lunes, 18 de octubre de 2010

Antropología: La Liertad

EL HOMBRE LIBRE

EL PROBLEMA DE LA LIBERTAD
 
Obra de Leonardo Da Vinci

Nosotros, los seres humanos, nos pensamos como seres vivos orgánicos, pero al mismo tiempo nos sentimos como seres pensantes, capaces de darnos cuenta del lugar del mundo en el que nos encontramos. Al tiempo que pensamos que nuestras vidas están determinadas por nuestra condición animal, que necesitamos alimentarnos, cuidarnos y sobrevivir como seres naturales, también pensamos que somos dueños de nuestras decisiones y que actuamos libremente impulsados por nuestra voluntad. Esta es la paradójica condición humana y vivimos con ella. Sin embargo, cuando pensamos detenidamente en cómo esto es posible, nos entra la duda: ¿somos realmente libres o nuestra libertad es sólo una ilusión? ¿cómo es posible que estando condicionados por la naturaleza tengamos a la vez la capacidad de tomar decisiones? En otras palabras, ¿hasta qué punto somos seres que actúan y viven más allá de las leyes naturales? ¿qué es lo que distingue lo humano y lo histórico de lo animal y lo natural?

Desde el punto de vista filosófico, es difícil responder estas preguntas. Pareciera que el concepto de hombre implica necesariamente estos dos aspectos básicos que pueden llegar a ser irreconciliables. Pero la noción que tengamos de “ser humano” debe contener estas dos caras de nuestra naturaleza y la filosofía debe explicar cómo es posible que ambas se den sin contradicción; y si hay contradicción debe explicar cómo se puede solucionar. La clave para lograr estos objetivos estará en explicar en qué consiste la libertad humana y cómo podemos darnos cuenta de ella. Una de las respuestas más interesantes dadas por los filósofos al problema de la libertad fue la que dio Immanuel Kant. En buena parte de sus obras, Kant se enfrentó con el problema de saber si la metafísica era posible, como una ciencia, y era necesario aclarar esta duda si se quería dar una respuesta coherente al problema de la libertad. Al menos así nos lo hace entender en uno de los prólogos a su obra capital, Critica de la razón pura. Expondremos brevemente sus conclusiones con el fin de comprender lo que es el hombre.

DE LA METAFÍSICA A LA ÉTICA
 
Creación, obra de Miguel Angel

Cuando nos enfrentamos con el problema antropológico nos hallamos en primera instancia en el terreno de la metafísica. Durante mucho tiempo (incluso hoy en día) se pensó que preguntar sobre el ser humano era preguntarse cuál era su esencia o naturaleza. ¿Somos seres materiales o espirituales? ¿Si somos las dos cosas cómo se compaginan? Responder estas preguntas bajo la óptica tradicional implicaba dar una definición de la naturaleza humana que permitiera distinguirla de las otras realidades y que explicara por qué razón los hombres se comportan como se comportan. Kant nos propone una manera de resolver los asuntos metafísicos que nos permitiría concebir una ética bien sustentada. Para Kant, demostrar que el alma existe, o que el mundo es eterno, o que Dios existe, no es algo que se pueda hacer. Esa posibilidad está más allá del alcance de nuestras capacidades intelectuales, pues así como podemos ofrecer buenas pruebas para algunas de las tesis, podemos ofrecer también excelentes pruebas para las tesis contrarias. La metafísica como ciencia no es posible.

Pero Kant supera esta dificultad mostrando cómo, a pesar de que las ciencias y el conocimiento humano posible nos muestran al hombre como un animal regido por las leyes naturales y que no es libre, sin embargo es posible una concepción filosófica de la naturaleza humana, que sin ser conocimiento (porque no se puede demostrar), nos ofrece la posibilidad de pensarnos como seres autónomos que actúan conforme a sus propios designios. Aquí la reflexión filosófica se diferencia de forma clara del conocimiento científico, convirtiéndose en una manera de aproximarse a aquellos temas que por naturaleza no pueden ser objeto de conocimiento. Esta reflexión filosófica es trascendental, porque aborda estas cuestiones sin pretender ser una ciencia, que era el error de la antigua metafísica al intentar explicar sus resultados a partir de la razón misma.

MORALIDAD Y LIBERTAD

¿Cómo sabemos entonces de nuestra libertad? El hecho de que actuemos en ocasiones conforme principios morales y que seamos capaces de juzgar los actos propios y ajenos, es prueba de que nos consideramos responsables de nuestras acciones. Pero en muchas ocasiones podríamos estar actuando de manera irresponsable aunque creyéramos lo contrario: movidos por pasiones o pulsiones que son producto de nuestra condición animal. Sólo cuando nuestras acciones son producto de nuestra razón y somos consientes de ellas, podemos hablar de acciones responsables. Pero, ¿cómo estar seguros de que tomamos la decisión correcta? Kant logró establecer un principio que nos permite asegurarnos de la racionalidad de la decisión. Si la norma moral que voy a aplicar (o con la que voy a juzgar el acto de otro) pudiera convertirse en una ley universalmente válida para todos los seres humanos sin contradicción, esa norma será racional y será válido aplicarla. Por ejemplo, si yo considero que es bueno matar a mi vecino porque no me deja dormir, y aplico el principio kantiano, al universalizar la norma la convierto en algo absurdo: “Hay que matar a todos los vecinos que no nos dejen dormir”.
 
Libertad

Esta no puede considerarse como una norma universal, porque yo estaría aceptando que cada vez que haga una fiesta y no deje dormir a mis vecinos, ellos tendrán todo el derecho de matarme. Además, nos dice Kant, no debemos considerar a los seres humanos como medios de nuestras acciones, sino siempre como fines en sí mismos, y esta es otra forma de expresar el principio formal de la moralidad que Kant denomina imperativo categórico. Así, una acción en la que un ser humano sea un medio para conseguir un fin distinto, como el caso de nuestro ejemplo, no debe considerarse como válida. El imperativo categórico nos permite conocer sobre nuestra libertad. Si actuamos conforme a nuestro principio, seremos plenamente responsables de nuestras acciones, y las decisiones que de él dependan serán tomadas por tanto con libertad. La libertad es pues la capacidad de poder construir racionalmente leyes para nosotros mismos. Por lo tanto, la ley moral procede únicamente de nuestra razón y no de condicionamientos impuestos externamente. Pero, al mismo tiempo que la ley moral nos permite saber de nuestra libertad, debemos tener en cuenta que sin libertad no seriamos responsables de nuestras acciones, y por tanto, no habría moralidad. Si yo no soy responsable de mis actos, nadie me puede acusar de las cosas malas que haga. Y si bien no se puede demostrar que como ser libre soy causa de mis acciones, tampoco puedo dejar de pensarlo, porque después de todo soy un ser moral.

Remachemos el clavo. Kant concibe al ser humano bajo dos aspectos. Un aspecto que es objeto de conocimiento científico, en el que podemos saber de nuestra naturaleza, a partir de lo que podemos conocer por la experiencia. Nuestro conocimiento está restringido al ámbito de la experiencia. En ese sentido nos reconocemos como un fenómeno más de la naturaleza, regidos por las leyes causales que dominan todos los objetos naturales. Pero la condición humana no se reduce a eso. A pesar de que no nos podamos conocer como seres libres que somos, sujetos de acciones morales, si es posible y hasta necesario que nos pensemos de esa manera. En tanto fenómenos no sabemos de nuestra libertad, porque la libertad no se da en la experiencia. Pero en tanto seres pensantes y conscientes, podemos pensarnos como seres libres que actúan conforme sus propios designios. Los animales no parecen ser seres morales porque actúan conforme a sus instintos y las leyes naturales. El caso de los humanos es distinto, porque su condición en el mundo es la de ser seres morales que deben tomar decisiones y decidir su destino. Los seres humanos somos seres históricos, sujetos de nuestro propio devenir en el mundo y artífices de nuestra vida en el tiempo.

LA MAYORÍA DE EDAD

Kant no responde al problema del hombre desde el punto de vista de la metafísica tradicional. Sólo nos habla de cómo es posible y necesario que nos pensemos. Al mismo tiempo que nos podemos considerar como objeto de estudio científico, también nos debemos considerar como sujetos de acción moral y sujetos de experiencias estéticas. Y al pensarnos de esta manera, lo que nos propone Kant no es tanto un concepto de lo que es el hombre sino de lo que el hombre debe ser. Nuestra condición nos exige que asumamos con responsabilidad nuestros actos y que nos reconozcamos como seres morales y sujetos históricos. Sólo somos libres cuando actuamos conforme al dictamen de nuestra razón, cuando somos ley para nosotros mismos, y eso implica que siempre que actuemos y juzguemos nuestras acciones, nos consideremos fines de ellas y nunca sus medios. La concepción antropológica y ética de Kant es, pues, un humanismo, ya que defiende el valor del ser humano, para la humanidad en conjunto, y sólo como especie es que los seres humanos nos podemos realizar plenamente.
 
Obra de Macedonio de La Torre

Kant es el pensador moderno por antonomasia. Su filosofía es la defensa de los ideales y valores de la modernidad; la defensa de la libertad y de la autonomía, la confianza en el hombre, en su papel histórico y en el progreso. Pero esa libertad no es algo que está del todo dado, es más bien una conquista que la humanidad debe lograr. Podemos ser libres, pero eso no basta para que lo seamos. La libertad se ejercita cuando dejamos a un lado la tutoría de alguna ley ajena a nuestra propia razón. Cada vez que actuamos de acuerdo con creencias o principio ajenos, que provienen de alguna autoridad que no ha sido asimilada por nuestra propia razón, nos comportamos como esclavos, o como dice Kant, como menores de edad. La condición de menor de edad es la de aquél que no es capaz de tomar decisiones por sí mismo. Y los hombres son culpables de esa condición cuando no asumen la responsabilidad de sus acciones y de su vida.

Actuamos más por miedo al castigo o a la vergüenza (por miedo al “qué dirán”) que por convicción propia, y nos dejamos arrastrar por los otros y sus creencias. Y cuando no actuamos así, entonces optamos por la otra vía fácil, la de seguir nuestro primer impulso, nuestro deseo irracional, creyendo que por eso somos libres. Pero la filosofía nos enseña que eso no es la libertad. Hacer lo que uno “quiera”, lo que a uno “le venga en gana” no es ser libre, es ser esclavo. Si queremos ser realmente libres tenemos que ser capaces de tomar decisiones racionales por nuestra propia cuenta y poder ser ley para nosotros mismos. La ley racional nos exige que nos pasemos por encima de los otros ni por encima de nosotros mismos; lo que más debemos respetar es a las otras personas y a nosotros mismos como personas, considerándonos como fines en sí mismos de nuestros actos y nunca como medios. He aquí la enseñanza que nos deja todo esto. Tal vez no podamos demostrar la libertad, y el conocimiento de nuestra esencia nos esté vedado. Puede que la experiencia no nos ofrezca la posibilidad de sabernos distintos a meros animales. Pero si nos queremos pensar como seres humanos, debemos pensar sobre todo qué es lo que queremos ser, que no es nada distinto al qué debemos ser. El pensamiento de Kant nos sugiere un camino. Ser humano es tener un deber. Un deber con la humanidad misma, con lo que realmente somos.

Bibliografía:
Tomado de: El hombre libre, Sección Monografía. Filosofía 10º, Editorial Santillana Siglo XXI (Varios Autores), pág. 124-127, 2000.

Actividades:

1. Con base en la información del texto, realice un comentario sobre el siguiente interrogante: ¿existe la posibilidad de que seamos seres libres?

2. ¿Cuál es el ideal de humanidad, que consideras plantea el texto?

3. La respuesta al interrogante 2º, enviarla al correo electrónico solo.informes.ita@gmail.com

4. Fecha límite para la publicación de sus comentarios y el envío de sus correos: 20 de Noviembre de 2010.