domingo, 7 de julio de 2013

Filosofía, Ciencia y otros saberes

FILOSOFÍA, CIENCIA Y OTRAS FORMAS DE SABER

EL ÁMBITO DEL SABER

La palabra saber se usa para describir una relación especial que puede tener un sujeto con cierta información (Por ejemplo, saber que Newton es el padre del cálculo diferencial) o con cierta actividad (p.ej., saber cómo tocar piano).  Usualmente la filosofía se centra en estudiar y saber cómo una relación que tienen los seres cognitivos con cierta información, más que como una habilidad o una capacidad práctica.

LAS FUENTES DEL SABER

Podemos distinguir entre dos problemas relativos al saber: su origen y su justificación.  El problema fundamental del origen del saber es si este tiene como única fuente la experiencia o si hay tipos de saber que podemos obtener de manera independiente de la experiencia.  La posición denominada empirismo, que tiene como uno de sus principales fundadores a John Locke (1632-1704), postula que todos los saberes de un ser cognitivo son obtenidos a través de su experiencia, es decir, mediante los cinco sentidos. El principal argumento en el que se apoya es en que es fácil trazar, para cada uno de nuestros saberes, una genealogía en la experiencia, tanto a lo concerniente a la posesión de los saberes como en lo relativo a su comprensión.  Por ejemplo, podemos decir que nuestra posesión del concepto azul depende de haber visto objetos de color azul, concepto que para un ciego sería difícil entender en el mismo sentido en que lo hacen los videntes.  Sin  embargo, el principal problema del empirismo es que parece funcionar muy bien con conceptos que pueden ser constatados directamente con los sentidos, como los colores y los sonidos, pero se enfrenta con dificultades al tratar de explicar nuestro saber de conceptos más abstractos, como el amor o la libertad.  Según la posición denominada innatismo, defendida por autores como Gottfried Leibniz (1646-1716) y René Descartes (1596-1650), es necesario que alguno de nuestros conceptos sean poseídos desde antes de nacer y, por ende, algunos de nuestros saberes tendrían como fuente el entendimiento mismo y no la experiencia.  Podemos considerar que hay saberes en los que la mente se sirve de sí misma para generarlos, como las operaciones lógicas.  También podemos decir que hay conceptos necesarios para poder tener experiencias y, por ende, no pueden ser dados por la experiencia sino que deben ser previos a ella.  Supongamos que las experiencias comunes son de objetos que tienen unas determinadas propiedades (por ejemplo, una silla que es roja).  Ahora, imaginemos a un bebé recién nacido que aún no ha tenido suficientes experiencias para comprender conceptos abstractos como objeto o propiedad y que está mirando una silla roja.  El innatista apelaría a que sería muy difícil postular a que el bebé puede percibir una silla como roja, cuando no tiene tales conceptos abstractos que le permitan ordenar su experiencia en términos de un objeto (silla) que tiene una propiedad roja.  De tal manera, el bebé percibe la silla como roja sólo porque posee los conceptos de objeto y de propiedad de manera innata.
LAS FORMAS DEL SABER

En torno a la justificación del saber, se plantean varias problemas y posturas: i) Saber Intuitivo.  Un saber intuitivo es un tipo de saber que un ser cognitivo reconoce como verdadero o falso de manera inmediata, es decir, sin necesidad de una demostración de ninguna clase.  Los ejemplos más discutidos de este tipo de saber son los principios lógicos, como la noción euclidiana de “una cosa es igual a sí misma”.  Aún si se concede la existencia de saberes intuitivos, existen muchas divergencias acerca de si estos son relativos a ciertas culturas o inclusive a ciertos individuos; ii) Saber Cultural, popular o convencional.  Supongamos que alguien tiene un dolor muy fuerte en alguna parte de su cuerpo.  Algún familiar puede sugerirle que tome infusiones de tallo de sauce y, al recibirlas, la persona presente un gran alivio.  También es posible que la persona busque el consejo de un médico naturista y que este le haga la misma recomendación, obteniendo los mismos resultados.  ¿Cuál es la diferencia entre el saber del familiar y el del médico?  Que el familiar no tiene ninguna explicación de su consejo más allá de que en efecto funciona, mientras que el médico puede apelar a ciertas propiedades del sauce para argumentar su efecto sobre el paciente.  Si bien no es intuitivo saber que el sauce sirve para calmar el dolor, esta utilidad hace parte de la cultura popular y se acepta como un saber sin mayor justificación; iii) Saber Científico.  El saber científico se justifica en la experiencia controlada mediante experimentos.  Retomando el ejemplo anterior, supongamos que alguien quiere justificar científicamente que el tallo de sauce sirve para calmar el dolor.  El hecho de que la experiencia nos muestre que en efecto sirve no es suficiente.  Es necesario comprobar, mediante estudios, que en efecto son las propiedades del sauce las que tienen un efecto sobre la dolencia del paciente y no otros elementos como la temperatura de la infusión.  Además, ese fenómeno debe ser consistente con oros principios generales a cerca del dolor; iv) Saber Filosófico.  La pregunta acerca de cuál es la naturaleza del saber filosófico es sumamente polémica, principalmente en nuestra época.  Tradicionalmente se ha considerado que el saber filosófico tiene una justificación de naturaleza lógica, es decir, una tesis filosófica se acepta o rechaza en virtud de los buenos o malos que sean los argumentos que la sustentan, siendo la lógica la disciplina encargada de discernir la calidad de ellos.  No obstante, desde hace algunos años, la filosofía experimental ha tomado alguna fuerza y actualmente se debate acerca del rol de los experimentos en las teorías filosóficas.

EL SABER CIENTÍFICO

LA CIENCIA.  La noción de ciencia ha estado muy ligada a la de filosofía.  En el mundo griego, ciencia era episteme, es decir, el tipo de conocimiento superior, el más elaborado.  Platón lo oponía a opinión (doxa), que era el conocimiento propio del mundo sensible, el de los objetos empíricos.  La  episteme era el conocimiento propio del mundo inteligible, eterno e inmutable.  Aristóteles, por su parte lo concebía como un tipo de conocimiento universal y necesario producido por deducción a partir de principios, y por ello no afectado por las imperfecciones del conocimiento puramente sensorial, limitado y contingente.  En la jerarquía de conocimientos que proponía, la episteme era el conocimiento previo al nivel supremo de conocimiento o sabiduría (Sofía).  Así, tanto la ciencia como la  filosofía eran tipos de conocimiento con pretensiones de universalidad, necesidad, inmutabilidad y eternidad.  La episteme tenía muy poco de nuestro actual concepto de ciencia, tan ligado a la indagación observacional y experimental de la naturaleza y de un carácter eminentemente hipotético y, por ello, revisable.  La noción moderna de ciencia se elabora en el Renacimiento, cuando se produce la llamada Revolución científica.  Es entonces cuando ciencia y filosofía se diferencian.  Y esto ocurre porque determinadas ciencias particulares, sobre todo algunas de las ciencias empíricas de la naturaleza, como la física y la astronomía, se organizan, determinan sus rasgos específicos y diseñan su propio método.  Los dos elementos que diferenciaron el saber científico del filosófico fueron la experiencia, entendida como experimentación, y la aplicación de las matemáticas  al estudio de la realidad.  Entendemos por experimento un conjunto de actividades convenientemente planificadas con ayuda de fórmulas matemáticas, con las que se pretende descubrir cómo se comportan las cosas.  El objetivo del conocimiento científico no es determinar qué son las cosas, sino cómo se comportan, y para ello no basta con observar qué sucede espontáneamente, sino que es preciso construir la experiencia, controlarla, de modo que muestre los aspectos que interesa conocer.

¿ES CIENCIA LA FILOSOFÍA?  Sólo podemos decir que la filosofía es ciencia si entendemos por ciencia un saber riguroso, capaz de ofrecernos la estructura fundamental de la realidad.  Sin embargo, si utilizamos la noción de ciencia moderna, los enunciados científicos no sólo han de formar parte de un saber riguroso, sino que han de poder verificarse o falsearse experimentalmente, cosa que no ocurre con los enunciados filosóficos.  Esto no significa que la filosofía no sea un saber racional y riguroso, sino que no es una ciencia tal como hoy la entendemos.  Saber y ciencia no se identifican: hay formas racionales de saber que no son ciencia, como es el caso de la filosofía.  Empeñarse en reducir todo saber racional al saber científico recibe el nombre de cientificismo.

TIPOS DE CIENCIAS.  A lo largo de la historia se han ofrecido diversas clasificaciones de las ciencias.  Esto obedece tanto a la pluralidad de criterios que pueden adoptarse para la clasificación como al hecho de que las ciencias son construcciones históricas.  Aunque la ciencia cobre independencia a partir del Renacimiento, cada ciencia particular ha seguido su propio proceso.  Por ejemplo, la sociología adquiere su autonomía a finales del siglo XIX y la sociobiología se desarrolla en XX.  Parece que una ciencia pasa a ser considerada como tal cuando delimita su objeto de estudio y, sobre todo, cuando propone su propio método.  Algunos autores consideran que el rasgo que caracteriza a una ciencia es fundamentalmente su método, entendiendo por método un modo de pensar o de actuar previamente planificado, ordenado y orientado  a la consecución de un fin.  Combinando los diversos tipos de métodos de las ciencias con los diferentes objetos que estudian, puede proponerse la siguiente clasificación:


Ciencias
Formales
Empíricas



Lógica
Matemáticas
Naturales
Sociales

Aritmética
Teoría de Conjuntos
Geometría
Álgebra
Físicas
Biológicas

Sociología
Psicología
Economía
Politología
Geografía Humana
Antropología
Historia
Sociobiología


Física
Química
Geología
Astronomía
Geografía Física

Biología
Fisiología
Anatomía
Botánica
Genética


LOS MÉTODOS DEL SABER CIENTÍFICO

Métodos de las Ciencias Formales.  Las ciencias formales no se refieren a hechos de la experiencia, sino a la forma de los razonamientos.  Se rigen por su propia coherencia interna pero tienen gran aplicación.  De hecho, Galileo quedó sorprendido al comprobar que el mundo real responde a los experimentos formulados con lenguaje matemático.  Y la lógica, al estudiar las reglas que rigen la forma correcta de razonar bien en el ámbito de cualquier tipo de saber.  Los dos modos de demostración más frecuentes en las ciencias son la deducción  y la  inducción.  La deducción se utiliza tanto en las ciencias formales como en las empíricas, pero las ciencias formales las usan como procedimiento casi exclusivo.  Entendemos por deducción el proceso de razonamiento que permite derivar de una o varias proposiciones dadas, llamadas premisas, otra, que es su consecuencia lógica necesaria y que se denomina conclusión.  Un ejemplo de sistema deductivo es el ajedrez.  El ideal metodológico de las ciencias formales es constituirse en un sistema axiomático, es decir, adoptar en su integridad la estructura deductiva.  Para ello, el sistema debe contar con los siguientes elementos: i) Axiomas, que son principios fundamentales indemostrables dentro del sistema.  Se seleccionan por su utilidad, su fecundidad, su implantación en la ciencia correspondiente o por su evidencia.  Por ejemplo, un axioma de la geometría euclidiana es “por un punto exterior a una recta sólo puede trazarse una paralela a ella”; ii) Reglas de formación y de transformación, que permiten extraer nuevos enunciados válidos para ampliar el sistema.  Por ejemplo, las reglas que se deben seguir para sumar; iii) Teoremas, que son los enunciados obtenidos deductivamente a partir de axiomas o de otros teoremas ya demostrados.  Un ejemplo sería el teorema de Pitágoras.  La estructura y el alcance de un sistema axiomático están determinados por sus axiomas.  De ahí que se haya construido geometrías alternativas a las convencionales, partiendo de otros axiomas diferentes, por ejemplo, las geometrías no euclídeas, en las que por un punto exterior a una recta se puede trazar más de una paralela.

Método de las Ciencias Naturales.  Así como las ciencias formales utilizan sobre todo el razonamiento deductivo, las ciencias naturales se han servido de la demostración inductiva.  Sin embargo, en ocasiones las ciencias naturales se valen tanto de procesos deductivos como inductivos para complementar su método, y lo llaman método hipotético-deductivo. 

Método Inductivo.  Se entiende por inducción un tipo de razonamiento en el que se obtiene una conclusión general a partir de una serie de casos singulares conocidos por experiencia y constatados empíricamente.  Hay dos tipos de inducción: completa e incompleta.  En la inducción completa, se parte del conocimiento individual de todos y cada uno de los casos que se dan dentro de un ámbito, mientras que la inducción completa se apoya en una serie de comprobaciones individuales, que no abarcan la totalidad de los casos posibles.  Por lo tanto, la conclusión no será necesariamente cierta, sino probable, y tal probabilidad dependerá de la cantidad de casos comprobados. 

Método Hipotético-Deductivo.  El método hipotético-deductivo se estructura en tres niveles: i) Enunciados protocolarios, que expresan fenómenos del mundo y son susceptibles de ser constatados empíricamente.  Son enunciados objetivos y comunicables unívocamente.  Por ejemplo: los bolígrafos suspendidos en el espacio gravitatorio caen; ii) Las Leyes, son enunciados universales que expresan el comportamiento o la relación que guardan unos determinados fenómenos de un modo regular e invariable.  Para que un enunciado universal pueda ser considerado como ley de la naturaleza, tiene que haber sido confirmado por la experiencia.  Un ejemplo clásico es la ley de la gravedad; iii) Las Teorías son enunciados universales de los que pueden deducirse todas las leyes de una ciencia particular.  Dan unidad a una ciencia y permiten hallar nuevas leyes.  Un ejemplo es la teoría de la relatividad.  Los pasos del método hipotético deductivo son: 1) se detecta, mediante observación y experimentación, un problema no resuelto por el saber del que se dispone; 2) se elaboran una o varias hipótesis explicativas del hecho observado o del problema detectado; 3) se formulan matemáticamente las hipótesis y se deducen las consecuencias contrastables por la experiencia.  Es un momento deductivo de la ciencia empírica; 4) se someten a contrastación (verificación y falsación)  las consecuencias, mediante la experimentación.  Una hipótesis es verdadera sólo cuando los hechos observados concuerdan con los hechos deducidos de la hipótesis (verificación).  Hay autores que prefieren hablar de corroboración y no de verificación porque, aunque la hipótesis concuerde con los hechos, de ella nunca se podrá decir que es verdadera, sino sólo que ha sido confirmada.  Al contrario, una hipótesis se refuta cuando los hechos con el mundo no concuerdan con los hechos deducidos de la hipótesis (falsación); 5) se acepta como Ley la hipótesis, es decir, adquiere validez general, aunque siempre conservará su carácter hipotético, después de haber sido comprobada en un cierto número de casos.

Establecidas varias leyes por este procedimiento, se intenta unificarlas mediante una teoría general de la que puedan derivarse deductivamente. Para ello se establece hipotéticamente la teoría, se elabora matemáticamente y se deducen nuevas leyes.  Si se logra verificarlas o confirmarlas,  se admite la validez de la teoría.  En el siglo XX, el filósofo Thomas Kuhn (1922-1996) le dio un nuevo significado a la comunidad científica, adoptando el término de paradigma científico.  Según Kuhn, un paradigma es aquél marco conceptual amplio en el que se integran algunas teorías científicas.  Estos paradigmas introducen supuestos compartidos, técnicas de identificación y resolución de problemas, reglas de aplicación, valores y creencias.  Es decir, cuando la comunidad científica acepta un paradigma quiere decir que los científicos lo han decidido de común acuerdo, a la luz de los criterios internos de la misma comunidad científica y de la situación histórica.  Según Kuhn, el más leve cambio en las creencias y los valores de un paradigma aceptado genera las llamadas revoluciones científicas. 

Método de las Ciencias Sociales.  El objeto de las ciencias sociales es la realidad social, lo que plantea una peculiar relación entre sujeto y objeto del conocimiento: el sujeto forma parte del objeto de estudio.  Este hecho confiere a las ciencias sociales las siguientes características propias: i) la capacidad de predicción es menos que en las ciencias naturales porque interviene la libertad del sujeto, del ser humano; ii) la capacidad de generalización es menor que en las ciencias naturales porque la diversidad de los eventos humanos es mucho mayor.  Incluso hay ciencias que no se ocupan de hechos generalizables, sino individuales, como la historia; iii) la neutralidad valorativa es imposible porque el investigador no es independiente de lo investigado.  Estas características llevan a un problema clásico: ¿ha de ser el método de estas ciencias del mismo tipo que el de las naturales?  La respuesta apunta hacia dos tradiciones diferentes: la empírico-analítica (perdigue la unidad de la ciencia y exige aplicar el método delas ciencias naturales a las ciencias sociales) y la hermenéutica (considera que las ciencias sociales tienen un estatus diferente y han de adoptar una metodología propia).  En todo caso, debido a la complejidad del objeto de estudio, dentro de las ciencias sociales no existe un único método, como sucede con las ciencias formales y las ciencias naturales.  Además, las hipótesis y las teorías de las ciencias sociales tampoco pueden ser refutadas a partir de un proceso lógico-deductivo, sino que se someten a debate, y en muchas ocasiones sin llegar a una única conclusión.   Habría así dos clases de enfoque metodológico: uno dirigido a la explicación y otro a la comprensión.  Explicar un fenómeno consiste en conocer las causas que lo producen.  Comprender un acontecimiento consiste en captar su sentido, para lo que es preciso hoy situarse dentro de los hechos.  Algunos autores analizan la noción de explicación comprensiva porque consideran que en ocasiones no es posible separar explicación y comprensión, pues la explicación facilita la comprensión y la comprensión demanda explicaciones de los fenómenos.  Las ciencias sociales utilizan dos técnicas para llevar a cabo sus estudios: Cuantitativa (es una técnica que se basa en las matemáticas para sacar resultados en cantidades que puedan ser mostrados estadísticamente –test, cuestionarios, muestreos, etc.-).  Cualitativa (es una técnica que busca recoger información que pueda permitir su valoración o cualificación –entrevistas, grupos de discusión, historias de vidas, etc.-).


EL SABER FILOSÓFICO

El origen de la Filosofía.  Es comúnmente aceptado que la filosofía occidental tiene su nacimiento en Grecia durante el siglo VI a. C.  Es también usual postular que la motivación principal para el nacimiento de la filosofía se encuentra en una creciente necesidad de encontrar explicaciones diferentes a las que ofrecían los mitos acerca del origen de las cosas.  Existen dos factores cruciales para que surgiera tal necesidad: El dinamismo comercial de Grecia, que hizo que a sus puertos llegaran personas de muchos lugares diferentes, lo que permitió que los griegos tuvieran conocimiento de explicaciones míticas pertenecientes a otras culturas.  Este factor causó que se empezaran a generar dudas acerca de si los mitos griegos eran correctos.  Asimismo, esto hizo que muchos filósofos presocráticos como Tales de Mileto, sintieran la necesidad de tener criterios para saber cuál de las explicaciones era correcta, independientemente de las aceptaciones culturales.  El desarrollo de la técnica y el crecimiento de la ciencia en Grecia hicieron que se empezara a preferir explicaciones basadas en la experiencia o en argumentos, superando las narraciones míticas.  En resumen, en Grecia hubo un clima propicio para buscar un tipo de explicación nuevo que fuera justificable más allá de la aceptación cultural y que, por ende, fuera aceptable de manera universal.  Este cambio en el pensamiento griego se denomina paso del mythos al lógos.

LA NATURALEZA DE LA FILOSOFÍA

1).  La filosofía como búsqueda de la verdad.  Tal vez el planteamiento filosófico de Sócrates (469 a. C.-399 a.C.) que más ha dado de qué hablar es su declaración de ignorancia, en la que afirma que la única cosa que sabe es que no sabe nada.  Sócrates concibe el ejercicio filosófico como una búsqueda del conocimiento.  El punto de partida del filósofo sería, entonces, ser consciente de su desconocimiento sobre las respuestas a las preguntas importantes acerca del mundo y su papel consistiría en intentar obtener tales respuestas.  Por lo tanto, podemos concebir la filosofía como un “caminar”   hacia la verdad y, en este camino, siempre será necesario volver críticamente sobre las respuestas que se han obtenido.  Según esta concepción, existen dos formas diferentes de entender la verdad como objetivo de la filosofía: la verdad sólo serviría como guía de todas nuestras actividades relacionadas con el saber pero, en principio, no es alcanzable y, por ende, solo podemos aspirar a acercarnos cada vez más a ella.  Se puede considerar que la verdad sí es alcanzable pero solo parcialmente, es decir, relativa a preguntas y problemas concretos.  Por ende, la búsqueda de la verdad será igualmente perpetua. 
2).  La filosofía como búsqueda de la felicidad.  Hay una concepción de la filosofía en la que el ideal que se busca no es la verdad sino la felicidad, entendiéndola, en sentido general, como la mejor forma de vivir, individual y comunitariamente.  Considerando que todos los hombres quieren ser felices, la pregunta central de esta concepción filosófica es qué han de hacer para serlo.  Tal concepción tuvo su auge con el epicureísmo, el estoicismo y el pirronismo.  Esta concepción de la filosofía está centrada en el ser humano y, si bien se ocupa de temas tradicionales como la epistemología, la lógica, la metafísica y la cosmología, todos esos estudios se realizan en tanto tienen algo que aportar a la comprensión de qué es un ser humano y, por ende, de cuál es la mejor manera que tiene él de llevar su vida.  Por ejemplo, los estoicos desarrollan toda una especie de metafísica determinista que postulaba que el hombre debía llevar una vía sin mayores preocupaciones, mientras todos los sucesos del universo sucedían según un orden causal que él no podía .  Otro ejemplo interesante es el del escepticismo pirrónico, que desarrolla unos argumentos lógicos y epistémicos que buscan demostrar que es imposible considerar una tesis como verdadera y, por lo tanto, el hombre debería llevar una vida alejada de las preocupaciones que produciría querer buscar la verdad.
3). La filosofía como búsqueda de la claridad.  Uno de los filósofos más influyentes del siglo pasado, Willard van Orman Quine (1908-2000), concebía el ejercicio filosófico como “aclarar, no defender”Desde este punto de vista, la filosofía debe encontrar el significado preciso de los términos y de las oraciones que usa para expresar tesis e ideas.  Según Quine, y los demás filósofos analíticos, la herramienta para tal tarea es el análisis lógico: no dejarse engañar por la gramática de las oraciones sino encontrar su estructura lógica.  La sentencia quineana entiende que la claridad acerca del significado de una tesis o de unas premisas es prioritaria sobre su utilización en un argumento.  Además, concibe que la búsqueda de la verdad es una empresa en la que la ciencia y la filosofía deben trabajar en conjunto, siendo el aporte de la filosofía poseer un lenguaje claro para expresar las teorías y, por ende, ponerlas a prueba de una manera más satisfactoria.  Parece innegable que la claridad en el significado juega un rol crucial en el discurso filosófico.  Por ejemplo, tomemos la oración los unicornios tienen un cuerno.  Si consideramos que el significado de esta oración se determina igual que el de una oración sujeto-predicado común, las implicaciones metafísicas serían muy grandes.  Una oración sujeto-predicado se caracteriza por afirmar o negar la propiedad de un objeto y, por lo tanto, supone la existencia de ese objeto.  Entonces, si la oración anterior se toma como sujeto-predicado, tendríamos que comprometernos con la idea de que los unicornios existen de alguna manera, así como que su verdad se determina buscando a los unicornios para ver si tienen un cuerno o no. Esto muestra que la manera de entender el significado va a tener consecuencias no solo en el sentido literal de una oración, sino en el tipo de cosas a las que implícitamente le atribuimos existencia.

LOS MÉTODOS DE LA FILOSOFIA

Para hablar de los métodos de la filosofía es necesario distinguir claramente entre método filosófico y teoría filosófica.  Un método filosófico es una manera particular de entender qué es un problema y una forma específica de solucionarlo.  En cambio, una teoría filosófica es un tipo de respuesta que se le da a un problema filosófico concreto.  Examinamos a continuación los métodos más importantes en filosofía:
1). Método Dialéctico.  La palabra dialéctica significa “diálogo o conversación”.  La dialéctica es un método filosófico en el que se ponen en diálogo las diferentes opiniones o tesis que pueden servir como respuesta a una pregunta filosófica.  A partir de un inventario de posibles posiciones hacia una pregunta, se analizan tanto los principales problemas  como las ventajas que tienen tales opciones y,  a través de ese análisis, se saca una conclusión que sirva como respuesta al problema.  En esta conclusión se intentan evitar los problemas detectados en las respuestas analizadas, así como rescatar los argumentos contundentes de ellas.  Platón (427 a. C.-348 a. C.) es posiblemente el filósofo que más utilizó este método, dado que lo convirtió en su estilo de escritura.  Utilizando a Sócrates como figura intermediaria, Platón redactó su pensamiento filosófico en forma de diálogos entre diversos personajes que representaban cada una de las posibles posiciones.  La dialéctica supone que los problemas filosóficos no pueden ser resueltos apelando a un experimento o a un solo argumento contundente, sino que necesitan de un análisis que abarque varios puntos de vista.  El problema fundamental de este método es que no se puede tener certeza de que el análisis de diferentes opiniones encamine hacia una solución correcta.
2). Método Trascendental.  En filosofía, el método trascendental fue propuesto por Immanuel Kant (1724-1804), principalmente en su obra Crítica de la razón pura.  El método trascendental no trata de indagar cuál es el origen de nuestro saber, sino de fundamentarlo, de dar razón de él.  Este método tampoco intenta explicar las propiedades y las características de los objetos estudiados, sino que supone una cierta naturaleza de un fenómeno para investigar cuáles son las condiciones que hace posible que podamos conocer determinados objetos.  Tomemos como ejemplo el caso de la experiencia.  El interés de Kant no es el de investigar si la experiencia se basa en objetos, en meras cualidades o si todo lo que experimentamos es simplemente una ilusión.  Él parte de nuestra concepción intuitiva de que tenemos experiencia de objetos y, dado que la experiencia se entiende como una relación entre la mente y el mundo, pasa a investigar cómo deben ser nuestra mente y el mundo para que tal experiencia pueda darse, es decir, indaga sobre las condiciones que hacen posible que la experiencia se dé efectivamente. 
3). Método Naturalista.  En tanto método filosófico, el naturalismo postula que no existe una diferencia de principio entre la filosofía y la ciencia natural porque tienen objetivos y métodos similares: ambos estudian fenómenos naturales.  De esta manera, los problemas filosóficos no se entienden como problemas con principios diferentes a los de la ciencia natural.  El ejemplo más claro de este tipo de metodología es la investigación sobre epistemología que hizo Quine en su artículo La naturalización de la epistemología, en el que propone que la epistemología no es una disciplina encargada de fundamentar el conocimiento, sino una parte de la ciencia natural, específicamente de la psicología, que explica cómo llegamos a tener conocimientos ordenados en teorías a partir de la estimulación de nuestro aparato sensorial.  De todas maneras, aspectos propiamente filosóficos en tales estudios, como es la preocupación por darle claridad conceptual a ciertas nociones claves. 
4). Método Hermenéutico.  La hermenéutica como método filosófico, cuyos principales autores son Hans-Georg Gadamer (1900-2002) y Martin Heidegger (1889-1976), se puede entender a partir de una distinción entre explicar y comprender: cuando hablamos de una explicación, nos referimos casi siempre a relaciones causales, y sobre todo a relaciones causales que se adecuan a ciertas regularidades que llamamos leyes.  El planteamiento principal de la hermenéutica es que hay al menos algunos fenómenos que no son estudiados satisfactoriamente desde ese punto de vista.  Por ejemplo, explicar un conjunto de acciones humanas como el holocausto nazi utilizando relaciones de causa-efecto no es suficiente y, en cambio, es necesario tener una comprensión de él que logre darle sentido.  Comprender algo es entenderlo e interpretarlo desde la propia experiencia subjetiva.
5). Método Analítico-Conceptual.  Según el análisis conceptual, cuyos principales defensores son Ludwig Wittgenstein (1889-1951) y Bertrand Russell (1872-1970), la mayor parte de los problemas filosóficos se plantean porque las expresiones filosóficas son imprecisas y dan lugar a confusiones.  Esta concepción afirma que el método de la filosofía debería estar encaminado al análisis de los conceptos que se usan en un discurso y el de la ciencia debería ser el de la explicación de los fenómenos de la naturaleza.  En términos generales, este método no está interesado en conocer la realidad ni en investigar las facultades del conocimiento, como lo hace el método trascendental, sino que concentra su interés en el lenguaje.  Por ejemplo, el norteamericano Michael Dummett   ha visto la necesidad de aclarar el significado de los términos utilizados en los discursos políticos de los radicalistas europeos en el siglo XX.  Las implicaciones de la afirmación de Hitler de “quien renuncia a luchar en un mundo cuya ley es una lucha constante, no merece vivir” solo se pueden advertir después de aclarar el significado bélico que le daban los nazis al término de lucha.

Bibliografía:
SANCHEZ LEÓN, María Cristina y ORDOÑEZ PINILLA, Camilo. Pensamiento Filosófico I, Editorial Santillana, 1ª Edición, 2012, páginas: 18-26.

Actividades:

1.    Responder:
ü  ¿Cuáles son las formas del saber?  Definirlas.

ü  ¿Cuáles son los tipos de ciencias?  ¿En qué se diferencian?