sábado, 28 de julio de 2012

Métodos Filosófícos


EL METODO SOCRÁTICO  
Uno de los métodos de indagación filosófica más famosos y reconocidos es el método socrático de preguntas y respuestas.  A continuación se explica en qué consiste este método y cuál ha sido el legado que nos ha dejado a nosotros y a la filosofía de nuestro tiempo.

EL PROBLEMA

Imágen de Sócrates
Cuando entablamos alguna conversación sobre algún tema moral es usual que no nos pongamos de acuerdo.  Es corriente que no conversemos sobre esas cosas, pues sabemos que corremos el serio riesgo de caer en un embrollo sin salida.  Creemos que las personas tienen diversos puntos de vista, a veces tan disímiles, que son irreconciliables, incluso llegamos a admitir que no es posible darle punto final a esas disputas ya que el tema, por su naturaleza, no lo permite.  ¿Qué cosas son buenas?  ¿Qué acciones son justas?  Parece que no estamos todos de acuerdo en la respuesta a estas preguntas y que no es posible estar de acuerdo sobre estos temas porque, decimos, dependen del punto de vista que asumamos. Pero lo cierto es que si nos ponemos a reflexionar atentamente sobre nuestra actitud hacia estas cuestiones, nos damos cuenta de que en realidad no queremos ponernos de acuerdo, porque nos cuesta trabajo ceder cuando se trata de discutir sobre principios morales, y justificamos esta actitud diciendo que todos los puntos de vista morales son respetables, entendiendo por “respetables” algo así como “dignos de no ser discutidos”.  Esta manera de asumir las discusiones sobre la moral no es nueva.  La mayoría de los atenienses del siglo V a. de C. también la tenían.  Sin embargo, los filósofos en general no están conformes con esta manera de proceder.  Fue Sócrates el primero que intentó mostrar, de forma sistemática, las dificultades que encierra semejante actitud de rechazo ante la posibilidad de encontrar una verdad moral.  Así, el más famoso de los filósofos propuso en su tiempo un método para ponernos de acuerdo sobre estas cuestiones.  Ese método, para Sócrates, no es otro que la filosofía misma.  Antes de hablar de este método hay que advertir que la mayor parte de las cosas que sabemos de Sócrates se las debemos a su discípulo Platón.  El Sócrates del que vamos a hablar es el personaje recreado por Platón sobre su maestro tienen su sustento en hechos reales.  Para nuestros propósitos filosóficos nos basta con aceptar que todo lo que digamos del método socrático corresponde a la descripción que Platón da del mismo.  Tanto es así, que en muchos lugares es difícil distinguir hasta qué punto Platón no está poniendo en boca de Sócrates su propio pensamiento.  En buena medida, nuestra imagen de Sócrates es la imagen idealizada y un tanto romántica que Platón construyó de él.  Y nuestra concepción del método socrático no es otra que la idea que el mismo Platón tenia de la filosofía (así la haya aprendido de su maestro).

EL CAMINO DE LA REFUTACIÓN
Acróplis de Atenas
La palabra griega methodos significa camino.  Así, la filosofía, que es el método para buscar la verdad, no es otra cosa que un camino para lograr tal fin.  Y todo camino, como el lógico, tiene etapas: un comienzo, un medio y un final.  La única manera de conocer un camino es recorrerlo, y el camino debe estar lo suficientemente bien delimitado para que uno no se pierda en la consecución del objetivo.  Para Sócrates, no hay otro camino para responder a las cuestiones morales que el de dialogar, haciendo preguntas y respuestas.  Miremos los pasos de este método:
1.    Las conversaciones establecidas por Sócrates, con sus interlocutores casi siempre comienzan planteando una pregunta de la forma ¿qué es X?  Por ejemplo: ¿qué es la justicia?, ¿qué es la virtud?, ¿qué es la belleza?  A estas preguntas el interlocutor debe responder dando una definición satisfactoria y no basta con que enumere ejemplos o casos.  Si, por ejemplo, estamos discutiendo qué es lo bueno, no podemos decir que lo bueno es vivir como vive el Rey de España, pues nuestra respuesta no explica por qué otras maneras de vivir no pueden ser consideradas como “buenas”.
2.    A partir de la respuesta dada por su interlocutor, Sócrates comienza a preguntar con el fin de aclarar cuál es su pensamiento.  Esto supone que el interlocutor debe responder honestamente diciendo que es lo que realmente piensa. 
3.    Si en el juego de preguntas y respuestas el interlocutor llega a admitir que cree verdadera una afirmación que se opone a lo que había dicho anteriormente en la conversación, Sócrates dice que el interlocutor ha quedado refutado.  La tesis admitida en un principio debe ser considerada falsa, o al menos inconsistente con el conjunto más amplio de creencias que compartes Sócrates y el interlocutor.  El método funciona entonces como un test que permite saber si una tesis es consistente con un conjunto de tesis determinadas.  El interlocutor puede terminar entonces en un estado de duda o estupor, o puede aceptar que la tesis defendida en un comienzo es falsa.
4.    Si hay alguna tesis que es verdadera, o al menos, como condición indispensable de su verdad, tanto Sócrates como su interlocutor deben estar de acuerdo en ella.  Puede que la mayoría de las personas no estén de acuerdo y piensen lo contrario, pero eso no importa, o no afecta la verdad de lo establecido por el método, pues cuando se trata de buscar la verdad no interesa cuantas personas piensan lo mismo, sino si lo pensado está suficientemente argumentado de manera lógica.  Esto supone que los dos interlocutores (o más) deben saber argumentar (inferir conclusiones en el diálogo y reconocer contradicciones).
5.    El objetivo final es encontrar la verdad.  Lo que es verdad no puede ser refutado jamás, esto es, no hay argumentos válidos que puedan demostrar lo contrario. Si se discute por discutir o con el simple fin de exponer la opinión personal evadiendo la crítica, no se está filosofando.  Quien filosofa debe estar dispuesto a reconocer cuándo se ha equivocado.  Si uno es refutado en el diálogo, debe agradecerle al interlocutor el haber hecho caer en cuenta de su error, pues le ha generado un beneficio: lo ha acercado a la verdad.

LA MAYÉUTICA
La descripción que hemos hecho de lo que hace y dice Sócrates en los diálogos es, por su puesto, muy general.  Pero es suficiente para hacernos a una idea clara del proceder filosófico socrático.  Platón llamó a este proceder de varias maneras y lo describió de otras tantas.  En algunos diálogos, este método es apodado como el “arte de dialogar” o dialéctica (del griego dialektiké).  Pero así es como conocemos propiamente al método platónico de indagación, que incluye otros procedimientos no practicados por Sócrates.  Sin embargo, esto nos revela que Platón era muy consciente de que su método no era otra cosa que una configuración distinta, más elaborada, del método de su maestro.  En el diálogo Teeteto, Platón nos da, en boca de Sócrates, una descripción muy sugerente del método practicado por su maestro.  Sócrates compara allí su labor con la de una mujer que atiende los partos de las otras mujeres: así como la partera ayuda a otras mujeres a dar a luz niños, Sócrates, el filósofo, ayuda a los hombres a dar a luz la verdad.  La filosofía el mayéutica.  Pero esa dar a luz, como todo parto, es doloroso, y es muy probable que el interlocutor de Sócrates se incomode con las preguntas que ponen en cuestión sus creencias.  En el mismo diálogo Teeteto, el interlocutor queda perplejo con las preguntas del filósofo.  Sócrates lo tranquiliza diciéndole que ese estado de perplejidad o admiración es precisamente el origen de la filosofía.  En otro diálogo, el  Gorgias, Polo y Calicles, los interlocutores de turno, se ofenden con el modo de preguntar de Sócrates y con las conclusiones a los que les hace llegar.  Sócrates los acusa de incompetentes para el diálogo y la refutación, pues no saben reconocer el beneficio que les genera el ser refutados con el diálogo.  Sócrates, pues, se considera una guía que ayuda a los hombres a encontrar la verdad de la que están “preñados”.  Pero “parir” la verdad no siempre es fácil ni agradable y para eso hay que estar preparados.

LA CONDENA
Muerte de Sócrates
Según lo que nos cuenta Platón, y lo que nos cuentan otros, Sócrates murió cuando fue condenado por la ciudad de Atenas a beber la cicuta.  La condena se debió a que fue acusado ante el tribunal de haber sido “impío” y de “corromper a los jóvenes con sus enseñanzas”.  ¿Cómo es posible que uno de los maestros espirituales de la humanidad, el más famoso delos filósofos, haya sido condenado a muerte en su propia ciudad por haber cometido delitos contra la moral y la enseñanza?  La razón es simple: lo que hacía Sócrates molestaba a una parte considerable de los atenienses.  ¡Lo sorprendente era que lo único que hacía Sócrates era preguntar.  Las personas suelen esperar en sus discusiones a que los interlocutores se limiten a exponer su punto de vista sobre la cuestión a debatir.  Pero cuando se hace preguntas incisivas y se argumenta tratando de buscar coherencia y claridad en lo afirmado, la gente suele molestarse.  Probablemente fue eso lo que le sucedió a muchas de las personas con las que habló Sócrates.  Y en efecto, Sócrates incomodaba, pues  a muchos de los interlocutores no les gustaba que pusiera en cuestión su manera de pensar y su punto de vista.  La dificultad se acentuaba con el hecho de que la mayoría de las preguntas que Sócrates hacía eran sobre temas morales.  A Sócrates lo que le interesaba, fundamentalmente, era encontrar una verdad moral, esto es, una verdad que sirviera para la vida y que ayudara a los hombres a ser virtuosos y felices.  Sócrates no buscaba la verdad desinteresadamente, como si se tratara de una indagación teórica pura, alejada por completo de la práctica.  Por el contrario, él procuraba encontrar, con la aplicación del método del diálogo, respuestas que le permitieran a los hombres ser felices.  De hecho, el método mismo, es decir, la práctica de la filosofía, era para él una manera de ser feliz.  Pero muchos atenienses no lo comprendieron y por eso lo condenaron a muerte.  Lo interesante es que Sócrates no eludió la condena, pues si bien Atenas no creyó en Sócrates, Sócrates sí creyó en Atenas.  Su propósito no era ir en contra de sus conciudadanos, ni hacerles un mal.  Sócrates nunca pensó que cometía delito alguno ayudándole a los hombres a encontrar la verdad, aunque se incomodaran.  Le parecía más bien que era un error grave ser inconsecuente con su propia filosofía y no aceptar que sus conciudadanos lo acusaran de haber cometido una equivocación.  Sócrates fue tan filósofo, en este sentido, que aceptó la condena como un beneficio, así como esperaba que los otros aceptaran ser refutados en el caso de no hallarse en la verdad.

LA LECCIÓN
La lección que nos dejó Sócrates es sencilla de enunciar, pero es evidente que tiene un alcance enorme.  Si vamos a hacer filosofía, y a buscar respuestas, tenemos que aplicar un método.  Sin razonamiento y al azar no es posible hallar la verdad.  Además, si queremos hallar la verdad, debemos hacerlo entre varios, dialogando y estando siempre dispuestos a que nos corrijan y nos digan cuando estamos equivocados, evitando posturas dogmáticas y prepotentes.  Debemos reconocer que cuando alguien competente nos hace caer en cuenta de que nuestras opiniones y puntos de vista –aunque sean sobre delicados asuntos morales- no son los más correctos y persistentes, esa persona no está en contra nuestra sino a nuestro favor: nos está haciendo un beneficio (incluso si llega a cuestionar nuestro propio modo de vida).  En los debates filosóficos debemos razonar en conjunto para responder preguntas y aclarar conceptos y no creer que estemos en un combate en el que buscamos atacar al otro, evitando que el otro nos ataque.  La filosofía se presenta entonces como una actividad necesaria para la vida.  Puede que ponga en cuestión creencias y prácticas que nos son muy queridas o a las que estamos muy acostumbrados.  Pero esto no debe preocuparnos: son los dolores del parto.  Sócrates nos enseñó con su vida y Platón con su obra que el objetivo último de la filosofía es encontrar la manera correcta de vivir felices, y su filosofía es un claro ejemplo de ese modo de vida feliz buscando.  Cualquier persona puede notar que esa empresa no es fácil, pero todos descubrimos que cuando se trata de buscar la felicidad, no se deben escatimar esfuerzos.      

Bibliografía:
ARCHILA RUIZ, Leonardo y Otros. Filosofía 10º, Editorial Santillana Siglo XXI, Santafé de Bogotá. Pág. 56 - 59; 2000.

Actividades:

1.    Con base en la información del texto, realice un comentario sobre el siguiente interrogante: ¿Cuál es la relación entre el ser felices y la filosofía?
2.    Según el texto: ¿cuál es la lección que Sócrates deja a la humanidad?
3.   La respuesta al interrogante 2º, enviarla al correo electrónico solo.informes.ita@gmail.com
4.    Fecha límite para la publicación de sus comentarios y el envío de sus correos: 17 de Agosto/2012.