lunes, 7 de noviembre de 2011

Origen del Mundo

Universo
EL PROBLEMA DEL ORIGEN DEL MUNDO
EL PARADIGMA

En la historia de la filosofía han surgido determinados modelos o esquemas de   pensamiento llamados paradigmas, que constituyen el espíritu de una época o de una cultura.  Nuestra visión actual del mundo está en buena medida inspirada en los avances de la ciencia moderna.  Y esa concepción del universo, que está en la base de nuestro diario vivir, está tan arraigada, que a menudo olvidamos que no siempre los hombres se han concebido a sí mismos y han concebido el mundo que los rodea de la misma manera.  Durante la época medieval, lo mismo que durante los tiempos antiguos, la filosofía ofreció a los hombres otros paradigmas de comprensión del cosmos que aún hoy merecen ser considerados, pues nos pueden ayudar a entender más claramente los supuestos que hay en nuestra manera particular de ver las cosas, su sentido y nuestro lugar entre ellas.


Sistema Solar
Hoy en día la cosmología, siendo una actividad teórica y filosófica, está más vinculada con la investigación científica que con nuestras creencias religiosas.  Esto es así porque nuestro paradigma cultural es científico.  En cambio, durante la Edad Media, el paradigma cultural era religioso, y la cosmología medieval tenía un punto de partida muy distinto al nuestro.  Los intelectuales medievales eran hombres de fe, personas que creían en las respuestas más profundas a los enigmas fundamentales del hombre se hallaban en los textos sagrados revelados a los profetas.  La verdad contenida en las Escrituras tenía que ser desentrañada, si el hombre sabio quería conocer cuál era el sentido de su propia existencia y su lugar en el cosmos.  Podemos destacar varios fenómenos cruciales en el contexto medieval que determinaron el desarrollo de los variados modelos de pensamiento que se dieron en esa época.  Se trata de los tres paradigmas religiosos que, provenientes de una misma raíz, fueron el suelo de las disputas filosóficas: el judaísmo, el cristianismo y el islam.  Aquí sólo haremos referencia al pensamiento judío, pues éste nos ofrece una visión general de qué era lo que sucedía en las mentes de los sabios de diferentes credos en esa época.

EL MUNDO CREADO O EL MUNDO ETERNO

Naturaleza
Todos nos hemos preguntado por el origen del mundo.  ¿Fue creado por la gracia de un ser superior?  ¿Es eterno y no tiene ni principio ni fin?  ¿Se originó inexplicablemente a partir de la nada?  ¿Es un producto caprichoso del azar?  Estas preguntas pertenecen al ámbito de la cosmología, y la filosofía antigua ya había intentado dar respuestas a ellas.  Por ejemplo, Platón, en el diálogo Timeo, afirma en un mito que la materia de la que está hecho el mundo es eterna, pero que la forma que tiene el mundo actualmente es obra de un arquitecto (demiurgo) que en el principio de los tiempos modeló esa materia originaria a partir de las esencias eternas e ideales de las cosas.  En cambio, Aristóteles sostiene en algunas de sus obras que si bien la materia básica del mundo también es eterna, el mundo tal y como lo conocemos es el efecto necesario de un Primer Motor incausado, eterno e inmaterial, una forma pura hacia la cual tienden todas las cosas como su fin.
Los filósofos medievales tenían otra visión de las cosas.  Sin embargo, se apoyaron en algunas tesis de los pensadores antiguos y otras fueron objeto de sus críticas.  En el mundo islámico medieval, precisamente en la época de su apogeo (siglos XII-XIII), el pensador judío Moses ben Maimón, más conocido como Maimónides, propuso su propia solución al problema cosmológico del origen del mundo.  Como filósofo judío que era, Maimónides se apoyaba en la verdad contenida en las Escrituras para establecer sus conclusiones.  El principal texto sagrado judío es la Torá, también conocido como la Ley (el Pentateuco de la Biblia cristiana).  Allí se afirma que el mundo fue creado a partir de la nada por la mano de Dios.  Maimónides se preguntó cómo era posible combinar las tesis contenidas en las Escrituras, que fueron reveladas a los profetas, con las tesis establecidas a partir de razonamientos propuestos por los filósofos griegos.  ¿Cómo interpretar la palabra revelada que afirma la creación del mundo cuando Aristóteles propuso argumentos para demostrar que el mundo es eterno?

Filósofos Griegos
El problema del origen del mundo es difícil de resolver, pues desde el punto de vista filosófico griego, no es claro como el mundo, que es real, puede provenir de la nada, que no es real.  Para Parménides, por ejemplo, el ser no se puede originar del no-ser, ni el no-ser, del ser; pues ¿cómo algo que no-es puede llegar a ser si no es?  Además, es difícil concebir que el mundo real no tenga una causa.  Luego, o el mundo fue creado a partir de la nada por un Ser Superior; o el mundo es el efecto eterno y necesario de una Primera Causa.  La primera tesis coincide con el texto del Génesis, pero tiene el problema de no satisfacer el principio de Parménides.  La segunda tesis, la de Aristóteles, satisface el principio de Parménides, pero en cambio, nos conduce a afirmar que el mundo es coeterno con el Ser Primero, y que éste no creo el mundo por un acto libre de su voluntad, lo que contradice el texto sagrado.

LA SOLUCIÓN DE MAIMÓNIDES

Maimónides
Para dar solución, Maimónides comenzó por aclarar que el texto sagrado no debe ser leído literalmente. Como se trata de textos construidos a partir de revelaciones proféticas expuestas en lenguaje humano, las expresiones allí contenidas son a menudo ambiguas o metafóricas, tienen varios sentidos o constituyen alegorías que deben ser interpretadas.  Maimónides propone un método de exégesis o interpretación según el cual, que el lenguaje profético se parezca lenguaje poético, al recurrir a imágenes y metáforas, no implica que no exprese verdades filosóficas.  Al hombre sabio no le queda otra salida que recurrir a la razón y a la filosofía para comprender el sentido oculto de las palabras reveladas.  En segundo lugar, Maimónides reconoce que las capacidades de comprensión humana son limitadas.   Una cuestión metafísica como el problema cosmológico constituye un objeto de estudio que por su propia naturaleza es complejo y difícil para quien no esté entrenado en arduas reflexiones.  Además, muchas cuestiones filosóficas no pueden ser resueltas de manera definitiva construyendo demostraciones, sino que apenas pueden ser resueltas provisionalmente con argumentos plausibles.  Ya Aristóteles había dicho que para postular los principios básicos de las ciencias era necesario recurrir a la refutación, procedimiento argumentativo que parte de premisas plausibles pero que no demuestra, esto es, que no prueba definitivamente la falsedad de la tesis contraria.  Maimónides construye varios argumentos para probar que Aristóteles nunca demostró, y que en efecto nadie puede demostrar que el mundo es eterno y existe por necesidad.  Si hubiese una demostración de esta tesis, tendrían que encontrarse pruebas, también demostrativas, de que las tesis contrarias, como la de la creación del mundo a partir de un acto libre de la voluntad divina, son falsas.  Luego, la única posibilidad de dirimir la cuestión es ver cuál tesis es más probable.

La Creación -Miguel Angel-
La conclusión a la que llegó Maimónides es que la tesis de la creación del mundo es más probable, pues es la que genera menos paradojas y contradicciones.  Hay que tener en cuenta que Maimónides probó con argumentos, que él consideró demostrativos, que Dios es único y existe.  Luego las posibles tesis que respondan al problema del origen del mundo y que no tengan esto en cuenta, no deben ser dignas de consideración, pues irían en contra de lo ya demostrado.  Quedan descartadas, entonces, la tesis de un mundo incausado y la tesis de un mundo producto del azar.  Sólo quedaría por escoger entre la tesis revelada y la tesis Aristotélica.  Pero esta última no es aceptable, pues el hecho de que la naturaleza se rija por leyes necesarias no implica que haya sido causada, necesariamente, por una Primera Causa, sino que simplemente pudo haber sido el producto de un acto libre y creador del Artífice del Mundo, quien no tenía ninguna necesidad de crear el mundo.  Si esto no fuese así, no se podría explicar por qué el mundo es contingente, esto es, por qué es lógicamente posible que pueda no existir, sin contradicción alguna, mientras que el Ser Primero es necesario y no puede ser concebido como no existente sin caer en contradicción. 

LA FILOSOFÍA Y LA FE

Contra lo que podría pensarse a primera vista, la filosofía y la fe no tienen por qué oponerse.  Pensar que la filosofía es una “superación” del mito es no comprender a Platón, quien exponía sus tesis más importantes en forma de mitos.  Aquí el problema radica en el uso que le demos a la palabra “mito”, pues la podemos entender en sentido peyorativo o en sentido exageradamente positivo.  Y ambos extremos constituyen un error.  Lo mejor es hablar de “mitos” en sentido neutro, a la misma altura del discurso filosófico, y tratar de desentrañar su sentido apropiándonos de las herramientas que la razón nos ofrece.  Por otra parte, pensar que las conclusiones que obtenemos por vía racional siempre se van a oponer a lo que creemos por fe, puede ser un error, nos puede llenar de perplejidad (es el término que usa Maimónides); perplejidad que constituye un estado de confusión que puede hacernos alejar o de la filosofía o de la fe, cuando no es necesario distanciarse de ninguna de las dos para hallar la verdad.

Bibliografía:
Tomado de: El Problema del origen del mundo, Sección Monografía. Filosofía 10º,  Editorial Santillana Siglo XXI (Varios Autores), pág. 82-85, 2000.


Actividades:

1.    Con base en la información del texto, realice un comentario sobre el siguiente interrogante: ¿Cómo puede pensarse que el mundo haya sido creado de la nada?
2.    ¿Cómo puede pensarse que el mundo es eterno?
3.    La respuesta al interrogante 2º, enviarla al correo electrónico solo.informes.ita@gmail.com
4.    Fecha límite para la publicación de sus comentarios y el envío de sus correos: 23 de Noviembre de 2011.

sábado, 20 de agosto de 2011

Problema del Conocimiento


EL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO DEL MUNDO EXTERIOR
EL PROBLEMA

Bodegón, Obra de Cézanne
Pensemos en un objeto cualquiera: nosotros creemos que existe y que conocemos objetivamente, por ejemplo, una mesa.  ¿Cómo sabemos que tenemos una mesa frente a nosotros?  ¿Realmente percibimos la mesa?  Todo lo que en principio podemos decir es que de la mesa tenemos un conjunto de sensaciones que se han dado en el tiempo.  Por ejemplo, decimos que la mesa es marrón.  Pero sabemos que no todos los lugares de la superficie de la mesa son percibidos teniendo el mismo matiz del marrón, y que dependiendo del punto de vista, de la intensidad de la luz y el reflejo de la misma, el color que vemos puede variar.  A veces en algunas esquinas la mesa parece roja, cuando hay mucha luz se nos aparece blanca y cuando es de noche no vemos el marrón por ningún lado.  ¿Es el color entonces algo característico de la mesa, que nos permite conocerla tal y como es?  Parece que no, pues si el color varía tanto, no podríamos seguir hablando de la misma mesa.

Podríamos pensar que la mesa es lo que podemos tocar.  Pero las sensaciones táctiles que podemos obtener pueden ser fácilmente confundidas con las de cualquier otro objeto.  ¿Cómo sé que estoy tocando una mesa y no otra cosa?  Además, las sensaciones del tacto varían también dependiendo de las condiciones.  Podemos decir que la mesa es lisa y plana, pero es evidente que podríamos hallarle rugosidades y asperezas, y que su temperatura varía dependiendo de qué tan caliente esté nuestra piel.  Entonces, parece necesario pensar que la mesa no está definida por las sensaciones visuales, táctiles o auditivas que tenemos de ella.

Obra de José Chiodini.
Ni siquiera la forma visible nos dice lo que es la mesa.  Desde lejos la mesa es pequeña y a medida que nos acercamos su tamaño cambia ante nuestros ojos.  Pensamos que las líneas que definen los lados de una mesa son paralelas, pero cuando las vemos y las imaginamos, parecen extenderse oblicuamente, como si se tocara en algún punto en el infinito.

En suma, todo lo que experimentamos de la mesa son nuestras particulares sensaciones, que no son constantes y que por tanto no parecen ser constitutivas de lo que llamamos mesa.  ¿Entonces por qué hablamos de la existencia de un objeto físico que causa todas esas sensaciones?  Tendemos a suponer, en la vida cotidiana, que todas esas sensaciones que tenemos han sido causadas por una realidad objetiva que existe independiente de nuestra manera de conocerla.

Pensamos que hay una mesa física, más allá de la evidencia de nuestros sentidos, que corresponde con el conjunto de sensaciones en el tiempo que le atribuimos a ese objeto y que es causa de esas sensaciones.  Creemos que cuando dejamos de percibir la mesa, el objeto sigue existiendo y que lo que múltiples observadores experimentan de una misma mesa, a pesar de que sea cualitativamente distinto, está siempre causado por el mismo objeto.  Creemos, en general, que la mesa no es un sueño.

¿Pero, en qué se fundamentan estas creencias y pensamientos si la mesa como tal no la percibimos?  Parece que en la experiencia por los sentidos sólo podemos tener un acceso directo a lo que es la apariencia de la mesa, pero de ninguna manera es evidente que por medio de nuestras sensaciones particulares, variables y subjetivas, podamos conocer lo que es la mesa en realidad.

Es más, a partir de la mera experiencia, no parece que podamos saber si existe o no un objeto físico que cause nuestras percepciones.  Eso simplemente lo pensamos, y es un problema para la filosofía saber en qué se puede fundamentar ese pensamiento; si es válido o no.  ¿Hay, pues, un mundo exterior que existe independientemente de mis experiencias y que las cause?

DEL REALISMO AL IDEALISMO

El problema del conocimiento del mundo exterior es un antiguo problema filosófico.  Mencionaremos algunos argumentos básicos que pueden surgir a la hora de intentar responderlo.

Obra de Renoir.
El primero es el realismo.  Afirma que en efecto existe un mundo externo, una realidad objetiva que causa nuestras experiencias, pues ¿cómo podríamos tener tales experiencias si no existen cuerpos que las causen?  Sin embargo, esta afirmación no es del todo válida, pues lo que se está poniendo en cuestión es si mis experiencias están causadas por un mundo exterior o no.  Y la pregunta filosófica apunta a establecer cómo podemos saber esto justamente.  Todas mis experiencias podrían estar, de manera perfecta, causadas no por un mundo objetivo exterior, sino por mi propia mente, como en un sueño.  Podría ser que todo lo  que yo llamo realidad fuese simplemente producto de mi mente o de un dios, que quiere engañarme haciéndome creer que vivo en un mundo físico y material, cuando en realidad lo que experimento es la creación de su mente poderosa.

La razón por lo que esto es posible es que todos nos podemos dar cuenta de que incluso nuestras sensaciones más básicas, aquellas en las que sólo interviene nuestra sensibilidad al analizarlas detenidamente, se muestran dependientes de un ser consciente que las perciba.  El hecho de que no podamos tener un acceso directo a los objetos que supuestamente causan nuestras experiencias, nos hace pensar que todas estas son mentales. No conocemos directamente las cosas en sí mismas, sino en tanto apariencias que se nos muestran.  Y las apariencias como tales son subjetivas.

Es claro que en la vida cotidiana pensamos que hay un mundo real que causa nuestras experiencias y creemos que hay objetos reales que son el fundamento de nuestro conocimiento.  Puede que haya objetos reales que nos produzcan experiencias, pero ese no es el problema.  La dificultad radica en cómo saber que en efecto existen tales objetos y cómo los podemos conocer como causas de nuestras experiencias, pues no tenemos un acceso directo a ellos y sólo los podemos conocer indirectamente, en la medida en que se nos manifiestan como fenómenos o apariencias.

Otro argumento es el idealismo, que sostiene que si hay cosas reales, pero éstas no se distinguen de lo que nosotros conocemos de ellas a través de la experiencia.  Las experiencias son mentales en la medida en que son actos de la conciencia que dependen de una mente para existir.  Al no distinguirse los objetos de nuestras experiencias, los objetos reales se convierten en entidades mentales.  No hay materia, dice el idealista.  Pensar que existe una realidad material independiente de una mente que la perciba hace inconcebible la posibilidad de que esa realidad material exista   , pues en el momento en que sea conocida su existencia, empezará a ser dependiente de la mente que la perciba y, por tanto, dejará de ser independiente.  El lema del idealismo es que todo lo que existe es lo que es percibido, y nada  más (en latín: esse est percipi).

SOLIPSISMO Y ESCEPTICISMO

Alguien podría pensar que la tesis idealista implica que al no haber realidad material que exista, independientemente de la mente que la perciba, toda mi realidad y todo el conjunto de experiencias son el producto de una sola mente.  Si yo pienso que no hay un mundo más allá de mis percepciones, podría pensar justificadamente que lo único que existe soy yo, mi mente, y todo lo que ella crea.  A esta postura se le conoce como solipsismo.  Pero si bien el solipsismo puede parecer conectado  al idealismo, al basarse ambos en argumentos comunes, hay una diferencia importante entre las dos.

Bodegón, Meléndez
El idealista cree que si hay objetos reales que existen independientemente de mi mente, pero no objetos reales que existen independientemente de cualquier mente.  Para el idealista existen muchas mentes, e incluso el idealismo clásico defendido por el filósofo británico George Berkeley afirmaba que la realidad era constante y existía porque había una mente eterna, la mente de Dios, que pensaba a todos los objetos y a todas las personas.  El solipsista, en cambio, es un ser solitario en el mundo, pues piensa que no puede existir ningún objeto independiente de su mente y que incluso las otras mentes, si las hay, son un producto de la suya.   La postura del idealista suena extraña, pero es más aceptable que la del solipsista.  En realidad pocos filósofos han defendido al solipsista, pues esta postura implica una visión del mundo tan ajena a nuestra manera cotidiana de ver las cosas, que la hace impráctica y poco sobrellevable.  Sin embargo, haya  argumentos que la apoyan.  Es deber del filósofo tener en cuenta esos argumentos, sobre todo cuando no está de acuerdo, pues puede construir su propia posición no solipsista atacando los argumentos solipsistas.  Una de las razones que hace dudoso al solipsismo, es que parece sacar conclusiones apresuradas.

Enrique Carrizosa
Del hecho de que no sepamos si existe o no un mundo físico como causa de nuestras sensaciones no se deduce necesariamente que el mundo externo no exista.  Si yo no sé si X existe o no, de ahí no puedo concluir necesariamente que X no existe, a menos que yo reduzca mi concepto de existencia a lo que yo sé.  Podemos pensar sin contradicción la existencia de objetos sin que sean conocidos o percibidos por alguna mente.  Es más, una de las condiciones que nos permiten hablar de objetos reales es de que estos existen sin necesidad de ser percibidos.  Con esto basta para mostrar que las conclusiones del solipsista son exageradas, pues no se establecen de manera necesaria a partir de las premisas que asumimos.  No obstante el solipsismo y sobre todo el idealismo sí tienen razón en algo, y es que, a pesar de que podemos pensar que existen objetos sin ser conocidos, no hay forma de constatar su existencia, pues en el momento en que tengamos la experiencia de los desconocidos, empezarán a hacer parte del conjunto de cosas que nos son conocidas.

Al menos, a partir de la experiencia parece seguro que no podemos saber de la existencia de objetos que existan independientemente de nuestras mentes, y lo que es lo mismo, tampoco podemos saber si no existen.  En filosofía, cuando sostenemos con argumentos que algo no lo podemos saber, decimos que adoptamos una postura escéptica.  Si concluimos, por el momento, que no podemos saber de la existencia o inexistencia de un mundo externo, entonces habremos adoptado una forma de escepticismo relativo al conocimiento del mundo externo.

Lo que hemos dicho es suficiente para plantear el problema del conocimiento.  Quedan por fuera respuestas más elaboradas.  Pues si bien la filosofía se origina muchas veces en el asombro que nos producen los argumentos escépticos, no permanece estática en ese lugar; si no se intenta dar respuesta a esas dificultades.


Bibliografía:
Tomado de: MONOGRAFIA, El problema del conocimiento del mundo exterior. Filosofía 10º,  Editorial Santillana Siglo XXI (ARCHILA RUIZ, Leonardo y Otros), pág. 230 - 233; 2000.

Actividades:

1.    Con base en la información del texto, realice un comentario sobre el siguiente interrogante: ¿Qué condiciones debería cumplir un objeto para ser considerado real?
2.    ¿Cómo se puede refutar el escepticismo relativo a la existencia del mundo exterior?
3.   La respuesta al interrogante 2º, enviarla al correo electrónico solo.informes.ita@gmail.com
4.    Fecha límite para la publicación de sus comentarios y el envío de sus correos: 09 de Septiembre/2011.


domingo, 22 de mayo de 2011

Lógica


LÓGICA CLÁSICA

El estudio de la lógica es importante en la medida en que ofrece normas de razonamiento que nos sirven para resolver muchos problemas de la vida ordinaria, y para dirigir correctamente nuestra capacidad reflexiva en la búsqueda de la verdad

A modo de introducción…

LENGUAJE Y PENSAMIENTO

El lenguaje no es una condición suficiente del éxito intelectual, pero el pensador sin lenguaje está incapacitado a nivel de conocimiento.  El lenguaje permite a la persona formular conceptos abstractos, hipótesis, reglas y principios a un nivel muy alto.

El lenguaje le permite al pensador que haga repeticiones mentales, que dirija y mantenga su atención y que disponga la información en secuencias ordenadas.  Tal vez, la ventaja más importante concedida por el lenguaje sea que nos permite adquirir información no sólo de nuestras propias experiencias personales, sino de la experiencia acumulada de las otras personas en el presente y en el pasado, dándonos acceso a todo el conjunto de conocimientos de nuestra generación.
G. Cohen, Psicología Cognitiva.

LA LÓGICA NO ES INDISPENSABLE PARA LA CIENCIA

Fichas de Ajedrez
Ramón y Cajal opina que la lógica no aporta nada a la investigación científica, aunque es cierto que ayuda a ejercitar la mente. 

Tengo para mí que los libros de lógica son excelentes para hacer pensar, pero de ningún modo tan eficaces para enseñar a descubrir.  Y la investigación científica exige a la persona descubrir.

En general, todos los trabajos concernientes a los métodos filosóficos de indagación (lógica), presentan vaguedad y generalidad en las reglas que contienen, las cuales, cuando no son fórmulas vacías, vienen a ser expresión del entendimiento en función de investigar.  Este mecanismo actúa inconscientemente en toda cabeza organizada y cuando, por un acto de reflexión, formula el filósofo sus leyes psicológicas, ni el autor ni el lector pueden mejorar sus capacidades necesarias para la investigación científica.  En suma, los tratadistas de métodos lógicos me causan la misma impresión que me produciría un orador que pretendiera acrecentar su elocuencia mediante el estudio del mecanismo de la voz y de la inervación de la laringe.
S. RAMÓN y CAJAL, Los tónicos de la voluntad.

LA LÓGICA INDISPENSABLE PARA LA CIENCIA

Los lógicos matemáticos opinan que la lógica es indispensable para la ciencia, en la medida en que ofrece un lenguaje estable y estricto que conduce a la verdad sin error.

Experimentación
La lógica formal moderna se esfuerza por lograr la mayor exactitud posible.  Este fin puede ser alcanzado sólo por medio de un lenguaje preciso edificado sobre la base de signos estables, visualmente perceptibles.  Un tal lenguaje es indispensable para cualquier ciencia.

Nuestros propios pensamientos si no se plasman en palabras son casi inaprehensibles para nosotros mismos; y los pensamientos de otra persona cuando no adquiere una figura externa, pueden ser accesibles sólo a un clarividente.  Toda verdad científica, para ser percibida y verificada, debe ser expuesta en una forma externa inteligible para cualquiera.  La lógica formal moderna presta, por tanto, máxima atención a la precisión del lenguaje.
J. LUKASIEWICS, La silogística de Aristóteles.

Bibliografía:
Tomado de: Lógica Clásica, Filosofía 10º,  Editorial Santillana Siglo XXI (Varios Autores), pág. 172, 179; 2000.

Actividades:

1.    Con base en la información del texto, realice un comentario sobre el siguiente interrogante: ¿Qué función le asignan a la lógica cada una de estas visiones?
2.    ¿Qué relación establecen entre lógica y ciencia?
3.   La respuesta al interrogante 2º, enviarla al correo electrónico solo.informes.ita@gmail.com
4.    Fecha límite para la publicación de sus comentarios y el envío de sus correos: 12 de Junio/2011.