domingo, 7 de julio de 2013

Filosofía, Ciencia y otros saberes

FILOSOFÍA, CIENCIA Y OTRAS FORMAS DE SABER

EL ÁMBITO DEL SABER

La palabra saber se usa para describir una relación especial que puede tener un sujeto con cierta información (Por ejemplo, saber que Newton es el padre del cálculo diferencial) o con cierta actividad (p.ej., saber cómo tocar piano).  Usualmente la filosofía se centra en estudiar y saber cómo una relación que tienen los seres cognitivos con cierta información, más que como una habilidad o una capacidad práctica.

LAS FUENTES DEL SABER

Podemos distinguir entre dos problemas relativos al saber: su origen y su justificación.  El problema fundamental del origen del saber es si este tiene como única fuente la experiencia o si hay tipos de saber que podemos obtener de manera independiente de la experiencia.  La posición denominada empirismo, que tiene como uno de sus principales fundadores a John Locke (1632-1704), postula que todos los saberes de un ser cognitivo son obtenidos a través de su experiencia, es decir, mediante los cinco sentidos. El principal argumento en el que se apoya es en que es fácil trazar, para cada uno de nuestros saberes, una genealogía en la experiencia, tanto a lo concerniente a la posesión de los saberes como en lo relativo a su comprensión.  Por ejemplo, podemos decir que nuestra posesión del concepto azul depende de haber visto objetos de color azul, concepto que para un ciego sería difícil entender en el mismo sentido en que lo hacen los videntes.  Sin  embargo, el principal problema del empirismo es que parece funcionar muy bien con conceptos que pueden ser constatados directamente con los sentidos, como los colores y los sonidos, pero se enfrenta con dificultades al tratar de explicar nuestro saber de conceptos más abstractos, como el amor o la libertad.  Según la posición denominada innatismo, defendida por autores como Gottfried Leibniz (1646-1716) y René Descartes (1596-1650), es necesario que alguno de nuestros conceptos sean poseídos desde antes de nacer y, por ende, algunos de nuestros saberes tendrían como fuente el entendimiento mismo y no la experiencia.  Podemos considerar que hay saberes en los que la mente se sirve de sí misma para generarlos, como las operaciones lógicas.  También podemos decir que hay conceptos necesarios para poder tener experiencias y, por ende, no pueden ser dados por la experiencia sino que deben ser previos a ella.  Supongamos que las experiencias comunes son de objetos que tienen unas determinadas propiedades (por ejemplo, una silla que es roja).  Ahora, imaginemos a un bebé recién nacido que aún no ha tenido suficientes experiencias para comprender conceptos abstractos como objeto o propiedad y que está mirando una silla roja.  El innatista apelaría a que sería muy difícil postular a que el bebé puede percibir una silla como roja, cuando no tiene tales conceptos abstractos que le permitan ordenar su experiencia en términos de un objeto (silla) que tiene una propiedad roja.  De tal manera, el bebé percibe la silla como roja sólo porque posee los conceptos de objeto y de propiedad de manera innata.
LAS FORMAS DEL SABER

En torno a la justificación del saber, se plantean varias problemas y posturas: i) Saber Intuitivo.  Un saber intuitivo es un tipo de saber que un ser cognitivo reconoce como verdadero o falso de manera inmediata, es decir, sin necesidad de una demostración de ninguna clase.  Los ejemplos más discutidos de este tipo de saber son los principios lógicos, como la noción euclidiana de “una cosa es igual a sí misma”.  Aún si se concede la existencia de saberes intuitivos, existen muchas divergencias acerca de si estos son relativos a ciertas culturas o inclusive a ciertos individuos; ii) Saber Cultural, popular o convencional.  Supongamos que alguien tiene un dolor muy fuerte en alguna parte de su cuerpo.  Algún familiar puede sugerirle que tome infusiones de tallo de sauce y, al recibirlas, la persona presente un gran alivio.  También es posible que la persona busque el consejo de un médico naturista y que este le haga la misma recomendación, obteniendo los mismos resultados.  ¿Cuál es la diferencia entre el saber del familiar y el del médico?  Que el familiar no tiene ninguna explicación de su consejo más allá de que en efecto funciona, mientras que el médico puede apelar a ciertas propiedades del sauce para argumentar su efecto sobre el paciente.  Si bien no es intuitivo saber que el sauce sirve para calmar el dolor, esta utilidad hace parte de la cultura popular y se acepta como un saber sin mayor justificación; iii) Saber Científico.  El saber científico se justifica en la experiencia controlada mediante experimentos.  Retomando el ejemplo anterior, supongamos que alguien quiere justificar científicamente que el tallo de sauce sirve para calmar el dolor.  El hecho de que la experiencia nos muestre que en efecto sirve no es suficiente.  Es necesario comprobar, mediante estudios, que en efecto son las propiedades del sauce las que tienen un efecto sobre la dolencia del paciente y no otros elementos como la temperatura de la infusión.  Además, ese fenómeno debe ser consistente con oros principios generales a cerca del dolor; iv) Saber Filosófico.  La pregunta acerca de cuál es la naturaleza del saber filosófico es sumamente polémica, principalmente en nuestra época.  Tradicionalmente se ha considerado que el saber filosófico tiene una justificación de naturaleza lógica, es decir, una tesis filosófica se acepta o rechaza en virtud de los buenos o malos que sean los argumentos que la sustentan, siendo la lógica la disciplina encargada de discernir la calidad de ellos.  No obstante, desde hace algunos años, la filosofía experimental ha tomado alguna fuerza y actualmente se debate acerca del rol de los experimentos en las teorías filosóficas.

EL SABER CIENTÍFICO

LA CIENCIA.  La noción de ciencia ha estado muy ligada a la de filosofía.  En el mundo griego, ciencia era episteme, es decir, el tipo de conocimiento superior, el más elaborado.  Platón lo oponía a opinión (doxa), que era el conocimiento propio del mundo sensible, el de los objetos empíricos.  La  episteme era el conocimiento propio del mundo inteligible, eterno e inmutable.  Aristóteles, por su parte lo concebía como un tipo de conocimiento universal y necesario producido por deducción a partir de principios, y por ello no afectado por las imperfecciones del conocimiento puramente sensorial, limitado y contingente.  En la jerarquía de conocimientos que proponía, la episteme era el conocimiento previo al nivel supremo de conocimiento o sabiduría (Sofía).  Así, tanto la ciencia como la  filosofía eran tipos de conocimiento con pretensiones de universalidad, necesidad, inmutabilidad y eternidad.  La episteme tenía muy poco de nuestro actual concepto de ciencia, tan ligado a la indagación observacional y experimental de la naturaleza y de un carácter eminentemente hipotético y, por ello, revisable.  La noción moderna de ciencia se elabora en el Renacimiento, cuando se produce la llamada Revolución científica.  Es entonces cuando ciencia y filosofía se diferencian.  Y esto ocurre porque determinadas ciencias particulares, sobre todo algunas de las ciencias empíricas de la naturaleza, como la física y la astronomía, se organizan, determinan sus rasgos específicos y diseñan su propio método.  Los dos elementos que diferenciaron el saber científico del filosófico fueron la experiencia, entendida como experimentación, y la aplicación de las matemáticas  al estudio de la realidad.  Entendemos por experimento un conjunto de actividades convenientemente planificadas con ayuda de fórmulas matemáticas, con las que se pretende descubrir cómo se comportan las cosas.  El objetivo del conocimiento científico no es determinar qué son las cosas, sino cómo se comportan, y para ello no basta con observar qué sucede espontáneamente, sino que es preciso construir la experiencia, controlarla, de modo que muestre los aspectos que interesa conocer.

¿ES CIENCIA LA FILOSOFÍA?  Sólo podemos decir que la filosofía es ciencia si entendemos por ciencia un saber riguroso, capaz de ofrecernos la estructura fundamental de la realidad.  Sin embargo, si utilizamos la noción de ciencia moderna, los enunciados científicos no sólo han de formar parte de un saber riguroso, sino que han de poder verificarse o falsearse experimentalmente, cosa que no ocurre con los enunciados filosóficos.  Esto no significa que la filosofía no sea un saber racional y riguroso, sino que no es una ciencia tal como hoy la entendemos.  Saber y ciencia no se identifican: hay formas racionales de saber que no son ciencia, como es el caso de la filosofía.  Empeñarse en reducir todo saber racional al saber científico recibe el nombre de cientificismo.

TIPOS DE CIENCIAS.  A lo largo de la historia se han ofrecido diversas clasificaciones de las ciencias.  Esto obedece tanto a la pluralidad de criterios que pueden adoptarse para la clasificación como al hecho de que las ciencias son construcciones históricas.  Aunque la ciencia cobre independencia a partir del Renacimiento, cada ciencia particular ha seguido su propio proceso.  Por ejemplo, la sociología adquiere su autonomía a finales del siglo XIX y la sociobiología se desarrolla en XX.  Parece que una ciencia pasa a ser considerada como tal cuando delimita su objeto de estudio y, sobre todo, cuando propone su propio método.  Algunos autores consideran que el rasgo que caracteriza a una ciencia es fundamentalmente su método, entendiendo por método un modo de pensar o de actuar previamente planificado, ordenado y orientado  a la consecución de un fin.  Combinando los diversos tipos de métodos de las ciencias con los diferentes objetos que estudian, puede proponerse la siguiente clasificación:


Ciencias
Formales
Empíricas



Lógica
Matemáticas
Naturales
Sociales

Aritmética
Teoría de Conjuntos
Geometría
Álgebra
Físicas
Biológicas

Sociología
Psicología
Economía
Politología
Geografía Humana
Antropología
Historia
Sociobiología


Física
Química
Geología
Astronomía
Geografía Física

Biología
Fisiología
Anatomía
Botánica
Genética


LOS MÉTODOS DEL SABER CIENTÍFICO

Métodos de las Ciencias Formales.  Las ciencias formales no se refieren a hechos de la experiencia, sino a la forma de los razonamientos.  Se rigen por su propia coherencia interna pero tienen gran aplicación.  De hecho, Galileo quedó sorprendido al comprobar que el mundo real responde a los experimentos formulados con lenguaje matemático.  Y la lógica, al estudiar las reglas que rigen la forma correcta de razonar bien en el ámbito de cualquier tipo de saber.  Los dos modos de demostración más frecuentes en las ciencias son la deducción  y la  inducción.  La deducción se utiliza tanto en las ciencias formales como en las empíricas, pero las ciencias formales las usan como procedimiento casi exclusivo.  Entendemos por deducción el proceso de razonamiento que permite derivar de una o varias proposiciones dadas, llamadas premisas, otra, que es su consecuencia lógica necesaria y que se denomina conclusión.  Un ejemplo de sistema deductivo es el ajedrez.  El ideal metodológico de las ciencias formales es constituirse en un sistema axiomático, es decir, adoptar en su integridad la estructura deductiva.  Para ello, el sistema debe contar con los siguientes elementos: i) Axiomas, que son principios fundamentales indemostrables dentro del sistema.  Se seleccionan por su utilidad, su fecundidad, su implantación en la ciencia correspondiente o por su evidencia.  Por ejemplo, un axioma de la geometría euclidiana es “por un punto exterior a una recta sólo puede trazarse una paralela a ella”; ii) Reglas de formación y de transformación, que permiten extraer nuevos enunciados válidos para ampliar el sistema.  Por ejemplo, las reglas que se deben seguir para sumar; iii) Teoremas, que son los enunciados obtenidos deductivamente a partir de axiomas o de otros teoremas ya demostrados.  Un ejemplo sería el teorema de Pitágoras.  La estructura y el alcance de un sistema axiomático están determinados por sus axiomas.  De ahí que se haya construido geometrías alternativas a las convencionales, partiendo de otros axiomas diferentes, por ejemplo, las geometrías no euclídeas, en las que por un punto exterior a una recta se puede trazar más de una paralela.

Método de las Ciencias Naturales.  Así como las ciencias formales utilizan sobre todo el razonamiento deductivo, las ciencias naturales se han servido de la demostración inductiva.  Sin embargo, en ocasiones las ciencias naturales se valen tanto de procesos deductivos como inductivos para complementar su método, y lo llaman método hipotético-deductivo. 

Método Inductivo.  Se entiende por inducción un tipo de razonamiento en el que se obtiene una conclusión general a partir de una serie de casos singulares conocidos por experiencia y constatados empíricamente.  Hay dos tipos de inducción: completa e incompleta.  En la inducción completa, se parte del conocimiento individual de todos y cada uno de los casos que se dan dentro de un ámbito, mientras que la inducción completa se apoya en una serie de comprobaciones individuales, que no abarcan la totalidad de los casos posibles.  Por lo tanto, la conclusión no será necesariamente cierta, sino probable, y tal probabilidad dependerá de la cantidad de casos comprobados. 

Método Hipotético-Deductivo.  El método hipotético-deductivo se estructura en tres niveles: i) Enunciados protocolarios, que expresan fenómenos del mundo y son susceptibles de ser constatados empíricamente.  Son enunciados objetivos y comunicables unívocamente.  Por ejemplo: los bolígrafos suspendidos en el espacio gravitatorio caen; ii) Las Leyes, son enunciados universales que expresan el comportamiento o la relación que guardan unos determinados fenómenos de un modo regular e invariable.  Para que un enunciado universal pueda ser considerado como ley de la naturaleza, tiene que haber sido confirmado por la experiencia.  Un ejemplo clásico es la ley de la gravedad; iii) Las Teorías son enunciados universales de los que pueden deducirse todas las leyes de una ciencia particular.  Dan unidad a una ciencia y permiten hallar nuevas leyes.  Un ejemplo es la teoría de la relatividad.  Los pasos del método hipotético deductivo son: 1) se detecta, mediante observación y experimentación, un problema no resuelto por el saber del que se dispone; 2) se elaboran una o varias hipótesis explicativas del hecho observado o del problema detectado; 3) se formulan matemáticamente las hipótesis y se deducen las consecuencias contrastables por la experiencia.  Es un momento deductivo de la ciencia empírica; 4) se someten a contrastación (verificación y falsación)  las consecuencias, mediante la experimentación.  Una hipótesis es verdadera sólo cuando los hechos observados concuerdan con los hechos deducidos de la hipótesis (verificación).  Hay autores que prefieren hablar de corroboración y no de verificación porque, aunque la hipótesis concuerde con los hechos, de ella nunca se podrá decir que es verdadera, sino sólo que ha sido confirmada.  Al contrario, una hipótesis se refuta cuando los hechos con el mundo no concuerdan con los hechos deducidos de la hipótesis (falsación); 5) se acepta como Ley la hipótesis, es decir, adquiere validez general, aunque siempre conservará su carácter hipotético, después de haber sido comprobada en un cierto número de casos.

Establecidas varias leyes por este procedimiento, se intenta unificarlas mediante una teoría general de la que puedan derivarse deductivamente. Para ello se establece hipotéticamente la teoría, se elabora matemáticamente y se deducen nuevas leyes.  Si se logra verificarlas o confirmarlas,  se admite la validez de la teoría.  En el siglo XX, el filósofo Thomas Kuhn (1922-1996) le dio un nuevo significado a la comunidad científica, adoptando el término de paradigma científico.  Según Kuhn, un paradigma es aquél marco conceptual amplio en el que se integran algunas teorías científicas.  Estos paradigmas introducen supuestos compartidos, técnicas de identificación y resolución de problemas, reglas de aplicación, valores y creencias.  Es decir, cuando la comunidad científica acepta un paradigma quiere decir que los científicos lo han decidido de común acuerdo, a la luz de los criterios internos de la misma comunidad científica y de la situación histórica.  Según Kuhn, el más leve cambio en las creencias y los valores de un paradigma aceptado genera las llamadas revoluciones científicas. 

Método de las Ciencias Sociales.  El objeto de las ciencias sociales es la realidad social, lo que plantea una peculiar relación entre sujeto y objeto del conocimiento: el sujeto forma parte del objeto de estudio.  Este hecho confiere a las ciencias sociales las siguientes características propias: i) la capacidad de predicción es menos que en las ciencias naturales porque interviene la libertad del sujeto, del ser humano; ii) la capacidad de generalización es menor que en las ciencias naturales porque la diversidad de los eventos humanos es mucho mayor.  Incluso hay ciencias que no se ocupan de hechos generalizables, sino individuales, como la historia; iii) la neutralidad valorativa es imposible porque el investigador no es independiente de lo investigado.  Estas características llevan a un problema clásico: ¿ha de ser el método de estas ciencias del mismo tipo que el de las naturales?  La respuesta apunta hacia dos tradiciones diferentes: la empírico-analítica (perdigue la unidad de la ciencia y exige aplicar el método delas ciencias naturales a las ciencias sociales) y la hermenéutica (considera que las ciencias sociales tienen un estatus diferente y han de adoptar una metodología propia).  En todo caso, debido a la complejidad del objeto de estudio, dentro de las ciencias sociales no existe un único método, como sucede con las ciencias formales y las ciencias naturales.  Además, las hipótesis y las teorías de las ciencias sociales tampoco pueden ser refutadas a partir de un proceso lógico-deductivo, sino que se someten a debate, y en muchas ocasiones sin llegar a una única conclusión.   Habría así dos clases de enfoque metodológico: uno dirigido a la explicación y otro a la comprensión.  Explicar un fenómeno consiste en conocer las causas que lo producen.  Comprender un acontecimiento consiste en captar su sentido, para lo que es preciso hoy situarse dentro de los hechos.  Algunos autores analizan la noción de explicación comprensiva porque consideran que en ocasiones no es posible separar explicación y comprensión, pues la explicación facilita la comprensión y la comprensión demanda explicaciones de los fenómenos.  Las ciencias sociales utilizan dos técnicas para llevar a cabo sus estudios: Cuantitativa (es una técnica que se basa en las matemáticas para sacar resultados en cantidades que puedan ser mostrados estadísticamente –test, cuestionarios, muestreos, etc.-).  Cualitativa (es una técnica que busca recoger información que pueda permitir su valoración o cualificación –entrevistas, grupos de discusión, historias de vidas, etc.-).


EL SABER FILOSÓFICO

El origen de la Filosofía.  Es comúnmente aceptado que la filosofía occidental tiene su nacimiento en Grecia durante el siglo VI a. C.  Es también usual postular que la motivación principal para el nacimiento de la filosofía se encuentra en una creciente necesidad de encontrar explicaciones diferentes a las que ofrecían los mitos acerca del origen de las cosas.  Existen dos factores cruciales para que surgiera tal necesidad: El dinamismo comercial de Grecia, que hizo que a sus puertos llegaran personas de muchos lugares diferentes, lo que permitió que los griegos tuvieran conocimiento de explicaciones míticas pertenecientes a otras culturas.  Este factor causó que se empezaran a generar dudas acerca de si los mitos griegos eran correctos.  Asimismo, esto hizo que muchos filósofos presocráticos como Tales de Mileto, sintieran la necesidad de tener criterios para saber cuál de las explicaciones era correcta, independientemente de las aceptaciones culturales.  El desarrollo de la técnica y el crecimiento de la ciencia en Grecia hicieron que se empezara a preferir explicaciones basadas en la experiencia o en argumentos, superando las narraciones míticas.  En resumen, en Grecia hubo un clima propicio para buscar un tipo de explicación nuevo que fuera justificable más allá de la aceptación cultural y que, por ende, fuera aceptable de manera universal.  Este cambio en el pensamiento griego se denomina paso del mythos al lógos.

LA NATURALEZA DE LA FILOSOFÍA

1).  La filosofía como búsqueda de la verdad.  Tal vez el planteamiento filosófico de Sócrates (469 a. C.-399 a.C.) que más ha dado de qué hablar es su declaración de ignorancia, en la que afirma que la única cosa que sabe es que no sabe nada.  Sócrates concibe el ejercicio filosófico como una búsqueda del conocimiento.  El punto de partida del filósofo sería, entonces, ser consciente de su desconocimiento sobre las respuestas a las preguntas importantes acerca del mundo y su papel consistiría en intentar obtener tales respuestas.  Por lo tanto, podemos concebir la filosofía como un “caminar”   hacia la verdad y, en este camino, siempre será necesario volver críticamente sobre las respuestas que se han obtenido.  Según esta concepción, existen dos formas diferentes de entender la verdad como objetivo de la filosofía: la verdad sólo serviría como guía de todas nuestras actividades relacionadas con el saber pero, en principio, no es alcanzable y, por ende, solo podemos aspirar a acercarnos cada vez más a ella.  Se puede considerar que la verdad sí es alcanzable pero solo parcialmente, es decir, relativa a preguntas y problemas concretos.  Por ende, la búsqueda de la verdad será igualmente perpetua. 
2).  La filosofía como búsqueda de la felicidad.  Hay una concepción de la filosofía en la que el ideal que se busca no es la verdad sino la felicidad, entendiéndola, en sentido general, como la mejor forma de vivir, individual y comunitariamente.  Considerando que todos los hombres quieren ser felices, la pregunta central de esta concepción filosófica es qué han de hacer para serlo.  Tal concepción tuvo su auge con el epicureísmo, el estoicismo y el pirronismo.  Esta concepción de la filosofía está centrada en el ser humano y, si bien se ocupa de temas tradicionales como la epistemología, la lógica, la metafísica y la cosmología, todos esos estudios se realizan en tanto tienen algo que aportar a la comprensión de qué es un ser humano y, por ende, de cuál es la mejor manera que tiene él de llevar su vida.  Por ejemplo, los estoicos desarrollan toda una especie de metafísica determinista que postulaba que el hombre debía llevar una vía sin mayores preocupaciones, mientras todos los sucesos del universo sucedían según un orden causal que él no podía .  Otro ejemplo interesante es el del escepticismo pirrónico, que desarrolla unos argumentos lógicos y epistémicos que buscan demostrar que es imposible considerar una tesis como verdadera y, por lo tanto, el hombre debería llevar una vida alejada de las preocupaciones que produciría querer buscar la verdad.
3). La filosofía como búsqueda de la claridad.  Uno de los filósofos más influyentes del siglo pasado, Willard van Orman Quine (1908-2000), concebía el ejercicio filosófico como “aclarar, no defender”Desde este punto de vista, la filosofía debe encontrar el significado preciso de los términos y de las oraciones que usa para expresar tesis e ideas.  Según Quine, y los demás filósofos analíticos, la herramienta para tal tarea es el análisis lógico: no dejarse engañar por la gramática de las oraciones sino encontrar su estructura lógica.  La sentencia quineana entiende que la claridad acerca del significado de una tesis o de unas premisas es prioritaria sobre su utilización en un argumento.  Además, concibe que la búsqueda de la verdad es una empresa en la que la ciencia y la filosofía deben trabajar en conjunto, siendo el aporte de la filosofía poseer un lenguaje claro para expresar las teorías y, por ende, ponerlas a prueba de una manera más satisfactoria.  Parece innegable que la claridad en el significado juega un rol crucial en el discurso filosófico.  Por ejemplo, tomemos la oración los unicornios tienen un cuerno.  Si consideramos que el significado de esta oración se determina igual que el de una oración sujeto-predicado común, las implicaciones metafísicas serían muy grandes.  Una oración sujeto-predicado se caracteriza por afirmar o negar la propiedad de un objeto y, por lo tanto, supone la existencia de ese objeto.  Entonces, si la oración anterior se toma como sujeto-predicado, tendríamos que comprometernos con la idea de que los unicornios existen de alguna manera, así como que su verdad se determina buscando a los unicornios para ver si tienen un cuerno o no. Esto muestra que la manera de entender el significado va a tener consecuencias no solo en el sentido literal de una oración, sino en el tipo de cosas a las que implícitamente le atribuimos existencia.

LOS MÉTODOS DE LA FILOSOFIA

Para hablar de los métodos de la filosofía es necesario distinguir claramente entre método filosófico y teoría filosófica.  Un método filosófico es una manera particular de entender qué es un problema y una forma específica de solucionarlo.  En cambio, una teoría filosófica es un tipo de respuesta que se le da a un problema filosófico concreto.  Examinamos a continuación los métodos más importantes en filosofía:
1). Método Dialéctico.  La palabra dialéctica significa “diálogo o conversación”.  La dialéctica es un método filosófico en el que se ponen en diálogo las diferentes opiniones o tesis que pueden servir como respuesta a una pregunta filosófica.  A partir de un inventario de posibles posiciones hacia una pregunta, se analizan tanto los principales problemas  como las ventajas que tienen tales opciones y,  a través de ese análisis, se saca una conclusión que sirva como respuesta al problema.  En esta conclusión se intentan evitar los problemas detectados en las respuestas analizadas, así como rescatar los argumentos contundentes de ellas.  Platón (427 a. C.-348 a. C.) es posiblemente el filósofo que más utilizó este método, dado que lo convirtió en su estilo de escritura.  Utilizando a Sócrates como figura intermediaria, Platón redactó su pensamiento filosófico en forma de diálogos entre diversos personajes que representaban cada una de las posibles posiciones.  La dialéctica supone que los problemas filosóficos no pueden ser resueltos apelando a un experimento o a un solo argumento contundente, sino que necesitan de un análisis que abarque varios puntos de vista.  El problema fundamental de este método es que no se puede tener certeza de que el análisis de diferentes opiniones encamine hacia una solución correcta.
2). Método Trascendental.  En filosofía, el método trascendental fue propuesto por Immanuel Kant (1724-1804), principalmente en su obra Crítica de la razón pura.  El método trascendental no trata de indagar cuál es el origen de nuestro saber, sino de fundamentarlo, de dar razón de él.  Este método tampoco intenta explicar las propiedades y las características de los objetos estudiados, sino que supone una cierta naturaleza de un fenómeno para investigar cuáles son las condiciones que hace posible que podamos conocer determinados objetos.  Tomemos como ejemplo el caso de la experiencia.  El interés de Kant no es el de investigar si la experiencia se basa en objetos, en meras cualidades o si todo lo que experimentamos es simplemente una ilusión.  Él parte de nuestra concepción intuitiva de que tenemos experiencia de objetos y, dado que la experiencia se entiende como una relación entre la mente y el mundo, pasa a investigar cómo deben ser nuestra mente y el mundo para que tal experiencia pueda darse, es decir, indaga sobre las condiciones que hacen posible que la experiencia se dé efectivamente. 
3). Método Naturalista.  En tanto método filosófico, el naturalismo postula que no existe una diferencia de principio entre la filosofía y la ciencia natural porque tienen objetivos y métodos similares: ambos estudian fenómenos naturales.  De esta manera, los problemas filosóficos no se entienden como problemas con principios diferentes a los de la ciencia natural.  El ejemplo más claro de este tipo de metodología es la investigación sobre epistemología que hizo Quine en su artículo La naturalización de la epistemología, en el que propone que la epistemología no es una disciplina encargada de fundamentar el conocimiento, sino una parte de la ciencia natural, específicamente de la psicología, que explica cómo llegamos a tener conocimientos ordenados en teorías a partir de la estimulación de nuestro aparato sensorial.  De todas maneras, aspectos propiamente filosóficos en tales estudios, como es la preocupación por darle claridad conceptual a ciertas nociones claves. 
4). Método Hermenéutico.  La hermenéutica como método filosófico, cuyos principales autores son Hans-Georg Gadamer (1900-2002) y Martin Heidegger (1889-1976), se puede entender a partir de una distinción entre explicar y comprender: cuando hablamos de una explicación, nos referimos casi siempre a relaciones causales, y sobre todo a relaciones causales que se adecuan a ciertas regularidades que llamamos leyes.  El planteamiento principal de la hermenéutica es que hay al menos algunos fenómenos que no son estudiados satisfactoriamente desde ese punto de vista.  Por ejemplo, explicar un conjunto de acciones humanas como el holocausto nazi utilizando relaciones de causa-efecto no es suficiente y, en cambio, es necesario tener una comprensión de él que logre darle sentido.  Comprender algo es entenderlo e interpretarlo desde la propia experiencia subjetiva.
5). Método Analítico-Conceptual.  Según el análisis conceptual, cuyos principales defensores son Ludwig Wittgenstein (1889-1951) y Bertrand Russell (1872-1970), la mayor parte de los problemas filosóficos se plantean porque las expresiones filosóficas son imprecisas y dan lugar a confusiones.  Esta concepción afirma que el método de la filosofía debería estar encaminado al análisis de los conceptos que se usan en un discurso y el de la ciencia debería ser el de la explicación de los fenómenos de la naturaleza.  En términos generales, este método no está interesado en conocer la realidad ni en investigar las facultades del conocimiento, como lo hace el método trascendental, sino que concentra su interés en el lenguaje.  Por ejemplo, el norteamericano Michael Dummett   ha visto la necesidad de aclarar el significado de los términos utilizados en los discursos políticos de los radicalistas europeos en el siglo XX.  Las implicaciones de la afirmación de Hitler de “quien renuncia a luchar en un mundo cuya ley es una lucha constante, no merece vivir” solo se pueden advertir después de aclarar el significado bélico que le daban los nazis al término de lucha.

Bibliografía:
SANCHEZ LEÓN, María Cristina y ORDOÑEZ PINILLA, Camilo. Pensamiento Filosófico I, Editorial Santillana, 1ª Edición, 2012, páginas: 18-26.

Actividades:

1.    Responder:
ü  ¿Cuáles son las formas del saber?  Definirlas.

ü  ¿Cuáles son los tipos de ciencias?  ¿En qué se diferencian?

sábado, 25 de mayo de 2013

Método: camino para conocer


EL MÉTODO: CAMINO CORRECTO PARA CONOCER

La vida con su infinidad de problemas, se le presenta al ser humano como una tarea diaria por resolver.  En la medida en que supera dichos problemas, mejora y comprende su existencia.  Para dicha labor hace uso de su inteligencia como herramienta fundamental en el manejo y comprensión de las dificultades que se presentan en el transcurso de su vida.  A partir de la experiencia diaria y de la reflexión razonada, el ser humano logra establecer un sistema, un mecanismo que le permita superar los obstáculos.  De esta manera llega a elegir el camino más eficaz hacia el fin que se ha propuesto.  Todas las personas a través de la historia, en sus innumerables tareas, han marcado un progreso debido a la buena elección de un camino en la superación de sus problemas.  Como producto de este razonar por la búsqueda y encuentro de un camino se ha reconocido la necesidad del método.  El método como medio de superación, ayuda al ser humano a sacar el mayor rendimiento de sus facultades, ahorrándoles energía y tiempo.  De esta manera les libra de caer en errores y les permite garantizar su trabajo.  El método se convierte en una herramienta imprescindible en la vida diaria.  Por inteligente que sea un individuo, si no hace buen uso de esa facultad, es decir, si no la rige por un proceso, por una serie de pasos y fines propuestos, termina en el más grande desconcierto.  El método enseña a la persona a proceder en las actividades de la vida práctica.  El hábito de emplear la razón correctamente garantiza el encontrar soluciones rápidas y seguras en los problemas ordinarios de la vida. Se logra una vida libre  de esfuerzos en vano, con un trabajo sencillo y bien realizado y con la máxima seguridad de ser alguien bien ordenado en todo trabajo.

ORIGEN DEL MÉTODO

Al tratar de abordar la realidad y de adentrarnos en sus múltiples facetas, nos encontramos con diversos obstáculos a los cuales hemos llamado problemas.  Podemos encarar dichos problemas de diversas formas o desde diferentes ángulos.  Así, para resolver cada problema, se precisa de las herramientas necesarias, las cuales dependen del grado de dificultad que presenta el obstáculo a superar.  De lo anterior se desprende que el camino de solución depende de las características del problema que se nos presente.  Cada problema precisa un enfoque o perspectiva particular de aproximación, ante lo cual el sujeto afectado por él determina el camino que ha de seguir.  De aquí podemos deducir que es el problema o el obstáculo lo que motiva o da origen al método.

EL MÉTODO

La vía de acceso, o el camino que el sujeto determine seguir en la superación de un problema o en el conocimiento de la realidad es lo que denominamos método.  El método presupone un conjunto de pasos que unidos conforman un proceso.  Dicho proceso nos permite intervenir en la realidad, en el problema, alterándolo lo menos posible para poderlo conocer en sus condiciones naturales de existencia.  El método garantiza la realización de la tarea que nos hemos propuesto; a la vez abre y muestra otros múltiples caminos para la superación del problema, de los cuales antes no se tenía la menos idea.

LA REALIDAD Y SUS MÚLTIPLES FORMAS

Los seres son los elementos que componen o conforman nuestra realidad, ya sean de tipo natural, como un árbol, una persona, un perro, etc., o los de tipo ideal, es decir, aquellos que son producto de nuestra imaginación y que por esto no dejan de ser una realidad aunque sea psicológica.  Dichos seres en su totalidad determinan nuestro mundo.  Estos se nos presentan en diferentes formas y con múltiples facetas.  La diversidad de formas y estados es lo que origina los distintos campos de la ciencia y el saber en general.  Como ya se dijo, esta realidad tan diversa es la que determina el tipo de método que se ha de seguir.  Podemos deducir de ello que el método utilizado por la física para la superación y conocimiento de su objeto de estudio no es el mismo que utiliza la filosofía y el de ésta no es el mismo que utiliza la matemática ni la biología.  En resumen, toda ciencia nace en el momento en que determina un objeto exclusivo y particular de estudio.  Además, para poderse desarrollar como ciencia debe crear un método que le permita conocer su objeto particular de estudio; es decir, un método que se adecúe a la naturaleza propia de ese objeto.  Por tanto, cada disciplina está determinada por su objeto de estudio y su método.

CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL MÉTODO

Sea cual fuere la concepción del método que se tenga y la particularidad que este encierre, hay en todo método algo común: la posibilidad de que sea usado y aplicado por cualquiera.  Todo método debe cumplir con dos elementos fundamentales: rigor lógico y el empleo de razonamientos.  Se entiende por lo primero la existencia de normas claras y precisas libres de contradicción.  Por razonamientos se comprende la utilización de estas normas en un proceso de pensamiento ordenado, inductivo o deductivo.  Estos dos elementos fundamentales son los que determinan la base metodológica que tiene por fin consolidar o establecer la universalidad dentro de cualquier disciplina científica, y así conocer totalmente el objeto de estudio.  Por tanto, si el proceso metodológico no cuenta con el rigor lógico necesario dado por los razonamientos empleados y no cumple con el requisito de universalidad, el método no tiene sentido.

LOS PRIMEROS MÉTODOS

Siguiendo la historia de la filosofía nos encontramos con diversos métodos establecidos por los seres humanos en ese afán constante de encontrar la verdad; afán que ha sido característico en todas las épocas.  El primer pensador que se propuso consolidar un método con las características antes mencionadas fue Sócrates.  Tal método se conoce como La Mayéutica.  Sócrates manifestaba que su método era similar al arte de hacer parir a las mujeres, lo que en griego se decía “mayéutica”.  “Mi arte, mayéutica –dice Sócrates- tiene las mismas características generales que el arte de las comadronas.  Pero difiere de él en que hace parir a los hombres y no a las mujeres, y que vigila las almas, y no los cuerpos, en su trabajo de parto.  Lo mejor del arte que práctico es, sin embargo, que permite saber si lo que engendra la reflexión del joven es una apariencia engañosa o un fruto verdadero”.  Un parto asistido por Sócrates, no traería al mundo bebés, sino conocimientos y verdades.  El método socrático consistía en interrogar a las personas sobre sus propios conceptos, de tal manera que el interrogado se viera en la necesidad de definir claramente lo que entendía por el concepto expresado.  La mayéutica es más bien un método negativo, en el sentido de que impide a quien es interrogado usar conceptos cuyo significado no sea claro.  Más que llevar al alumno o alumna por el camino de la verdad, es impedirle que se pierda en el camino de las opiniones sin fundamento ni claridad.  Dicho conocimiento está determinado por la sinceridad con que se dieran las opiniones, porque de lo contrario sería llevarse a un auto engaño y justificar una sapiencia sobre bases irrisorias que, ante la menor pregunta, se desbaratarían.  En este método, la principal herramienta que entra en juego es la razón; bajo su luz la persona puede comprender y mediante sucesivos pasos clarificar o desvirtuar los conceptos que antes tenía.  Puesto que un buen final de la mayéutica era una definición clara.  Sócrates es considerado como el primer pensador en reconocer la importancia lógica y científica de la definición.  Platón, discípulo de Sócrates, trata también de encontrar un método en el cual se pueda acoger el ser humano en la búsqueda de la verdad.  Platón perfecciona el método instaurado por Sócrates (mayéutica) el cual retoma en sus grandes partes, pero lo convierte en lo que él llama dialéctica.  En sí el término originalmente se encuentra ligado con el vocablo “diálogo”.  En todo diálogo por lo menos encontramos dos personas que participan mutuamente sus conocimientos y sus experiencias confrontándolos para llegar a un aparente acuerdo.  En la dialéctica platónica, el proceso consiste en contraponer entre sí, opiniones divergentes, señalando de tal modo las contradicciones entre ellas contenidas.  En un segundo momento, se trata de superar esas contradicciones por medio de una idea de mayor generalidad y que cobija a ambas opiniones.  Y así hasta llegar a las ideas más universales.  Este método se fundamentaba en la idea de que el conocimiento sensible, expresado en las opiniones, estaba cargado de contradicciones en el diálogo, se superaba también el mundo sensible para llegar a un supuesto mundo de las ideas puras.  Gracias al genio aristotélico, contamos hoy con una disciplina que por su alcance y perfección metodológica, se constituyó en herramienta de vital importancia para el desarrollo filosófico y de la ciencia en general.  Aristóteles se preocupó por establecer una serie de leyes que permitieran exigirle rigor al pensamiento.  Es decir, buscar un instrumento racional en el que paso a paso se pudiera avanzar en la búsqueda de la verdad, sin el menor temor a cometer un error.  Dicho proceso apuntaba a constituirse en el verdadero método de la filosofía, permitiéndole a ésta asentar todos sus logros en un verdadero sistema.  El sistema estaría sustentando en los elementos propios de la lógica como son: el concepto, el razonamiento, el silogismo y sus formas y la definición. 

Con el paso del tiempo y con la evolución del pensamiento los métodos ocuparon un lugar central en las investigaciones humanas, pero ya no encaminadas a encontrar verdades filosóficas, sino científicas, cuando de la filosofía se desprendieron paulatinamente las diversas ciencias.  De esta división de la filosofía nacieron como disciplinas aparte: la física, la matemática, la psicología, la sociología, entre otras.  A partir de tal situación y, más precisamente a partir del renacimiento, el método cambió radicalmente en su esencia.  Si antes tenía un carácter discursivo, dialogado, en el cual la contraposición de opiniones y su posterior aclaración era el punto central, en el periodo renacimiento, el método va a recaer en el momento anterior a la discusión.  Es decir, si antes poseía una idea para poder discutir, lo que a partir del renacimiento va a importar es el modo o el medio en que el ser humano obtuvo esa primera idea y qué validez tiene dentro del conocimiento, como camino hacia la verdad.

Renato Descartes es quien inaugura en la filosofía un movimiento tendiente a esclarecer esa primera idea que en los métodos anteriores servía como base para el diálogo.  Se hizo la pregunta de si es posible un verdadero conocimiento, entendiendo por tal aquél del cual no podemos tener la menor duda por su claridad.  A partir de esto se establece la duda como herramienta; pone en duda todo cuanto existe.  De este constante dudar logra establecer que puede dudar de todo, menos de que duda.  Con esto descubre la idea de existencia, como la idea de la cual no se puede tener duda.  Descartes establece todo un sistema centrado en una serie de pasos en el cual se destaca fundamentalmente la duda como herramienta y la existencia como primera idea.   

Bibliografía:
VILLALBA ROMERO, Julio Cesar, DE LA PARRA, Francisco y GARCIA ORTIZ, Fabio.  Faro –Filosofía 10º-,  Editorial Voluntad, 1ª Edición, Santafé de Bogotá. Pág. 31-35, 1997.

Actividades:

1.    Con base en la información del texto, realice un comentario sobre el siguiente interrogante: ¿Qué relación tiene el hecho de que un método pueda ser utilizado por cualquiera, con los dos elementos fundamentales del método?
2.    ¿Cuál puede ser la diferencia entre la dialéctica y la mayéutica?
3.   La respuesta al interrogante 2º, enviarla al correo electrónico solo.informes.ita@gmail.com
4.   Fecha límite para la publicación de sus comentarios y el envío de sus correos: 14 de Junio/2013.


martes, 4 de diciembre de 2012

Valor de la Filosofía


VALOR DE LA FILOSOFÍA

¿CUANDO HABLAMOS DE FILOSOFÍA?

Diariamente realizamos muchas actividades en la casa, en el colegio, en la calle, en el parque… Para realizar bien nuestros deberes debemos comprender por qué los hacemos y de qué forma los podemos llevar a cabo.  Cuando nos damos cuenta que realizamos bien estos deberes, nos sentimos más seguros de nosotros mismos  y emprendemos la siguiente actividad con una mejor disposición.  Cada día vamos construyendo una forma muy personal de vivir; de actuar, de comportarnos, la cual nace de la observación de nuestro entorno: la familia, los amigos, el colegio… Por ello, cuando consideramos qué ropa ponernos, que actividad realizar, si hacer o no un trabajo para el colegio, etc., estamos poniendo en práctica nuestros criterios para decidir y en ellos se refleja nuestro estilo particular de vivir.

Algunas personas impactaron a la sociedad de su tiempo por su forma personal de percibir el mundo y de ver las cosas, y fueron seguidos por muchos adeptos que consideraron válida esa forma de ser.  A ellos se les llama filósofos y a su forma particular de ver el mundo filosofía.  Son muchos los filósofos que dejaron su huella en la historia,  entre éstos podeos mencionar a Sócrates, Platón, Aristóteles, Santo Tomás, San Agustín, Rousseau, Voltaire, Kant, Hegel, Marx y Freud,  pero la filosofía no es sólo la obra de algunos pensadores, es también lo que hacemos nosotros mismos cuando nos preguntamos acerca de lo que pensamos cuando hablamos, cuando tomamos una decisión o cuando escribimos.

La filosofía, como dice el pensador español Ortega y Gasset, nos ayuda a ubicarnos en la vida cuando estamos perdidos, por ello los problemas de la filosofía son los problemas de la vida.  La filosofía ha sido y es para cada época de la historia, una búsqueda de una respuesta a la situación, a la cultura, a las necesidades, al sentido de la vida.  El hacer filosofía es un acto consciente que exige descubrir el sentido de lo que hacemos, darnos cuenta del porqué realizamos las cosas y la forma como las realizamos; gracias a esta reflexión podremos construir nuestra personalidad, nuestros criterios y nuestra propia identidad.  Ser filósofo hoy es un reto, un riesgo y una lucha, pues la sociedad contemporánea nos ofrece una multitud de modelos para imitar y espera que sean asimilados sin cuestionarlos.  Cualquiera de nuestros actos diarios responde a un estilo particular de vivir.

CÓMO HACEMOS FILOSOFÍA

En la tradición cultural a la que pertenecemos, es decir, aquella que nació en Grecia y Roma y de la cual los pueblos occidentales somos herederos, la filosofía ha existido como una disciplina intelectual desde hace 25 siglos.  En sus inicios se presentó como la primera y única forma de llegar al conocimiento cierto y válido de los asuntos humanos y de los acontecimientos físicos relacionados con el mundo natural.  Hasta el siglo XVI fue la única forma de conocimiento verdadera e inmodificable.  A partir de ese momento, y como fruto de la filosofía, surgieron las llamadas ciencias empíricas, es decir, aquellas que consideran la experimentación como la única forma válida de conocimiento.  Las ciencias empíricas, algunas veces a favor de la filosofía y otras en clara oposición, fueron planteando nuevas respuestas a las preguntas sobre el conocimiento y sobre los sucesos del mundo natural.  Éstas en muchas ocasiones no sólo fueron más claras, sino también verificables.  El desarrollo de las ciencias ha sido creciente.  Gracias a su aplicabilidad no sólo se desarrolló la industria, y la vida del hombre moderno se hizo más sencilla y cómoda.  Pero los conocimientos científicos se limitan a los fenómenos verificables, y sus criterios son válidos y útiles sólo para ellos.  Sin embargo, una descripción clara, científica, lógica y verificable, no logra responder a preguntas como: ¿cuál es el sentido de la existencia?, ¿Qué sentido tiene amar a otra persona?, ¿por qué algunos hombres entregan su vida por amor?, ¿qué hace más humano al hombre?  Estos son algunos de los problemas a los cuales la filosofía sólo puede dar respuesta, y que permiten al hombre lograr una vida feliz y su realización personal.  La ciencia nos permite conocer lo que nos rodea, explicando y describiendo los fenómenos, pero sólo la filosofía nos da el sentido humano de nuestro quehacer cotidiano.

La palabra griega “praxis”, tan incorporada al lenguaje actual, significa acción.  La praxis filosófica, por tanto, nos habla de un modo de hacer filosofía distinta de la pura especulación o contemplación.  Desde este punto de vista, la filosofía, entonces, consiste principalmente en un saber dirigido a la acción.  La praxis filosófica es tan antigua como la filosofía.    En los primeros sistemas de pensamiento filosóficos estuvo presente, bien sea de forma personal o proyectada a la sociedad, pero siempre buscando transformar a algo o a alguien.  Sócrates, por ejemplo, se propuso con su filosofía “mejorar la ciudad mejorando los ciudadanos”.

EL ORIGEN DE LA FILOSOFÍA

Inmersos en nuestra cotidianidad y en la necesidad de atender los asuntos urgentes –las responsabilidades, los deberes, el trabajo, la supervivencia-, rara vez tenemos la oportunidad de plantearnos las preguntas de las que se ocupa la filosofía.  Sin embargo, la filosofía ronda nuestra vida como un espíritu tutelar; sin previo aviso se nos revela envuelta en una especie de hálito mágico y nos saca de la monotonía de la vida práctica.  Así entendieron la filosofía algunos autores clásicos, como Boecio, quienes la imaginaron como una hermosa mujer que se ocultaba detrás del velo de los asuntos cotidianos, detrás de lo obvio, de lo evidente, algo así como una sombra que invitaba a dudar de lo establecido, de las convenciones de cualquier índole que se admiten como claras e incontestables.  Boecio, quien vivió entre el 430 y el 524 , creía que detrás de las cosas aparentes era posible entrever la presencia de esta mujer hermosa, que brillaba a pesar de encontrarse descuidada y deslucida por culpa de los hombres, quienes no se ocupaban debidamente de ella.  Y juzgaba urgente la tarea de dedicársele para componer su apariencia y lucirla como se merecía.  La manera de llevar a cabo esta componenda, según Boecio, era precisamente que el hombre curioso se permitiera asombrarse del mundo. 

Asombrarse significa dejar de ver sólo hasta los límites de nuestras necesidades y utilidades prácticas y levantar la mirada más allá de lo que todos los días se nos presenta como “normal” o “conocido”.  De esta manera seria posible descubrir que todo aquello que parece “obvio” en realidad no lo es.  La costumbre de ver las cosas de todos los días no nos permite ver lo maravilloso de esto: las cosas pasan.  A este hecho los filósofos contemporáneos los llaman en sucederse de las cosas.  Has visto todos los días el sol levantarse por el oriente, pero ¿te has puesto a pensar en lo asombroso de este acontecimiento?  ¿Has pensado en lo que podría pasar si un día el sol permanece oculto?  Preguntas como estas nos permiten darnos cuenta de que el mundo está lleno de muchos misterios por resolver, y que para intentar revelarlos, necesitamos volver a ver el mundo como la primera vez, como cuando éramos niños pequeños y hasta las cosas más banales nos sorprendían.  Todos los filósofos han comprendido que este asombro es el origen de la especulación filosófica.  Así lo hicieron los primeros sabios griegos, al hacer de lado las razones míticas y tratar de comprender, con sólo razón, cuál era el principio y el modo de la naturaleza.  Así lo entendió Aristóteles cuando, al comienzo de su Metafísica, asoció el deseo de saber, natural en los hombres, con el asombro que produce reconocer que las cosas suceden; y así lo comprendieron algunos filósofos contemporáneos como Husserl, quien nos pide a los que comenzamos a filosofar que nos olvidemos todo lo que sabemos y que simplemente, abramos los ojos al mundo que sucede a nuestro alrededor. 

EL SABER HUMANO

La palabra saber tiene muchas significaciones.  Se ha dicho en términos generales, que consiste en conocer las cosas con certeza, es decir, con un conocimiento firme y suficiente.  Más correctamente el filósofo alemán Inmmanuel Kant, lo define como “el asentimiento suficiente, tanto desde el punto de vista subjetivo, es decir, desde el sujeto que observa, como desde el punto de vista objetivo, es decir desde el fenómeno que se deja observar”.  El saber se distingue de la ignorancia, que es una ausencia de conocimiento, y de la opinión, que es un conocimiento probable al cual no se le presta asentimiento subjetivo ni objetivo, por lo cual lo expresamos diciendo: creo que, pienso que, me parece…  La palabra saber designa entonces un conjunto de conocimientos ciertos, que deben ser establecidos de forma racional y organizados con una estructura lógica.

La forma más común de clasificar el saber lo divide en universal y particular: el saber particular busca el conocimiento de un sector limitado de la realidad, corresponde a las ciencias particulares tales como la biología, la botánica, la medicina…  El saber universal busca un conocimiento cierto de la realidad total, como por ejemplo, el conocimiento de qué es el bien y el mal, lo justo o lo injusto…  A estas inquietudes responden: i. El saber religioso constituido por los principios y conocimientos que fundamentan el conjunto doctrinal de una religión, del cual participan todas las personas que lo profesan; ii.  El saber popular constituido como fruto de la conciencia colectiva que se formó a lo largo de la historia, a través de las experiencias individuales o del pueblo.  Lo reconocemos en refranes como: “no por mucho madrugar amanece más temprano”; iii.  El saber filosófico se presenta por el origen de las cosas o primeros principios, con el fin de descubrir el sentido y la explicación de lo que ocurre a nuestro alrededor y dentro de nosotros mismos.  El desarrollo de la racionalidad en el hombre es el fruto de un largo proceso biológico que le permitió tomar conciencia de si y luego dominar la naturaleza.  Ese proceso recibe el nombre de hominización, a partir del cual se le entregó al hombre la responsabilidad de administrar el mundo de un modo inteligente.  La filosofía es el medio que le permite al hombre tomar conciencia de su responsabilidad con el mundo y consigo mismo.

DEL MITO A LA RAZÓN

En un comienzo los hombres explicaron los fenómenos de la naturaleza atribuyéndolos a los dioses.  Este tipo de explicaciones recibió el nombre de mitos.  Posteriormente buscaron explicar estos mismos fenómenos de una forma más racional y satisfactoria.  Así comenzó a surgir la filosofía.  En la antigüedad es imposible deslindar con claridad el terreno del mito, del terreno de la filosofía.  Sin embargo, se puede decir que la filosofía surgió en Grecia, la India y Egipto, de un grupo de hombres que se preocuparon por la búsqueda de explicaciones racionales a los fenómenos.  Las respuestas que lograron les ayudaron a comprender la naturaleza y a restarle valor a los mitos, originando un proceso de desmitificación.  Estos grupos comenzaron a buscar lo esencial, no ya en la causa externa a los fenómenos, sino en ellos mismos.  La búsqueda del principio originario de los fenómenos de la naturaleza, fue el primer gran problema que abordaron los diversos autores griegos.  Este principio fue denominado por algunos como arjé.  A pesar de todo la desmitificación no fue completa, algunos de los primeros filósofos mantuvieron elementos de los mitos tradicionales.

Las creencias y el modo de pensar de los pueblos orientales influyeron sobre el pensamiento griego.  Por ejemplo, en la época de Aristóteles se aceptaba comúnmente que las ciencias matemáticas provenían de Egipto y que la astronomía provenía de los maestros babilónicos.  La influencia china e hindú también aparece en los mitos griegos, sobe todo en lo que tiene que ver con el origen y la constitución del mundo.  La cultura griega se desarrolló desde el año 1300 a. de C., y fue conformándose hasta llegar a su esplendor hacia el año 400 a. de C.  Al unificarse con la cultura romana generó en Occidente un poderoso desarrollo intelectual a partir del cual se consolidó la economía, la política y la religión.  La filosofía se convirtió así en la base del desarrollo cultural que guío al mundo en la época antigua y se reconoce en la historia como la época grecorromana.  El nacimiento de la filosofía griega fue el fruto de muchas circunstancias: La ubicación geográfica: la filosofía griega se originó en las colonias portuarias de la costa asiática del mar Egeo, como Efeso y  Mileto; el ambiente cultural: esta ubicación privilegiada favoreció un clima de intercambio no sólo comercial sino intelectual.  Los pueblos griegos pudieron familiarizarse con conocimientos de diversas culturas y cuestionarse su forma de ver el mundo; la organización social: la sociedad estaba organizada alrededor de la polis.  Cada uno de los ciudadanos libres de la polis estaba en capacidad de ejercer sus derechos políticos y, en esta medida, las decisiones eran tomadas con la participación de todos los ciudadanos.

Bibliografía:
VALERO, Carlos Arturo, GALINDO, Luis Eduardo y Otros. Filosofía 10º, Editorial Santillana Siglo XXI, Santafé de Bogotá. Pág. 11 - 15; 2000.

Actividades:
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Con base en la información del texto, responder:
1.    ¿En qué se diferencia la filosofía de la ciencia?
2.    ¿Qué nos permite la filosofía?
3.    ¿Por qué razón podemos afirmar que la filosofía se origina en el asombro?
4.    ¿Qué tipo de saber es más valioso?  ¿Por qué?
5.    ¿Todos los tipos de conocimiento responden de la misma forma a las inquietudes del hombre?  ¿Por qué?