombre se planteó un nuevo camino para lograr el conocimiento de lo que le rodeaba, el camino de la reflexión racional.  A través de la historia de la reflexión filosófica, se hace evidente la preocupación por resolver dos problemas fundamentales: el problema del ser y el problema del conocimiento, que ha sido llamado gnoseología o teoría del conocimiento. Esta se ocupa de esclarecer los diversos elementos y problemas y el fin que con él se persigue, la verdad.



 
Elementos del Conocimiento
El hombre posee la capacidad de percibir y conocer todo aquello que lo rodea: a través de sus sentidos percibe lo que su entorno le ofrece, las cosas para observar, ver, tocar, oler, etc. Con estas cosas constituye el conocimiento sensible. Por medio de su inteligencia el hombre elabora conceptos, organiza y estructura su pensamiento, a partir de la percepción que experimenta por los sentidos. El conjunto de estas elaboraciones constituye el conocimiento racional. En la tarea del conocimiento es necesario tener en cuenta tres aspectos fundamentales: el sujeto que conoce –el hombre-, el objeto que es conocido –la realidad- y la representación –que es la imagen que se hace el sujeto del objeto, con sus sentidos o con su inteligencia-. Cada uno de ellos aporta diversos elementos en la construcción del conocimiento:  El objeto que se deja conocer aporta formas, colores, texturas, etc.;  El sujeto que conoce observa, relaciona, experimenta, compara, elabora conceptos, etc.;  La representación que se convierte en el objeto interiorizado en el sujeto al que se aplicará la facultad intelectiva en búsqueda del conocimiento.  La relación entre ellos es una correlación en la que el sujeto sólo es sujeto para un objeto y el objeto sólo es objeto para un sujeto. La función del sujeto consiste en aprehender al objeto y crearse una representación de éste; la función del objeto es dejarse aprehender y ser comprendido por el sujeto-


Los Problemas del Conocimiento


Las Preguntas por el Conocimiento

Si la reflexión filosófica consiste en la búsqueda del conocimiento, entonces se hace necesario verificar la validez del mismo. Los diversos problemas que presenta la gnoseología tienen como objetivo definir la validez del conocimiento. Las preguntas fundamentales que se plantean en este sentido se pueden agrupar de la siguiente manera:  ¿Es posible el conocimiento? ¿Es el conocimiento universal? ¿Hay otras formas de conocer distinta a la universal? O ¿la búsqueda del conocimiento total y universal es una simple ilusión humana?;  ¿En dónde se origina el conocimiento? ¿El conocimiento es fruto de las posibilidades de la razón humana? ¿tiene su origen en la experiencia sensible? O ¿hay otra forma de obtener el conocimiento?;  ¿cuál es la esencia del conocimiento? ¿Es el objeto un elemento pasivo que se deja conocer? ¿es el sujeto el que le imprime la validez al conocimiento? ¿Qué aportan el sujeto y el objeto al conocimiento?  La filosofía asumió hasta el siglo XVI estos interrogantes, brindando diversas respuestas al interior de concepciones totales de la filosofía, que tenían en común el hecho de someter los asuntos del conocimiento a temas más generales, como sucedía con la filosofía medieval y la supremacía de los asuntos teológicos. Pero al nacer las ciencias modernas, apareció una nueva perspectiva del problema que determinaría un ámbito propio para los problemas del conocimiento, y una dedicación casi exclusiva de la filosofía a la resolución de dichos problemas.

Conocimiento filosófico y Conocimiento Científico

El nacimiento de las ciencias modernas en el siglo XVI planteó una nueva forma de ver la naturaleza, haciendo que la filosofía dejara de ser la única ciencia válida y aceptada. Estas dos posiciones se distancian claramente al plantear el carácter de sus conocimientos, por las siguientes razones:  La filosofía pretende alcanzar un saber universal de toda la realidad, es decir, un conocimiento que pueda ser aplicado universalmente a todos los seres, objetos y elementos que integran el mundo humano: así, por ejemplo, el conocimiento de lo que es el bien y el mal tiene carácter universal porque puede aplicarse a todo. Por medio de dicho conocimiento podemos opinar si algo como una idea, un gobierno, etc., es bueno o malo.;  Las ciencias, por su parte pretenden alcanzar un conocimiento particular de la realidad, por ejemplo, a la botánica sólo le corresponde el estudio de los vegetales, y a la lingüística sólo el estudio del lenguaje. Esta distinción corresponde a las tareas propias de cada disciplina, pero con el desarrollo científico, la filosofía tomó como modelo a la ciencia e intentó aplicar a sus tareas los métodos y procedimientos de la matemática, de los cuales ya se había servido la ciencia.


El Conocimiento en la Filosofía Griega


¿Cómo alcanzar el conocimiento?

El pensamiento griego se planteó, como problema fundamental del conocimiento, la pregunta por el principio que explicara los fenómenos naturales o arjé. Las diversas respuestas a esta pregunta dieron lugar a múltiples explicaciones sobre el proceso del conocimiento. Algunas de las corrientes más importantes fueron:  Los físicos: consideraron que la única forma de lograr el conocimiento de la naturaleza era utilizar nuestros sentidos. Por ello el arjé, necesariamente, debía ser material, es decir, debía ser un elemento de la misma naturaleza. Sobresalen en este contexto Tales de Mileto con lo húmedo; Anaxímenes, quien postuló al aire como arjé, y Empédocles, para quien los cuatro elementos (agua, aire, fuego y tierra) son los principios de las cosas, que se unen entre sí para crear la naturaleza gracias a los movimientos del amor y el odio;  Los lógicos: consideraron que la única forma de adquirir un conocimiento cierto de la naturaleza era el uso de la reflexión racional, pues los sentidos percibían sólo lo variable y contingente, que es precisamente aquello que no puede considerarse como conocido, pues está en continuo cambio y de este modo no se puede aprehender los fundamental. Tal fue la posición de Parménides, quien estableció dos vías para el conocimiento: la vía de la verdad, a través de la razón, y la vía de la opinión, a través de los sentidos;  Los sofistas: consideraron que el conocimiento era algo relativo, que dependía de las necesidades y habilidades que tuviera el hombre y los intereses que mediaran en el contenido y el uso que se le diera al conocimiento. Por eso, para ellos el conocimiento era una mercancía. Su principal exponente es Protágoras de Abdera, para quien la relatividad del conocimiento dependía del sujeto que lo necesitara. De allí su frase el hombre es la medida de todas las cosas. Su forma de comprender el conocimiento fue llamada erística o el arte de convencer con la palabra;  El escepticismo: su fundador, Pirrón de Elis, negaba la validez absoluta para el conocimiento que obtuviéramos por los sentidos o por las reflexiones racionales. Para él, las cosas no se pueden conocer realmente; apenas las reconocemos tal como se nos aparecen y dependen siempre del punto de vista desde donde las miremos. Para los escépticos es imposible obtener conocimientos fiables, pues piensan que nunca hay una justificación suficiente para aceptar algo como verdadero. Esta posición fue muy influyente en la época helénica y en la modernidad;  El eclecticismo: es una corriente de transición frente a otras posturas contrapuestas. Su máximo representante fue Marco Tulio Cicerón, quien consideraba que el hombre debería buscar a través de su sentido común entre todas las doctrinas o filosofías lo que de verdad necesitaba, y con ello conformar sus conocimientos. Cicerón no hizo ningún aporte original a la filosofía, sino que estableció su eclecticismo en el esfuerzo de trasladar los conceptos de la filosofía griega a la cultura romana.

Platonismo


El verdadero conocimiento
Platón

Para Platón el conocimiento era intuitivo, es decir, que ya se encontraba en el hombre y al percibir por los sentidos los objetos, el hombre recordaba las ideas. El camino de los sentidos era aparente y no confiable, por lo tanto, el único camino posible era el de la reflexión racional. Sólo a través de ésta se puede ver lo que verdaderamente es de las cosas. El conocimiento verdadero tiene que ser estable, susceptible de una definición clara y precisa, válida para todo tiempo y lugar. Para Platón había diferentes grados de realidad a los que correspondían diferentes grados de conocimiento.  El primero o inferior era el nivel de las sombras, al que correspondía el conocimiento por la imaginación, que se caracterizaba por ser el más bajo. El segundo nivel era el conocimiento de las cosas del mundo sensible, al que pertenecían los objetos aprehendidos por los sentidos, que debían ser conocidos por la ciencia y las creencias. Este conocimiento estaba compuesto por la opinión y era particular y cambiante. El tercer nivel tenía como objetos cosas del mundo inteligible estos eran los objetos matemáticos aprehendidos por la razón. Y finalmente, el cuarto nivel, superior, el correspondiente a las ideas, era el efectuado por la verdadera inteligencia, es decir, el propio conocimiento verdadero.

Realismo
Aristóteles


Aristóteles, por su parte, consideraba que el conocimiento sólo era posible a partir de la experiencia de nuestros sentidos. Para Aristóteles no existe nada en el entendimiento que antes no haya pasado por los sentidos. El conocimiento se adquiere por la experiencia del individuo y es organizado por su intelecto, de modo que el conocimiento sensible es el origen de todo conocimiento humano.  El proceso de formación del conocimiento era un proceso de abstracción en el que, a través de los sentidos, el hombre capta un objeto, del cual su imaginación crea una imagen. En ella se recoge de forma directa o en acto, como diría Aristóteles, su individualidad, su materia. Posteriormente, sobre la imagen de la imaginación vuelca su actividad el entendimiento agente y consigue desmaterializarla, descubriendo así su forma. El contenido de materia y forma es lo que constituye propiamente la realidad del objeto, y por lo tanto, su conocimiento.  Aristóteles hace la distinción entre un entendimiento pasivo y un entendimiento agente, que será fundamental para la filosofía medieval. En su Tratado del Alma, Aristóteles habla de un entendimiento pasivo, que es el normal del hombre, el que recibe las impresiones y elabora conocimientos; mientras que el entendimiento agente recoge esas impresiones y actúa sobre ellas modificándolas y creando a partir de ellas cosas nuevas. Por ejemplo, podemos decir que el entendimiento pasivo es como una tablilla de cera, en la cual el entendimiento agente escribe. La tablilla tiene como función permitir hacer sobre ella, el intelecto agente es como el instrumento con el cual se crea o se elabora el conocimiento.

El conocimiento en la filosofía medieval

El conflicto entre fe y razón
La filosofía medieval intentó conciliar el realismo aristotélico con la superioridad de la fe respecto a la razón. El problema era la veracidad del conocimiento. Para los antiguos, el asunto de la veracidad dependía de la filiación filosófica que se tuviera. En los primeros siglos de nuestra era, esta filiación era neoplatónica, y entonces, lo verdadero estaba en el mundo de las ideas. Pero para los cristianos, lo verdadero debería ser lo que se ajustara a la verdad de las escrituras, y por lo tanto, el neoplatonismo era inútil o falso. Los primeros pensadores cristianos tomaron dos actitudes frente a la veracidad y pertinencia del conocimiento de la filosofía pagana, dividiéndose así en dos grupos:  Los conciliadores: representados principalmente por San Justino (100-169), para quien el cristianismo es una solución a los problemas de la filosofía, luego la filosofía pagana fue una revelación anterior a la venida de Cristo, para quienes a través de su razón tuvieron acceso a la verdad. Pero esta revelación fue incompleta, por no conocer a Cristo y, por lo tanto, carecer de la fe en Él;  Los hostiles: Quinto Séptimo Tertuliano (155-222) principal representante, consideraba que la razón es inconciliable con la revelación y perjudicial para la misma. Según esto, todos los filósofos son patriarcas de los herejes, y si alguna vez dijeron cosas parecidas a la doctrina cristiana, como el platonismo, fue por pura casualidad. De hecho, consideraba que la actividad de la razón sólo produce errores, y por lo tanto, nada conocido por la razón puede ser verdadero.

Triunfo del Realismo
Santo Tomás de Aquino
La reaparición de Aristóteles durante la Baja Edad Media significó un cambio con respecto a la valoración del conocimiento. Dado a conocer a través de la cultura musulmana, el realismo aristotélico llegaría a las incipientes universidades y causaría una conmoción que apenas se apaciguaría con Santo Tomás de Aquino, en el siglo XIII.  La conmoción la produjo Averroes (1126-1198), quien presentó una interpretación de Aristóteles que reñía fuertemente con el cristianismo, al considerar la razón como la única propiedad del alma capaz de proporcionar al hombre una visión válida del universo. Esto significaba una primacía de la razón frente a la fe.  Santo Tomás, en cambio, insistió en la distinción entre razón y fe, en la medida en que ambas tienen objetivos, métodos y criterios distintos y, por lo tanto, cada una tiene autonomía y autosuficiencia en su campo. De ese modo, la filosofía ofrece un conocimiento verdadero de lo natural y lógico, mientras la teología sólo debe argumentar a partir de la revelación. Y en aquellos asuntos donde necesariamente coincidan, tales como la causa primera o la realidad última, debe existir una armonía entre las conclusiones de ambas.  Por lo demás, para el santo, los hombres conocen captando intelectualmente la forma de las cosas, operación que se realiza mediante la abstracción, según la definición aristotélica.

El conocimiento en la filosofía moderna

La pregunta por el conocimiento
La filosofía moderna le dio un giro tan radical a la concepción del conocimiento, que Kant no dudó en compararlo con el cambio de modelo cosmológico copernicano frente al tolemaico. El cambio consistía en que, en vez de considerar el acto de conocer como una abstracción, en donde la mente se adecúa a las cosas, los modernos intentaron fundamentar el conocimiento en el sujeto que conoce. Este cambio se inspiró en las ciencias experimentales que se desarrollaron a finales de la Edad Media, y se consolidó en la postulación de diversos modelos del conocimiento. Los principales planteamientos sobre el origen del conocimiento fueron:
Galileo Galilei
Los primeros científicos: Copérnico, Brahe, Kepler y Galilieo, quienes generaron una nueva forma de comprender la astronomía a partir de la observación y la experimentación.  El racionalismo cartesiano: para Descartes, el único camino posible para el conocimiento era la búsqueda de un principio evidente por sí mismo, es decir, que no necesitara ser explicado y desde el cual se pudiera generar todo un sistema de conocimiento. El empirismo: sólo son verdaderos los conocimientos que provienen de la experiencia, y por ello el camino para precisar cuáles conocimientos son válidos y cuáles no, es determinar la forma como se construyen nuestros conocimientos. Sus principales representantes son: Jhon Locke, George Berkeley y David Hume.

Las primeras teorías del conocimiento

Jhon Locke
Fueron los empiristas ingleses quienes determinaron por primera vez teorías del conocimiento específicas, que se postularon como imprescindibles para cualquier filosofía que se pretendiera como verdadera.  Los empiristas tenían en común la aceptación de las posturas del cartesianismo, pero su preocupación principal era cómo salir del yo que piensa, es decir, determinar de dónde salían las ideas que este sujeto crea. La respuesta que dieron fue la experiencia. No hay en absoluto ideas innatas, anteriores a la experiencia, sino que todo conocimiento es posterior a ésta. Como fundador de la teoría del conocimiento debe considerarse a Jhon Locke, quien en su obra Ensayo sobre el entendimiento humano, aparecida en 1690, trata de un modo sistemático las cuestiones del origen, la esencia y la certeza del conocimiento humano, con el fin de determinar su estructura interior. Locke realizó observaciones psicológicas para determinar cómo se construye el conocimiento, y sus resultados fueron la base de los análisis posteriores de Berkeley y Hume.  Es necesario tener en cuenta que el racionalismo y el empirismo significaron, en conjunto, el abandono del modo natural de pensar, es decir, del realismo. Por eso debemos fijarnos en los contenidos de las diferentes propuestas de modelos explicativos del conocimiento que se generaron en la filosofía moderna y que ocupan a la filosofía hasta nuestros días.

El conocimiento en la filosofía contemporánea



Los modelos explicativos

El empirismo postuló que el conocimiento verdadero es posible, siempre y cuando se acepte que sólo procede de la experiencia. Pero una vez se acepta la posibilidad del conocimiento, se hace necesaria su explicación. Esta cuestión tuvo inicialmente dos explicaciones:

Realismo
Nicolai Hartmann
Para el realismo, en el proceso del conocimiento las cosas tienen primacía. Estas constituyen el asunto en torno al cual se explica y comprende el conocimiento. El realismo defiende que la realidad existe por sí misma. Las cosas son el objeto inmediato del conocimiento y, gracias a la adecuación se conocen en sí mismas. Esto ha generado un objetivismo, puesto que de los dos miembros de la actividad cognoscitiva, el sujeto y el objeto, se considera que el último es el más importante. Esto implica que el realista supone la existencia del mundo, independientemente del sujeto que lo perciba. Por lo tanto, la capacidad cognitiva del sujeto es básicamente receptiva y pasiva. El conocimiento se obtiene gracias a una aptitud natural, espontánea y confiada en las facultades del conocimiento.  Los principales exponentes del realismo son, en su mayoría, neokantianos, para quienes la posibilidad del conocimiento no depende, necesariamente, de conceptos o categorías que la conciencia le impone a la realidad, como dicen los idealistas. En este aspecto sobresale Nicolai Hartmann.



Idealismo

René Descartes
Para el idealismo, en cambio, la realidad no existe independientemente del sujeto que la conoce. Frente a la prioridad de las cosas del realismo, el idealismo afirma la prioridad de la conciencia. Para el idealista, es indudable la existencia de la conciencia: podremos dudar de lo que conocemos (los objetos), pero no de que estamos conociendo. El conocimiento se da en cuanto los objetos se adaptan al sujeto, a la forma de la razón. Por lo tanto, el conocimiento de los objetos depende de nuestra forma de conocer.  Para el idealismo, el objeto inmediato del conocimiento son las ideas. La actividad de nuestra facultad de conocimiento es activa, voluntaria, crítica y procede de manera artificial o creativa, en donde las cosas se conocen en la medida en que son filtradas o aprehendidas por dicha facultad. Esto ha generado un fenomenalismo, según el cual, lo que se conoce de las cosas no es lo que son en sí –el noumeno-, sino como se nos manifiestan o sea, el fenómeno.  Sin duda, el principal exponente del idealismo es Descartes, pero pueden considerarse otros pensadores, como Inmanuel Kant y su determinación del conocimiento a priori y por lo tanto, de la distinción entre fenómeno y noumeno. Para Kant, el conocimiento surge de los conceptos que elaboramos mezclando los elementos que provienen de la experiencia con aquellos que aporta a priori el sujeto. Vale resaltar también a Hegel, para quien lo único real es el pensamiento, es decir, los conceptos que elabora el intelecto al tomar conciencia de los cambios que se dan en las cosas. Por lo tanto, el conocimiento sólo es posible en la lógica o ciencia de lo absoluto.

Fenomenología y Hermenéutica


H. G. Gadamer
El punto de partida para la fenomenología es la escisión entre realismo e idealismo. La fenomenología pretende conocer lo que las cosas son en su puro darse en la conciencia. Por lo tanto, al igual que los idealistas, da prioridad a la conciencia, pero a diferencia de ellos, considera que los objetos no se adaptan al sujeto, sino que sólo se le manifiestan. De allí que proponga que para conocer hay que despojarse de todos los prejuicios, teorías e interpretaciones y mediante un tipo de abstracción, llamada reducción, llegar a lo universal y esencial de todo fenómeno, a la manera de los realistas.  La hermenéutica contemporánea, postulada por H. G. Gadamer, discípulo de Husserl, propone, por su parte, una actitud fenomenológica con respecto al conocimiento, que sin embargo, guarda sus diferencias con la fenomenología. Principalmente, la hermenéutica pretende comprender las acciones humanas y la realidad histórica, interpretando los acontecimientos en su singularidad, tratndo de captar su sentido. De allí que la hermenéutica afirme que no hay hechos sino interpretaciones, y que para comprender, es necesario caer en cuenta de que la conciencia no está aislada, no es un ente, sino que se encuentra situada e influenciada por un momento histórico, una cultura, unas costumbres y sobre todo, condicionada por el lenguaje por el que se expresa. La hermenéutica se opone a la fenomenología en la consideración de los prejuicios, pues los considera como parte del conocimiento y, por tanto, es improbable una razón pura, pues cualquier razón se encuentra condicionada por los prejuicios o por las circunstancias históricas y culturales.

Filosofía Analítica

Ludwing Wittgenstein
Frente al idealismo, Wittgenstein realizó una reducción de la filosofía a problemas del lenguaje, naciendo lo que se ha denominado filosofía del lenguaje. Su punto de partida fue la afirmación de que la mayoría de los problemas filosóficos se deben a ambigüedades y confusiones lingüísticas. Por lo que propone como objeto primero de la filosofía un análisis riguroso del lenguaje, que aclare los problemas relativos a su estructura, su utilización y, por lo tanto, el conocimiento del mundo que se desprende de esta utilización.  La tesis principal de Wittgenstein es que el lenguaje es la mediación esencial del pensamiento. Esto significa que la constitución misma del pensamiento tiene lugar en el medio lingüístico. Los términos del lenguaje son los que determinan el pensamiento, y por lo tanto, el conocimiento. La expresión del mundo que se hace a través de categorías, conceptos, modismos y reglas gramaticales no son propiedades de las cosas, ni adecuaciones de los fenómenos a la razón, sino puros términos lingüísticos que determinan las posibilidades de nuestro pensar. Las palabras no son expresión de los pensamientos, sino que los pensamientos mismos no son más que palabras o conceptos lingüísticos y, por lo tanto, la visión que nos creamos del mundo es lingüística. Por lo tanto, el papel de la filosofía no es otro que encontrarle sentido a las proposiciones, o en otras palabras, determinar cómo se construye el sentido en el uso del lenguaje.

Referencias Bibliográficas:

ARCHILA RUIZ, Leonardo, SERRANO LÓPEZ Guillermo y TORREGROSA, Enver. Filosofía 10º, 2ª edición, Santafé de Bogotá, Editorial Santillana, 2000.  VILLALBA ROMERO, Julio cesar, DE LA PARRA, Francisco y GARCÍA ORTIZ, Fabio. Faro 10º -filosofía-, 1ª edición, Santafé de Bogotá, Editorial Voluntad, 1997.  EDITORIAL TERRANOVA. Protagonistas del Mundo, 1ª edición, Bogotá, 1991.

Actividades:

1. Lee atentamente el siguiente texto y realiza un comentario teneindo como base el interrogante que aparece al final.  Lo anterior debe llevarlo a cabo en la seccion de comentarios del blog.   Una vez escrito este, debe realizar click en la barra publicar comentario y seguir las instrucciones.

LA FILOSOFÍA, SABER RESIDUAL

Si preguntamos a un matemático, a un historiador o a cualquier hombre de ciencia qué conjunto de verdades concretas ha sido establecido por su ciencia, su respuesta durará tanto tiempo como estemos dispuestos a escuchar.

Pero si hacemos la misma pregunta a un filósofo, y éste es sincero, tendrá que confesar que su estudio no ha llegado a resultados positivos comparables a los de las otras ciencias. Verdad es que esto se explica, en parte, por el hecho de que, desde el momento en que se hace posible el conocimiento preciso sobre una materia cualquiera, esta materia deja de ser denominada Filosofía y se convierte en una ciencia separada. (…)

Así, la incertidumbre de la Filosofía es, en gran medida, más aparente que real: los problemas que son susceptibles de una respuesta precisa se han colocado en las ciencias, mientras que los que no la consienten actualmente, quedan formando el residuo de lo que llamamos Filosofía.

BERTRAND RUSSELL, Los problemas de la filosofía


  • ¿Por qué llama Russell a la filosofía conocimiento residual?
2. Responde los siguientes interrogantes, con base en los textos de la lección:
  • ¿En que se diferencia la filosofía y la ciencia?
  • ¿Por qué es tan importante la filosfía griega en la historia del pensamiento humano?
  • ¿Cúal debe ser la labor de la filosofía según Wittgenstein?
3. Envie un informe con las respuestas a estos interrogantes a la dirección de correo electrónico: solo.informes.ita@gmail.com 


4. El periodo de tiempo establecido para la realización de estas actividades está comprendido entre el 23 de Agosto y el 05 de septiembre de 2010.